Informe sobre ciegos: Ernesto Sabato, Existencialismo, surrealismo, anarquismo – (Ensayo)

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La crítica tradicional frente a la literatura de Sabato: Crónicas de Informes escritos por los ciegos

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“Living is easy with eyes closed Misunderstanding all you see”.

John Lennon “Strawberry Fields Forever”.

 

Letra ee

n su texto “Enfrentamiento con la realidad: informe sobre ciegos”, incluido en Luces y sombras: El ciego en la literatura hispánica, Juan Carlos Mendizábal esboza una suerte ensayo crítico o estudio literario sobre la aclamada obra de Ernesto Sabato Informe sobre ciegos, incluida en Sobre héroes y tumbas (1961), el eslabón intermedio de una formidable trilogía que abre su telón en El túnel (1948) y culmina en Abaddón el exterminador (1974). Esta novela bisagra en cuestión (que publicaría un consagrado Sabato en sus flamantes 50 años) ha sido considerada a su tiempo la mejor novela de la literatura argentina del siglo XX, y una de las mejores de la literatura hispánica y latinoamericana del mismo siglo; catapultando definitivamente al literato argentino, que alguna vez renunció violentamente a la ciencia, hacia la trascendencia a nivel mundial y a ser premiado con el Cervantes de 1984: trascendencia que había comenzado con los elogios de Albert Camus o Thomas Mann por su trabajo esgrimido en El túnel.

El análisis crítico de Mendizábal (si por momentos arroja alguna particular luz sobre el texto de Sabato), por lo general abunda en una harta meseta o llanura de lecturas lineales simplemente de lo que está dicho y de lo obvio, sin arriesgar la intención de penetrar en el mundo sabatiano en busca de por lo menos alguna compleja respuesta a todas las complejas preguntas que el maestro despliega sobre su obra, producto ésta de un genio casi infernal. Las relecturas de Mendizábal por momentos parecieran ser el reflejo de esas penumbras infranqueables del mundo de los ciegos. No es novedad ya, para quienes sentimos una especial fascinación por la literatura sabatiana, el hecho de que pocos críticos, literatos o académicos, leen y han leído a Sabato desde donde verdaderamente sería más fructífero hacerlo: el existencialismo, el anarquismo, el surrealismo, el platonismo, el expresionismo y sus contactos con las vanguardias en tanto arte inescindido de la vida. Es menester destacar que el estudio anteriormente mencionado y que aquí se analiza no sólo se aboca íntegramente a Informe sobre ciegos, sino que también hace paralelismos con El Lazarillo de Tormes, lo cual puede disminuir el desatino de no tratar íntegramente cuestiones fundamentales de la obra de Sabato, y a la vez puede ser igualmente condenable la comparativa por el hecho de desperdiciar una obra tan altísima en fondo y contenido. Pero no seamos tan duros con Mendizábal ya que nos sería imposible concebir la idea de una Crítica Total, no así la idea de Novela Total, noción que el propio Sabato esboza en El escritor y sus fantasmas (y que logra llevar a la práctica en Sobre héroes y tumbas): “LA NOVELA TOTAL. La filosofía, por sí misma, es incapaz de realizar la síntesis del hombre disgregado: a lo más puede entenderla y recomendarla. La auténtica rebelión y la verdadera síntesis no podía provenir sino de aquella actividad del espíritu que nunca separó lo inseparable: la novela”[1]

Para Sabato desde una concepción existencialista, la novela no debe abandonarse a la pura objetividad de la ciencia, ni a la mera subjetividad del hombre, sino alcanzar “una síntesis entre el yo y el mundo, entre conciencia e inconsciencia, entre sensibilidad e intelecto”, en fin lograr una superación de esa dualidad propuesta por Platón del mundo de la ideas (interior) y el mundo sensible (exterior) que dio origen a todas las dualidades posteriores que se presentarían (quizás por malas interpretaciones de la propia filosofía platónica) a priori irreconciliables: cuerpo-alma, belleza-fealdad, cielo-infierno, Dios-Satán, luz-oscuridad. Sabato retomando a Platón y quizás discutiendo a través de lo literario con él, se propone la fusión de todos esos elementos que parecerían enemigos eternos, y también desde su formación surrealista, y poniendo en jaque la exaltación de la razón y del racionalismo (corriente derivada del platonismo y originada en Descartes) como verdad absoluta, una conclusión propia de lo que él denomina como el hombre abstracto. “El racionalismo pretendió escindir las diferentes “partes” del alma: la razón, la emoción y la voluntad; y una vez cometida la brutal división pretendió que el conocimiento sólo podía obtenerse por medio de la razón pura”.

