París era un fiesta, de E. Hemingway: las vanguardias, la bohemia y la estetización de una vida libertaria – (Ensayo)

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“If you are lucky enough to have lived in Paris as a young man, then wherever you go for the rest of your life it stays with you, for Paris is a moveable feast”.

París era una fiestaErnest Hemingway.

 

París era una fiesta, de Hemingway: La estetización de una vida libertaria. Continuidades y rupturas con El spleen de París, la figura del flaneur y el dandismo baudelaireano

 

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tendiendo a las rupturas y continuidades entre El spleen de París de Baudelaire, y París era una fiesta de Ernest Hemingway, es preciso citar al poeta maldito francés en Fusées respecto a sus vaticinios sobre el futuro: “El mundo se va a acabar… demando a todo hombre que piensa que me muestre lo que subsiste de la vida… ¿Tengo necesidad de decir que lo poco que quedará de la política se debatirá penosamente en la opresión de la animalidad general y que los gobernantes serán forzados, para mantenerse y crear un fantasma de orden, a recurrir a medios que estremecerán nuestra humanidad actual, que es sin embargo tan avezada?… Esta época está, quizás muy próxima”. Es en esta “época muy próxima” en que se encuentra Hemingway en la bohemia de París de 1922 de la inmediata posguerra y en la gestación del umbral de la Segunda Guerra Mundial. Las predicciones de Baudelaire, se habían cumplido y la humanidad había asistido al show del horror de la guerra del ’14, y el propio Hemingway tuvo su asiento en uno de los palcos del trauma tras servir como ambulanciero en el conflicto.Paris cafeEl panorama inicial de esa París de entreguerras del siglo XX, puede ser el de la misma pintada por Baudelaire a fines del XIX y la del tedio metafísico, e incluso la apertura de la novela de Hemingway tiene algo de eso: “Para colmo, el mal tiempo”. El escritor no es ingenuo respecto a la situación, pero hará de la bohemia de París un intento de reivindicación de esas vías baudelaireanas de esperanza con el objetivo de poder afrontar de manera plena la existencia. Los medios y las herramientas para sobrevivir pueden ser los mismos que los del francés, pero con una diferencia radical de perspectiva: en Hemingway podemos preguntarnos, “quién va a venir a hablarnos del envilecimiento de corazones y un mundo que va a sucumbir, tras la experiencia de la guerra”, y luego la cuestión será entonces ¿qué podemos hacer para sobrellevar esa situación? Y la respuesta inmediata será no una estetización de la vida como en Baudelaire y su figura del dandy, sino una apoteosis de la vida en términos hedonistas. La duda radical que aflora en estos tiempos será, ¿tiene sentido empeñar una existencia en la lucha por grandes y nobles causas tras la experiencia de la guerra? Y la respuesta inmediata puede ser muy a lo Miss Stein cuando le dice a Ernest: “Todos vosotros sois una generación perdida”.ParisSeguramente en este punto Benjamin, pueda reprocharle a Hemingway al igual que a Baudelaire, cuando decía “La facultad de entrever en estas multitudes sojuzgadas núcleos de resistencia –núcleos que forman las masas revolucionarias del cuarenta y ocho y los partidarios de la Comuna- no estaba destinada a Baudelaire. La desesperanza fue el precio de esta sensibilidad”[1], una cierta falta de compromiso con las causas sociales; pero no podrá reprocharle en absoluto la “desesperanza”. La sensibilidad del escritor norteamericano está atravesada ante todo por una desesperada esperanza, y esta se ve traducida a todos los niveles de la existencia. Por otra parte la ruptura con la perspectiva ciertamente pesimista propia del poeta maldito, está dada desde el comienzo, por la contraposición de “el tedio o la melancolía de París”, contra el “París era una fiesta”. Esa nueva París de las vanguardias será una ciudad a la altura de los sueños, caprichos y hedonismos de Hemingway.

