MAYDAY – Acto 1° de Mayo (A)narquista en Casa Golondrina, Biblioteca Libertaria “Vicente Beltrán”, Bahía Blanca.

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narquía: qué palabra… hermosa. Recuerdo la primera vez que a los 12 o 13 años la busqué en el diccionario. Y no es que no sabía nada del anarquismo o de l@s anarquistas porque ya estaba al tanto de las pintadas que las calles me revelaban. ¿Pero qué era la anarquía? ¿Qué era el anarquismo? Anarquía, palabra enigmática, inmensa, que aparecía en cada libro, en cada hecho histórico, en cada gran acontecimiento de la humanidad; siempre había anarquistas.
Anarquistas… ¿somos todos anarquistas acá? No importa, no hay que autoproclamarse anarquista para ser anarquista. O al menos para tener una práctica anarquista. Anarquistas… siempre y en todos lados, como han dicho alguna vez, somos pocos: pero los suficientes. Anarquistas… en la Comuna de París, en la Revolución Rusa, en los Estados Unidos de los mártires de Chicago y su conquista de la jornada de las 8 horas, en la Guerra Civil española, en el nacimiento de las luchas antipatriarcales y de la emancipación de la mujer, en el auge de los sindicatos… anarquistas en cada lucha y cada centímetro ganado a la tiranía del capital que nace, según Bakunin, en el Imperio Romano. Anarquía, anarquistas… palabras femeninas, aglutinantes, polisémicas, no me pone en la obligación de referenciar géneros porque ya todo lo incluye.
Anarquistas en Argentina… donde el movimiento alcanzó dimensiones comparables a España, Estados Unidos y Francia. En la FORA, ¡INCREÍBLE! HABÍA ANARQUISTAS Y ESTABAN ORGULLOS(A)S DE SERLO, (HOY NO TANTO), esconden un poco eso del anarquismo… anarquistas en todas esas semanas que ciertos historiadores burgueses y progres etiquetan con lindos títulos como Semana roja, Patagonia trágica, Semana trágica; como si la palabra “tragedia” o “semana” fueran representativas de las luchas y de la acción directa, que las y los anarquistas llevaban hasta las últimas consecuencias, porque no se quedaban con ese engaño de “apropiémonos del Estado y volvámoslo socialista”, y luego lo superaremos.
ANARQUISTAS… LOS DE AYER Y LOS DE SIEMPRE. Hace un tiempo leí en Revista Sudestada un ensayo que hablaba sobre “el nuevo anarquismo”: basura y tergiversación posmo. No sabía que había un “nuevo” anarquismo, o sea que también ¿hay un “viejo” anarquismo? Y yo que pensaba que el anarquismo era el de siempre. ¡¡Es el de siempre, es el de hace 150 años, sigue vivo, latente, encendido!! Siempre hubo y habrá anarquistas, y hay anarquistas en el EZLN en Chiapas, en la lucha de Siria, entre los chalecos amarillos de Francia, en la resistencia de los Pueblos Originarios latinoamericanos, en la guerra de acción directa y molotovs que los compañer@s de Chile le han declarado al Estado, e incluso Santiago Maldonado ES, y no digo era, ¡digo ES! ANARQUISTA. Que no vengan los troskos electoralistas ni los peracas a contarnos quién era Santiago Maldonado. Tampoco, y con el dolor de la aclaración, su hermano, que no hace más que construir el setentismo del oportunismo peronista. Y menos aún que vengan a querernos revelar, quiénes han sido, son y somos l@s anarquistas.
En Bahía Blanca hay anarquistas, en la capital del fascismo del sur, hay necesariamente y muy necesariamente anarquistas. Entre los obreros fusilados en 1907 durante las huelgas portuarias de Ingeniero White, en su mayoría eran anarquistas. En los inicios de la cooperativa bajo gestión obrera, INCOB, hubo anarquistas. La reciente e histórica toma del Instituto Avanza, en esta funesta ciudad, fue impulsada y encabezada por anarquistas. ¿Se dan cuenta que no hay un nuevo o viejo anarquismo? Hasta un premio nobel de medicina, en su juventud había sido activista anarquista en esta ciudad. Cuentan que sobreviven dos bibliotecas anarquistas autogestivas en Bahía Blanca, que hay anarquistas obreros, libreros, educadores, artistas, anarquistas que enarbolan las luchas ambientales y de la emancipación animal, activistas antipatriarcales no reformistas, anarquistas que fabrican libros con sus propias manos, oficiando el viejo trabajo de imprenta y el actual de la serigrafía, que aún siguen difundiendo la idea en publicaciones de papel, anarquistas que se dedican a la conservación de la cultura, y sobre todo del legado del (A)NARQUISMO. Dicen que muchos de esos anarquistas están hoy acá.
L(A)S anarquistas, somos muchos más de lo que creemos… pero nos conocemos poco. En tiempos de la eterna posmodernidad, en que el capitalismo hegemónico busca, por un lado, reproducirnos en masa y en serie cual mercancías, y por otro, diversificar la individualidad como sectores y nichos de mercado, las diferentes tendencias anarquistas o los distintos tipos de práctica libertaria deben dejar de lado esa lógica burguesa/progre/neoliberalista/socialdemócrata/marxistaelectoralistaautoritaria, y mirar un poco más hacia pasado; seguir consolidando eso que siempre llamamos (A)NARQUISMO, que no está muerto, que no es viejo, sino siempre joven, porque es VANGUARDIA (no vanguardia reveladora o de pastores que enseñan una aparente verdad universal que unos pocos ven) sino vanguardia en los términos artísticos de la palabra: vanguardia creativa. Volver a esa idea, que ha sido y es simple y concreta: NI DIOS NI PATRIA NI AMO. Y que es todo menos una utopía. Porque cuando queremos podemos vivir la anarquía, de forma colectiva como deseaban Bakunin, Kropotkin, Malatesta, Emma Goldman y Tolstoi, o de forma individual como querían Stirner, Armand, Godwin o Thoreau. ¿Tenemos hoy policía entre nosotros para orientar nuestras voluntades? ¿Necesitamos al Estado para organizar este acto y llevar adelante ésta biblioteca? ¿Pueden los marxistas autoritarios una tarde cualquiera vivir la “dictadura del proletariado”? ¿Pueden los troskis vivir su intachable “troskía”? Seguro, en caso que la troskía sean meras pendejadas lúmpenes y milenials, que no es más que lo que de verdad hacen. Ya lo dijo su ídolo del movimiento francés, que no servían nada más que drogarse y tener sexo de ritual de iniciación intrasectario. ¿Pueden los pequeños burgueses vivir “el sueño americano” que envidian a los ricos, aquellos a quienes sustentan con su sangre y sudor hace años, y sólo les limpian el culo desde abajo? ¿Quiénes somos l@s ingenuos a fin de cuentas?
Anarquía… anarquistas: qué palabras hermosas. Menos mal que cuando tenía un diccionario a mano a los 12 años y busqué la palabra, ya era en cierto modo anarquista, y no me quedé con la acotada y malintencionada perspectiva que se daba de ella en esas funestas páginas, porque lo que menos hace ese órgano académico estatal del lenguaje es definir siquiera el más mínimo sentido de nuestra idea. Seguí alimentando mi curisidad, seguí buscándola entre líneas. El anarquismo no es utópico porque es una praxis, un hacer, una exaltación de la experiencia, una filosofía de vida, y como toda práctica  atravesada por la creatividad, apoyo mutuo de por medio, vive una constante mutación vertiginosa.
¡Viva la anarquía!
¡Vivan los Mártires de Chicago!
¡Y todxs lxs caídos luchando por ella!

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