En fin son crímenes de Estado – (Sobre las similitudes entre los asesinatos de Santiago y el de Facundo)

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Al momento del hallazgo del cuerpo ubicado en “Villarino Viejo” el pasado 15 de agosto, algunxs no tardaron en desestimar y rechazar comparaciones entre el caso de Facundo y el de Santiago Maldonado, sea por cinismo, sea por negacionismo o por desentendimiento. De cualquier manera, es claro y obvio que estamos hablando de dos personas distintas y que el contexto y la situación al momento de los hechos fueron diferentes.

Santiago era un anarquista que se encontraba llevando a cabo un acto de solidaridad hacia el Pueblo Mapuche, participando en una manifestación en una ruta nacional. Facundo también se encontraba en una ruta nacional, pero él no se encontraba en una situación similar.

Sin embargo, salvando esas divergencias, nos encontramos con amplias similitudes que ponen en evidencia tanto al aparato represivo del Estado como la opereta armada por el mismo para maniobrar y desconocer su responsabilidad.

En primer lugar, (sosteniendo y respaldando fielmente la hipótesis de la desaparición forzada) ambos casos fueron víctimas de la represión y de un crimen de Estado llevado a cabo por las fuerzas de inseguridad del mismo. En fin, en ambos casos, el Estado es responsable y las fuerzas de inseguridad son el brazo ejecutor (en el caso de Santiago la gendarmería y en el de Facundo la bonaerense).

En segundo lugar, previo a los hallazgos de los cuerpos (tanto en uno como en el otro caso), fueron saltando hipótesis dadas por los medios oficialistas, por jueces y fiscales encubridores y por funcionarios de los gobiernos que se ensañaban en ubicar a las víctimas en lugares que nunca pudieron estar e instalar pistas falsas. Recordemos que de Santiago Maldonado se inventó que estaba en Chile, en Rosario, etc. Con Facundo esta opereta se vuelve a repetir aseverándose que “podría estar en Puerto Madryn” o “que se lo había visto en Bahía Blanca”. En fin, en ambos casos el aparato se aseguró de tirar pescado podrido y confundir a la opinión pública.

En tercer lugar, en ambos casos, ante las certezas de la hipótesis sobre la desaparición forzada y a pesar de haber pruebas contundentes, el elenco de encubridores y victimarios se desvivieron por despreciar y rechazar esa hipótesis. Tanto es así que ambxs Ministrxs de Seguridad de cada caso correspondientes se lanzaron sin titubear a respaldar a sus perros asesinos y a encubrirlos. Así, Patricia Bullrich, aseguró que “no iba a tirar un gendarme por la ventana”. En una especie de mímica a ese discurso, el ministro Sergio Berni declaró que “haber insistido con la hipótesis de la desaparición forzada fue un gran show” y salió a respaldar enérgicamente a lxs policías. En fin, en ambos casos lxs funcionarixs del Estado respaldan y encubren los crímenes de sus fuerzas evidenciándose la complicidad del aparato estatal y los gobiernos de turno.

En cuarto lugar, el trabajo de la justicia se encuentra cubierto de un manto de falseamiento y artimañas para ocultar el accionar ilegal de la yuta. Las desviaciones en la investigación, la negligencia y el encubrimiento se reiteran en ambos hechos. En fin, la justicia actúa como de costumbre como una de las patas del aparato represor y asesino del Estado obstruyendo la búsqueda de verdad y justicia.

En quinto lugar, la prensa oficial contribuye notoriamente en tapar y desfigurar la realidad. Con Santiago, los medios (TN, Clarín, La Nazión, etc) se dedicaron continuamente a reiterar y repetir las teorías del gobierno. Con Facundo, el periodismo (C5N, La Brújula, Página 12, etc.) reprodujo el mismo accionar.  En fin, el aparato mediático hizo ejercicio de las maniobras de encubrimiento y complicidad de los crímenes de Estado volcándose de lleno a su papel funcional.

En sexto lugar, al momento de encontrarse los cuerpos, comenzaron a emanar teorías siniestras y cínicas sobre los hechos que condujeron a las “muertes” (sí, muertes, no asesinatos, así se dijo y se sigue diciendo) de cada uno. Acá las similitudes se hacen más fuertes aún, ya que en ambos casos, funcionarixs, medios de incomunicación, miembrxs del poder judicial y actores mediáticos se dedicaron fervorosamente a instalar la teoría de “ahogamiento”. Es decir, según esta teoría rastrera, tanto Santiago y Facundo habrían muerto por ahogamiento accidental. Así se aseguraron de reproducirlo tanto TN como C5N en sus respectivos momentos.

En séptimo lugar, el camino para la impunidad constantemente busca ser allanado por parte del aparato criminal.

En octavo lugar y por último, en los dos casos se hace resonante la hipocresía del sistema de partidos, gobiernos autoritarios y de sus aduladores que hacen uso político de las víctimas del Estado para maniobrar impunemente en el campo del circo político argentino. Nada nuevo, la hipocresía de siempre.

En fin, mirándose por donde se los mire, ambos son crímenes de Estado. Es decir, si tenemos en cuenta todas estas cuestiones, nos chocamos con la impunidad, la violencia y el terrorismo del aparato represivo estatal con todxs sus componentes operando al son y sincronizadamente. Una organización criminal emanada del Estado.

Gobernantes, funcionarixs, fuerzas federales y provinciales, periodistas, jueces, fiscales, abogadxs y empresarixs el elenco completo de la maquinaria criminal del Estado que guarda y mantiene vigente los mecanismos de represión. Porque gobierne quien gobierne, mientras haya Estado habrá represión y opresión.


By Jere.

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