Pensando nuevamente en continuidades ineludibles en la prosa del francés y el norteamericano, debemos destacar la presencia en París era una fiesta de rasgos característicos del ojo cinematográfico del flaneur, así como muchos de los aspectos más destacados que hacen al dandy-artista baudelaireano (aunque no podemos asegurar que Hemingway pueda pensarse dentro del dandismo, ya que sería anacrónico). En estos tiempos de posguerra, la creciente desconfianza frente a todo y la inquietud, acompañaron a los hombres y mujeres de manera opuesta y paralela al crecimiento económico y la prosperidad. Muchos artistas optaron por el aislamiento, el exilio interior o real frente a circunstancias que consideraban poco propicias. El aislamiento y exilio de Ernest Hemingway fue tanto metafórico como real. La faceta del flaneur dentro de su novela es producto de ese exilio interior, de ese habitar un lugar del que es ajeno pero siente como propio. Pero ese aislamiento no debe considerarse tampoco en términos de diferencia o evasión, sino en la manifestación de desencanto de toda una generación, “la generación perdida”. Inclusive en Hemingway no podemos hablar de descompromiso total, porque en el 36’ irá a colaborar como voluntario a España en la ocasión de la guerra civil contra el avance del fascismo. Pero los tiempos de las vanguardias del ’20 son para Hemingway, los tiempos del renacer de las vías de esperanza baudelaireanas: el arte, el amor, el sexo, la fusión con los marginados, y los paraísos artificiales. En el joven escritor naciente serán clave el buen beber, el alcohol, el placer gastronómico, las galerías, los hipódromos, los deportes, los círculos artísticos y bohemios, la escritura a la vez que se está viviendo. Si el poeta maldito funciona como una protovanguardia, en Hemingway estamos frente al auge de l’avant-garde propiamente dicho, y el pensar al arte como una extensión de la vida, tendrá fuerza imperativa: “Pero en mi cuento los amigos bebían unas copas y me entró sed y pedí un ron Saint James. Sabía a maravilla con aquel frío y seguí escribiendo, sintiéndome muy bien y sintiendo que el buen ron de la Martinica me corría, cálido, por el cuerpo y el espíritu”[2]

bar hemingway hotel ritz

Bar Hemingway en el Hotel Ritz de París

Entre tantas prolongaciones fundamentales se evidencia el posicionamiento que tendrá el norteamericano para con el dinero, al igual que lo que sucedía con el espíritu del dandy, el propósito y razón de ser de la generación perdida no será la acumulación; lo que se gana se suelta o se invierte en el vivir el momento, se trata de alcanzar una vivencia efímera y plena. La conciencia de lo efímero y la exaltación del valor del día a día, del carpe diem, puede pensarse como aprendizaje o experiencia de la guerra, y ya no como en Baudelaire producto de la conciencia de la modernidad, como declaró el Nobel alguna vez, “Cuando uno se va a la guerra como joven, tiene una gran ilusión de inmortalidad. Son las otras personas las que mueren, no te ocurre a ti… entonces, al estar gravemente herido por primera vez, uno pierde esta ilusión y sabe que le puede pasar a uno mismo”. Asegurará también Hemingway “Fui muy pobre y muy feliz”, y será su novela un lienzo en que se desplegarán algunas vivencias cercanas a ciertas carencias e incluso a la

Ernest and Hadley

Hadley y Hemingway

lucha contra el hambre. Y acá nos encontramos frente a cierta actitud baudelaireana de equilibrio entre hedonismo y estoicismo. La vida de Hemingway puede concebirse en los términos bohemios de la existencia, a pesar que algunos críticos lo acusan de haber exagerado su situación de pobreza, ya que anualmente cobraba una pensión, cierto dinero de una herencia y a su vez era remunerado por su trabajo como periodista o por alguna publicación esporádica en revistas literarias. “Mentirá, al menos en la primera parte de la frase. Hemingway aprovecha literariamente el narcisismo de la miseria (…) La preocupación por las finanzas, los medios de subsistencia, es una obsesión en estas páginas. Exagera. Pero la lucha por la vida, mientras centenares de expatriados malvivían en la orilla izquierda y el Barrio Latino queda bien, induce a la piedad, invita al aplauso”[4]. Pero más allá de la saña de la crítica, o del confiar en las experiencias narradas por el autor desde sus propias palabras dirigidas a sus padres en una carta “Sabéis que he nacido para disfrutar de la vida pero Dios se olvidó del dinero” o su principio “Lo único que tienes que hacer es escribir una frase verídica. Escribe una frase tan verídica como puedas”, la estética del nobel será la de una férrea subsistencia y búsqueda, en pos de chocarse en la esquina más imprevista con la repentina felicidad. “Comiendo las ostras con su fuerte sabor a mar y su deje metálico que el vino blanco fresco limpiaba (…), dejé atrás la sensación de vacío y empecé a ser feliz y hacer planes. Ya que el mal tiempo había llegado, nos convenía cambiar un poco París por un lugar donde aquella lluvia fuera nieve cayendo entre pinos y cubriendo la carretera y las laderas empinadas (…). –Me parece muy buena idea Tatie, dijo mi mujer. (…) ¿Cuándo nos marchamos? –Cuando quieras”[5].Shakespeare 2

Hemingway, Sylvia y amigas.

