Mi nombre es nadie: Borges y la ceguera, reflexiones a partir de su conferencia de 1977 – (Ensayo)

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“-¡Cíclope! Preguntas cual es mi nombre ilustre y voy a decírtelo pero dame el presente de hospitalidad que me has prometido. Mi nombre es Nadie; y Nadie me llaman mi madre, mi padre y mis compañeros todos”.

La Odisea – Homero.

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uchos son los temas que el escritor argentino Jorge Luis Borges aborda a lo largo de toda su obra, sin embargo, el más representativo tal vez, para el “ojo popular”, es el de la ceguera.  Pero, ¿por qué decimos que ese tema en particular es el más representativo para el imaginario colectivo? El propio Borges responde a esa pregunta al iniciar una de sus tantas conferencias en el teatro Coliseo de Buenos Aires en los meses de junio y julio de 1977. Borges dice:

“En el decurso de mis muchas, de mis demasiadas conferencias, he observado que se prefiere lo personal a lo general, lo concreto a lo abstracto. Por consiguiente, empezaré refiriéndome a mi modesta ceguera personal”.

Borges

Sin saber si Borges está postulando un análisis sobre el arte y su recepción, y lejos de afirmarlo, parecería que aquí radica la razón por la cual la ceguera es, de todos sus temas, el más representativo.

Dice Gamerro sobre La Cautiva: “Echeverría quiere sentir el paisaje desde la sensibilidad del caminante romántico que recorre la Lakes Region de levita y bastón, y por eso sus reflexiones suenan más a algo que leyó en Hugo o Byron y le pareció que venía de perlas para su pictórica descripción.”

Siguiendo esta línea de lectura podríamos decir entonces que el hecho de que Borges haya experimentado la ceguera en carne propia hace que sus textos sobre éste tema tengan una carga extra ante un lector que prefiere lo “personal y concreto”.

Pero a pesar de dar inicio a su conferencia con esas palabras, fiel a su estilo, Borges nos va introduciendo en su laberinto de posibles interpretaciones donde toda su obra comienza a aparecer frente a nosotros. La ceguera es el tema principal de la conferencia, sí, pero hay otro tema con el que Borges juega constantemente.

Dice Borges refiriéndose a su Poema de los dones:

“Imaginé autor del poema a Groussac, porque Groussac fue también director de la Biblioteca y también ciego. Groussac fue más valiente que yo; guardó silencio. Pero pensé que, sin duda, había instantes en que nuestras vidas coincidían, ya que los dos habíamos llegado a la ceguera y los dos amábamos los libros.”

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Ésta coincidencia que marca el autor (también nombrando a José Mármol, Homero, y muchos otros) pone de manifiesto esa idea borgeana de “pérdida de identidad personal”, idea central en toda su narrativa y de la cual no escapa (ni siquiera) la ceguera.

“No sé cuál es la cara que me mira
cuando miro la cara del espejo;
no sé qué anciano acecha en su reflejo
con silenciosa y ya cansada ira”.

En éste fragmento del poema Un ciego la ceguera aparece como reflejo de esa impersonalidad, incluso el nombre del poema es impreciso, puede ser Borges u Homero, puede ser cualquiera, pueden ser todos los ciegos.

Es en este contexto que Borges, a pesar de aclarar que conoce la preferencia de lo personal por sobre lo general y de lo concreto por sobre lo abstracto, nos lleva de uno a otro sin que lo notemos, como si jugara con nosotros, como si toda la conferencia fuera uno de sus cuentos, nos atrapa con su ceguera y desde ahí nos lleva a cualquier parte.

Dice Ricardo Piglia:

“Quizá la mayor enseñanza de Borges sea la certeza de que la ficción no depende solo de quien la construye sino también de quien la lee. La ficción es también una posición del intérprete. No todo es ficción (Borges no es Derrida, no es Paul de Man), pero todo puede ser leído como ficción. Lo borgeano (si eso existe) es la capacidad de leer todo como ficción y de creer en su poder. La ficción como una teoría de la lectura”.

La ceguera, el lector y la impersonalidad, Borges dice todo cuando dice algo, teje el hilo invisible que llena los intersticios, que une la ficción con la realidad, y tal vez, como dice Piglia, su genialidad radique en que, al final de pensar a Borges y su obra, parezca que él nos está inventando a nosotros.


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By Tom Sawyer – (T.G.)

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