Ernesto Sabato 1

Don Ernesto (o quizás Fernando Vidal Olmos) en Informe sobre ciegos, satiriza la lógica y la dualidad platónica y la invierte. Retomando el platonismo pareciéramos estar frente a la inversión de la Alegoría de la caverna, relato en que dentro de las penumbras de la misma son representadas las apariencias y una falsa realidad, mientras que en el exterior, para el griego habita lo real, el sol, la idea última del bien, el auténtico conocimiento, una suerte de verdad absoluta: doctrina que no debe sorprendernos posteriormente se haya apropiado el cristianismo para hacer de las suyas. Sabato movido por el surrealismo (es menester recordar su contacto en Europa con figuras de la talla de Bretón, Tzara o el artista Domínguez) condena la razón burguesa y su hipocresía moral: “los románticos ya habían opuesto la poesía a la razón, del mismo modo que se opone la noche al día. Pero los surrealistas llevaron esta actitud hasta las últimas consecuencias”[2]. Y es a través de Fernando Vidal Olmos y su informe “desde la condición más preciosa del creador, el fanatismo”[3] (fanatismo por el cual el personaje sacrifica incluso su propia vida), que Sabato logra subvertir el razonamiento platónico: la caverna es en verdad el mundo tal cual lo vemos, y los ciegos, esa secta hegemonizante que domina el mundo, son los portadores de una verdad escondida en los lugares más remotos y oscuros de la existencia y el universo. Vidal, o tal vez Sabato, invitan a los lectores de este informe a un despertar del hombre, este curioso Informe sobre ciegos cumple una de “las misiones de la gran literatura: despertar al hombre que viaja hacia el patíbulo”. Pero no debemos ser ingenuos y es necesario comprender que la obra sabatiana actúa como símbolo, metáfora o inclusive “alegoría de la caverna” de una idea más compleja: nos invita a un despertar desde lo profundo y a un análisis exhaustivo de lo que llamamos lo “real”. Como bien asegura Mendizábal: “La literatura nos ha presentado una gama de ciegos que, si nos fijamos en ellos, observaremos una característica común: el ciego ve más allá que el vidente. Un más allá profundo y revelador”[4], pero se le escapa una posible vuelta de tuerca más que a la vez resulta ser muy simple: son los ciegos “una metáfora del mal”[5] según las propias palabras del escritor en una entrevista que dio en España en 1977, haciendo referencia a su aclamada novela.

El propio Vidal Olmos nos alerta de la revelación vivida  en su informe: “venía abstraído, cuando de pronto oí una campanilla, una campanilla como de alguien que quisiera despertarme de mi sueño milenario… Hasta que de pronto aquel sonido tenue pero penetrante y obsesivo pareció tocar alguna zona sensible de mi yo… y desperté sobresaltado… Delante de mí, enigmática y dura, observándome con toda su cara, vi a la ciega que allí vende baratijas. Había cesado de tocar su campanilla; como si sólo la hubiese movido para mí, para despertarme de mi insensato sueño, para advertir que mi existencia anterior había terminado, como una estúpida etapa preparatoria y que ahora debía enfrentarme con la realidad”[6]. Es en ese momento en que Vidal experimenta su propio “despertar”, y a partir de allí ya no comprenderá el mundo que lo rodea con los mismos ojos, sino con “los ojos de los ciegos”. Con atino Mendizábal en su ensayo nos revela ese despertar de Fernando y su desprecio para todos aquellos que aún permanecen dormidos, rememorando el momento en que el personaje se encuentra atrapado en esa suerte de caverna subterránea sita en Buenos Aires: “En esta vasta caverna, Fernando se lamenta de los que allá en las calles populosas de Buenos Aires no hacen caso de «los signos que deberían despertarlos»”[7]. Y podemos leer en las propias palabras de Vidal Olmos, ese odio hacia la gente que él llama “realistas”, aquellos incapaces de ver más allá de lo que sus ojos y las luces de la razón le revelan: “Siempre me ha hecho reír la falta de imaginación de esos señores que creen que para acertar con una verdad hay que darle a los hechos “las debidas proporciones”. Esos enanos imaginan (también ellos tienen imaginación, claro, pero una imaginación enana) que la realidad no sobrepasa su estatura, ni tiene más complejidad que su cerebro de mosca. Esos individuos que a sí mismo se califican de “realistas”, porque no son capaces de ver más allá de sus narices, confundiendo la Realidad con un Círculo-de-Dos-Metros-de-Diámetro con centro en su modesta cabeza. Provincianos que se ríen de lo que no pueden comprender y descreen de lo que está fuera de su famoso círculo. Con la típica astucia de los campesinos, rechazan invariablemente a los locos que les vienen con planes para descubrir América, pero compran un buzón en cuanto bajan a la ciudad. Y tienden a considerar lógico (¡otra palabrita que les gusta!) lo que simplemente es psicológico”[8].

