Messi una leprosa pulga Anarquista – (Rosarina y Catalana)

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Lionel Messi nunca le interesó (y menos aún le interesará) la gloria, eso de “conquistar el mundo”; ideas que se estructuran con la fuerza del conductismo y se absorben como esponjas cerebrales del perro de Pavlov, en la cabeza de los jugadores de fútbol cuando apenas tienen fuerza para patear la pelota. Menos aún ha querido nunca superar a D10S o mejor dicho a D1egoTe. Siempre rechazó todo instinto épico, esa epidemia vendida y exportada al día de hoy desde la antigua Grecia, a pesar que dicha cuestión ya la había resuelto Homero matando al mejor de sus personajes, para evidenciarnos que de nada sirve semejante demagogia. A Lio le da igual salir campeón, tercero, ser el número uno, el mejor, el segundo o el último. Por eso es íntegro. No quiere ser rey de reyes, ni emperador, ni dueño o propietario del planeta. Tampoco quiere manejar dinero, por eso todos los que lo rodean se dedican a emprender negocios turbios alrededor de los despreciables dólares que le pagan por jugar al fútbol. Para él el fútbol es un arte, una labor, está en contra de que siquiera alguien por un minuto hable de “trabajo”. Messi sabe que Trabajo es aquello con lo que torturan a las clases desprivilegiadas a cambio de un salario para pagar sus alimentos, haciéndoles creer que los dignifica. Por eso Messi escupe la moneda de intercambio que le otorgan por su supuesto TRABAJO. Y para él el fútbol no es justamente eso, porque si no le pagaran él seguiría jugando igual, no así se prestaría a entregar su fuerza de producción de forma gratuita a un Banco, o a una oficina del ANSES. Quizás le gustaría salir campeón de alguna Copa del Mundo, pero no mataría a nadie por un simple deseo individual.

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Messi es Anarquista, no le gusta ni necesita que le adulen el ego, ni la masturbación narcisista: sólo le apacienta el hacer, y su bandera es la práctica, no un mero trapo celeste y blanco que izaron por primera vez a orillas del río que lo vio nacer, y en el que su madre nunca lo sumergió del talón para obtener protección divina. Messi tiene aura de equipo, no es autoritarista, no es autonomista, personalista ni egoísta. No exhorta de un director técnico gobernando desde un banco, como berrean los rebaños obedientes de ovejas, para poder hacer que un equipo juegue bien al fútbol, como los anarquistas no necesitamos un Estado para instaurar el comunismo libertario. A Messi no le incumbe la magnificencia, menos aún la toma del poder. Sabe que los poderosos necesitan la estima aún de los débiles y sus debidas instancias de reconocimiento: por eso él decide que no saldrá del vestuario para ir a recibir un premio y alimentar su renombre, dando al mismo tiempo fama a corrompidos cerdos patéticos de traje que viven del esfuerzo ajeno. Menos aún le daría la mano a Bolsonaro, sin el menor cuestionamiento, como los planteles completos de Brasil y Perú, por el solo hecho de quedar bien con el diablo. Messi no quiere gobernar ni ser gobernado.

Porque Ni Dios Ni Amo.

Los “enemigos” de Messi, aunque personalmente él cree no tener ninguno, no son los demás futbolistas con camisetas de naciones distintas, sus “enemigos” están en el banco de la selección, en las oficinas de las burocracias sindicales de la AFA, los perros a la orden de la mierda estatal en lo que a fútbol argentino se refiere. Messi entiende que sus “rivales” al tiempo que juega en un seleccionado, son en verdad sus camaradas, ya sea cuando se enfrenta a aquellos que juegan con él en Cataluña, como los que jugarán siempre en su contra blandiendo el estandarte de cualquier otro equipo de club. Messi no es el típico nacionalista xenófobo, porque a los 14 años, entendió que fueron españoles (catalanes) y no argentinos, los que apostaron por sanar sus piernas y por su deseo eterno de niño de una vida entera jugando al fútbol.