El flaneur de París era una fiesta, al igual que el de El spleen de París, frecuenta tanto los altos sectores de la sociedad como los bajos, así como también obtiene placer de una oscilación constante entre ciertos lujos y la pobreza y lo marginal. Del hipódromo al boxeo, de la casa de Gertrude Stein que parecía la sala de un museo a la pequeña habitación calentada con trinchetas de carbón, de la librería Shakespeare and Company de Sylvia Beach, a los puestos de libros callejeros en los que “Tatie” también tenía una amiga que vendía libros, del comer ostras y beber buen ron a pasar hambre y desear la invitación a cenar de alguno de sus amigos, del hipódromo a los cuadriláteros de boxeo. “Lo malo contra la lucha con la pobreza es que el único modo de ganarla es no gastar. Y los que menos pueden olvidar esto son los que piensan en ahorrar en trajes para comprar cuadros. Claro queHemingway nosotros no nos veíamos clasificados en la categoría de pobres. No queríamos aceptar la clasificación. Nos creíamos superiores, y en la clase de los ricos contábamos solo a ciertas personas que despreciábamos y mirábamos con justa desconfianza. Para mí era la cosa más natural del mundo llevar el chandail de boxeador para calentarme. Las cuestiones de elegancia eran memeces de ricos. Nosotros comíamos bien y barato, y bebíamos bien y barato, y juntos dormíamos bien y con calor, y nos queríamos”[6]. Al igual que el dandy-artista baudelaireano, la vida bohemia de la pareja americana en París, transcurría con sus propias normativas sociales, y de alguna manera estaban despreciando al igual que el maldito la tradición, no se creían ni marginados sociales, ni miembros de la burguesía ni la aristocracia, estaban por encima, eran casi un nuevo sector social regidos por cierta anarquía libertaria en la que tomaban sus propias decisiones. Una suerte de superhombre nietzscheano sobre el que se debía construir la nueva sensibilidad y espíritu humano, preocupados por el buen vivir y los placeres, pero también con cierta conciencia sobre el mundo y despreciando los lujos.

Por último una continuidad digna de ser esbozada será la que respecta al tratamiento del lenguaje del autor francés, desde la perspectiva del pensar un nuevo público, y el abandono del lenguaje elevado por uno ahora vulgar y más “moderno”, y lo propio que sucede en la escritura de Hemingway respecto a esta circunstancia y a lo que Stein define como inaccrochable. “—Es bueno —dijo—, eso no se discute. Pero es inaccrochable, no se puede colgar. Quiero decir que es como un pintor que pinta un cuadro y luego cuando hace una exposición no puede colgarlo en público y nadie se lo va a comprar porque tampoco pueden colgarlo en una habitación. (…) Uno no debe escribir nada que sea inaccrochable. No se saca nada con hacer eso. Es una acción mala y tonta”[7]. Paradójicamente una de las razones del éxito de la literatura hemingwayeana fue hacer de lo inaccrochable una bandera, un rumbo y aliciente. Responde el joven Hemingway a Stein: —¿Pero no piensa usted que tal vez no sea indecente, que uno pretende sólo emplear las palabras que los personajes emplearían en la realidad? ¿Que hacen falta esas palabras para que el cuento suene a verdadero, y no hay más remedio que emplearlas? Son necesarias”[8]. La razón de ser del éxito literario de Baudelaire y de Hemingway descansa sobre el espíritu libertario con el que se vinculan con la realidad de su tiempo, generando pequeños sectores de resistencia o vías de esperanza que van más allá de la matriz establecida por lo hegemónico y la tradición, y de las posibilidades ya pensadas para afrontar esa matriz desde una perspectiva contra-hegemónica que finalmente también se ha vuelto la norma y por lo tanto pierde vigencia para romper con lo dado.

Ernest and Hadley 2

Ernest y Elizabeth Hadley

Referencias bibliográficas:

[1] Benjamin, Walter; “Notas sobre los cuadros parisinos de Baudelaire”.

[2] Hemingway, Ernest; “Un buen café en la place Saint-Michel” en París era una fiesta.

[3] Baudelaire, Charles; “En cualquier parte, fuera del mundo” en El spleen de París.

[4] Leguineche, Manuel; Prólogo a París era una fiesta.

[5] Hemingway, Ernest; “Miss Stein da enseñanzas” en París era una fiesta.

[6] Hemingway, Ernest; “Una falsa primavera” en París era una fiesta.

[7] Hemingway, Ernest; “Miss Stein da enseñanzas” en París era una fiesta.

[8] Hemingway, Ernest; “Miss Stein da enseñanzas” en París era una fiesta.


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By Augusto Morelli– (F.M.)

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