Sabato 3

Ese desacierto que denuncia Fernando en los “realistas” está caracterizado por el propio “desacierto” en que han incurrido la mayoría de los críticos (sobre todo argentinos) al momento de leer y deconstruir la literatura de Sabato. Antaño lo han leído desde un aparente antiperonismo, desde una aparente posición reaccionaria en cuanto a la política, desde una cierta concepción pesimista y trágica del mundo (razones que explican que siempre haya quedado al margen una auténtica valorización de su obra, y si fue valorizado ha sido mayormente en el extranjero, que desde el canon de la literatura nacional), inclusive ha sido víctima de lecturas aberrantes como aquella que propone que Informe sobre ciegos es ciertamente una crítica hacia el mismísimo Borges; pocas veces (como ya se ha mencionado) las lecturas de Sabato se han erigido desde las propias convicciones que el mismo Ernesto ha profesado: el anarquismo y el existencialismo, su rechazo a la razón. Pero no debe resultarnos extraño si por un momento echamos un gran vistazo por lo menos a la institución crítica argentina y concluiremos rápidamente que la misma ha estado dominada siempre por la burguesía y un academicismo corsetista  y putrefacto, por la oligarquía o el peronismo, cuando no por un marxismo intelectualoide tan hermético como el de la catequesis cristiana. Esto explica por qué nunca haya sido abordado el fenómeno Sabato desde una profunda filosofía que él mismo y sobre todo en los últimos años de su vida profesa: el anarquismo.