Messi no cantaba el himno, no “siente” la “camiseta” ni los “colores celestes y blancos” como dicen, porque entiende lo que alguna vez dijo Einstein que el “nacionalismo es una enfermedad infantil, es el sarampión de la humanidad”, y ahora lo canta para mofarse de quienes se lo exigían. Reinterpreta también las palabras de Schopenhauer “todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad” en “todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse por las victorias de tal o cual equipo de fútbol al que pertenece por casualidad”, por eso no quiere que le rompan las pelotas, ni ser causal de felicidad en la vida de alienados que anestesian con un simple juego a este sistema de la supervivencia del más apto.

Messi nunca será policía, y menos aún árbitro de fútbol, entiende que esta estirpe de energúmenos son los cobani del Estado Capitalista Mundial confinada a la FIFA, las fuerzas del orden de los aparatos estatales e internacionales aplicados al fútbol. Desclasados con amnesia inducida, que no distinguen ni de raza ni color, excepto los intereses de cada confederación a que responden. Y Messi los señala, aún cuando, complotan para expulsarlo de la cancha a la primera de cambio: “nosotros no tenemos que ser parte de esta corrupción”. Y es cierto, si hay algo que bien hacemos lxs anarquistas, es no ser parte de toda esta corrupción. El diez entiende que todas esas estructuras de poder e instituciones son formas de educar desde la más temprana edad en una obediencia servil a lo establecido. Sabe que la figura del árbitro es la primera instancia pedagógica de deliberación de poder dentro de una cancha; pero en su potrero anarcocolectivista se jugaba al fútbol sin referí, sin director técnico, sin presidente de la AFA, de la FIFA, sin presidente de la República Argentina… porque, ¿qué carajo importaba quien era el perro domesticado postrado sobre el sillón de Rivadavia, mientras él hacía un gol? Todo eso eran instancias de las que el fútbol tranquilamente podía prescindir, como incluso muchas veces ellos prescindían de arcos bien armados, porque esas instancias de adoctrinamiento nunca fueron del deporte, han nacido como producto del deseo de la reproducción inconsciente en la conciencia popular de la voluntad de poder, para luego usarla contra el pueblo mismo. Y Messi no es boludo, y desde chico supo darse cuenta. Pero hasta hoy, callaba.

Porque ni Dios ni Patria ni Policía ni Árbitros ni estructuras implícitas de la voluntad de poder.

Messi no es argentino, es un Anarquista individualista (por momentos de tendencia colectivista) rosarino y catalán: quizás de los mejores.

Messi no es Dios ni D1OS, es como un cristo, como un Jesús de los suburbios de anarquismo tolstoiano.

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Messi no es Maradona, porque éste último no era más que un marxista leninista autoritario de dudosa procedencia.Por eso lo condenan, lo hostigan, lo ningunean. MESSI ES ANARQUISTA, por eso no le otorgarán el beneficio del VAR, por eso expulsan sin razón y sin sentido (como los troskis acusando a anarcos de ser infiltrados) a uno de los seres más pacíficos del universo, incapaz de terminar con la existencia de un insecto. No quiere ser ni héroe ni mártir, porque la vida vale más que mil glorias que se pagan con la muerte: y eso muy bien lo entendió de Aquiles. A MESSI LO EXPULSAN de la cancha y le cortan las piernas y ENCABEZA UNA REVOLUCIÓN EN LA FIFA: una revuelta anarquista, la que comenzó aquella vez que vistió por vez primera la rojinegra en Rosario, una revolución del ejemplo de cómo ser auténticamente HUMANO. Una revolución que empieza en lo simple y llega hasta lo macro. Los problemas del fútbol son los mismos problemas que los de la política. ¿Quién tendrá la suficiente integridad ética y podrá decir siquiera nada en contra de Lionel Messi? ¿Quién tendrá la cara para poder echarle la culpa de todo lo que sucede en este mundo a un/x y en algo tan estúpido e insignificante como el fútbol, a un Anarquista?

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