Cuando hablamos de anarquismo no nos referimos simplemente a una concepción política, sino más profunda, de base filosófica y social. Esta concepción ácrata de la existencia es producto de experiencias y aprendizajes que el propio Sabato fue adquiriendo a la vez que atravesaba a su tiempo otras ideologías, es necesario destacar que desde joven tuvo una militancia activa dentro del comunismo y el marxismo, y que desilusionado ante la imposibilidad de una auténtica plenitud libertaria de todo aspecto de la vida, renegó de los mismos y se volcó hacia el socialismo libertario: Aunque fui un comunista activista, el anarquismo siempre me ha parecido una vía de conseguir justicia social con libertad plena. Y valoro el cristianismo del Evangelio. Este siglo es atroz y va a terminar atrozmente. Lo único que puede salvarlo es volver al pensamiento poético, a ese anarquismo social, y al arte”[9]; inclusive en ese valorar el “cristianismo del Evangelio”, Sabato rescata a ese personaje de la literatura judía que es Jesucristo y que muchas veces ha sido considerado el primer socialista, lo reivindica, a pesar de lo abominable del cristianismo como doctrina y religión, ya que se entiende que la culpa no es del texto sino de la farsa que originaron alrededor de él (típica actitud ésta de crítico la de la Iglesia Católica). Es desde esta lógica propiamente anarquista que debemos atravesar y pensar uno de los simbolismos más importantes, que se esconden detrás de ese despertar producto de una tormenta de cerebro en Vidal, y todo lo referente a  la Secta de los ciegos que luego volcará en su informe. Lo que quizás Sabato trata de mostrarnos a través de su literatura, o Vidal Olmos a través de una incluso posible locura (digo posible locura porque o bien podemos entender que todas la experiencias espirituales y metafísicas de Fernando suceden en un plano onírico o inexplicable para la razón humana, o bien son el producto de las cavilaciones y paranoias de un “loco”), es que nuestro mundo no sólo está regido por lo que todos los “lógicos” creen, los gobiernos, los estados, las naciones, la iglesia, las fuerzas de represión estatal, sino por intereses mayormente minoritarios, que responden a las oscuridades más profundas y perversas de los seres humanos.Sabato 2Los problemas sociales y humanos no se resolverán a través de la política o la economía o de un pasivo activismo social, ya que todas estas cuestiones son títeres al servicio de esa “Secta” minoritaria dominante del mundo, sino a través de la auténtica superación del afán perpetuo (y casi esencial pareciera a veces) del hombre de dominar al hombre, y no en términos marxistas de explotación económica, sino en términos de dominación absoluta de un ser que es igual a otro. Sabato convencido de la existencia integral de los individuos  denuncia ese problema original y paradojal, que ya había observado Bakunin (quizás padre del anarquismo), y no tanto Marx, y que llevaría al quiebre de la primera internacional; el problema de la esencia humana y esa tendencia de los hombres a ejercer poder sobre los otros, siendo así que las herramientas más eficaces para ejercer ese dominio resultan ser los gobiernos, los estados y las religiones, no por nada el lema de los anarquistas fue y será siempre “Ni Dios, ni Patria, ni Amo”. Seríamos necios si consideramos que las tantas menciones que se hacen a lo largo y ancho de la novela sobre el movimiento anarquista están ahí porque sí y no hay una intencionalidad de Sabato (quizás hasta sutil) de subyacer dicha ideología en su literatura. Porque bien fiel a su estilo, no es un propagandista y los problemas de la literatura son totales y no meramente políticos o sociales. Resulta por ello que a medida que leemos las palabras de Vidal, también podemos leer una cierta síntesis ideológica del propio autor de la obra, el desprecio a la institución cristiana, el cuestionamiento de la ciencia como una verdad a priori absoluta y una posible nueva forma de religión, el rechazo a la moral y la sociedad burguesa, la burla del paradigma mercantil de vida propio del capitalismo y la noción del banco como el templo espiritual de los burgueses, una burla ácida a las fuerzas de represión estatal, una crítica a la política partidaria (que va desde unitarios y federales hasta el peronismo). No por nada Vidal elige como agente encubierto para esa operación crucial a través de la cual sería posible penetrar en la secta a Iglesias, un anarquista español combatiente en la Guerra Civil Española y ahora miembro de la FORA en Argentina. Si bien Vidal es un canalla (como el mismo lo admite), y a lo sumo de ser ácrata uno bastante individualista y no colectivo, tiene plena confianza “ciega” en los anarquistas: “Yo frecuentaba los locales ácratas porque tenía ya el vago propósito de organizar, como efectivamente organicé más tarde, una banda de asaltantes; y aunque no todos los anarquistas eran pistoleros, se encontraba entre ellos a todo género de aventureros, nihilistas y , en fin, ese tipo de enemigo de la sociedad que siempre me atrajo. (…) Iglesias era uno de esos anarquistas bondadosos, incapaz de matar una mosca: era pacifista, era vegetariano (por su repugnancia a vivir de la muerte de un ser viviente) y tenía ese género de fantástica esperanza de que el mundo iba a ser alguna vez una cariñosa fraternidad de libres y fraternales cooperadores”[10]. Es así que tanto Vidal o Sabato no podrían matizarse dentro de las categorías peyorativas ni de gorilas, ni reaccionarios (palabras utilizadas para denostar a quienes van en contra de lo peor del peronismo y lo peor de cierto marxismo), sino que simplemente la palabra para definirlos sería naturalmente ÁCRATAS (una ética y moral por encima de la lógica partidaria o dogmática): razonamiento que la propia clase de ciegos con visión, raramente alguna vez logren o se interesen en comprender, ya que resolvería muchísimos de los problemas nacionales y mundiales que hoy por hoy existen, y que perpetúan la comodidad y hegemonía mundial en las manos de una minoría de hombres y mujeres a favor de sus propios intereses. La tesis sabatiana contraria a la ortodoxia del materialismo clásico resulta ser la de “que toda política totalitaria es una seudorreligión disfrazada de ciencia, un ídolo sediento de sangre y sacrificios”[11].

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Teniendo en consideración el último eje a través del cual sería fundamental atravesar la obra de Sabato, Mendizábal de alguna manera destaca cierto aspecto de la vinculación de la poética sabatiana con el existencialismo, pero no menciona dicha particularidad en estos términos. Fernando, por obra de la secta, ve, compara y analiza el mundo por el que en «obsceno y pestilente tumulto corrían mezclados las menstruaciones de aquellas amadas románticas, los excrementos de las vaporosas jóvenes vestidas de gasa, los preservativos usados por los correctos gerentes, los destrozados fetos de miles de abortos, los restos de comidas de millones de casas y restaurantes, la inmensa, la innumerable basura de Buenos Aires». (…) Ahí abajo, en el silencio y en la oscuridad, podría apreciar y ver con perfecta claridad cómo toda aquella inmundicia iba hacia «la Nada del océano», mientras los transeúntes de las calles, los amantes de la paz en sus casas, los bulliciosos fieles de las salas de fiestas, los enamorados en las alcobas de la populosa ciudad olvidan de plano esta parte de la verdad, la ocultan, siendo tan suya como la otra”[12]. El absurdo, la presencia de la nada frente al todo, la muerte, la angustia (naúsea), el carácter trágico de la existencia, son temas capitales de dicha corriente filosófica. De alguna manera Fernando Vidal Olmos está atravesado por una suerte de instinto existencialista, en él convergen el poeta, el metódico y el enemigo de la razón en términos absolutos, “no sólo nace el existencialismo en el período romántico, sino que nace por los mismos motivos, y hasta su lenguaje proviene de la poesía”[13], dictamina Sabato en El escritor y sus fantasmas.  La filosofía existencialista (o mejor dicho parte de ella) no niega de buenas a primeras la posible existencia de algo denominado trascendental, y ello se refleja en los razonamientos de Vidal Olmos, que parten desde un escepticismo o de cierto ateísmo cuando cavila: “1° Dios no existe. 2° Dios existe y es un canalla”, para luego concluir: “6. Dios es un pobre diablo con un problema demasiado complicado para sus fuerzas. Lucha con la materia como un artista con su obra. Algunas veces logra ser Goya, pero generalmente es un desastre”[14]. A esta posibilidad que le da Fernando a la existencia de algo trascendental, podemos oponerle las similitudes y diferencias que plantea Sabato entre Existencialismo

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Parque Lezama, escenario de Sobre héroes y tumbas 

y Marxismo. “Si partimos del hombre como principio y fin, si consideramos que su actividad es lo primero, que todo lo que el hombre conoce se origina en su praxis, en la resistencia que el mundo presenta a sus proyectos, se advierte hasta qué punto el existencialismo y el marxismo son prójimos. Si hablamos claro de un existencialismo fenomenológico y dialéctico, y si interpretamos a Marx no como reduccionismo económico sino como una doctrina de la totalidad concreta de la existencia. Quedarían en mi opinión ciertas diferencias: (…) para el marxismo, es inadmisible la suposición de algo trascendente al hombre mismo. (…) Bien puede argumentarse que, del mismo modo que en su proceso de autocreación el hombre puede conocer la naturaleza, así también podría ir accediendo a parcelas de la divinidad. No es lógicamente imposible[15]. Otra vez la lógica ácrata, desde un marxismo doctrinario y reduccionista, sería imposible aceptar la espiritualidad del hombre, pero desde el lugar en que se posiciona Fernando, no es irreconciliable con su tarea y con su aparente actitud existencial ante la vida, abrir su percepción ante la presencia de algo trascendente que lo excede por completo a él como simple mortal y a la razón como simple apariencia y abstracción.

Hacia el final el autor de “Enfrentamiento con la realidad: informe sobre ciegos”, concluye su dictamen: “No se percibe actitud denigrante por parte del autor; antes por el contrario, una clara expresión de que la realidad que los ojos perciben no es necesariamente fin y término de lo que se llama comúnmente realidad, sino que hay otros ángulos para los que es necesario enceguecer a la luz si se quieren apreciar ocultos aspectos de la misma realidad. Para ello hay que estar alerta, tener los sentidos en vigilia y poder así oír la campanilla o sentir el coscorrón que hace despertar al hombre del cómodo sueño milenario”[16]. Si bien nuevamente sus palabras son acertadas, pecan de las características propias de la verdosa llanura del lugar común. No hay profundización, no se retuerce hasta el final la antilógica maldita de Ernesto Sabato, carecen estas palabras del aura en términos benjaminianos de la literatura sabatiana; por eso creo sea menester terminar este escrito (admitiendo la posibilidad de, al igual que Mendizábal, haber caído en lo obvio y en la imposibilidad propia de este tipo de textos para abrazar el absoluto) con palabras del propio autor de Sobre héroes y tumbas. En Antes del fin, el maestro dejó un esperanzador mensaje que define en verdad el espíritu optimista de su aparente pesimismo que no es más que un instinto de supervivencia: “en tiempos oscuros nos ayudan quienes han sabido andar en la noche. (…) Siempre habrá algunos empecinados, héroes, santos y artistas, que en sus vidas y en sus obras (…) nos ayudan a soportar las repugnantes relatividades. (…) El hombre sólo cabe en la utopía. Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido”[17]. Las utopías de mujeres y hombres, literarias, sociales, ácratas, filosóficas, novelísticas, artísticas, tal vez sean ese lugar que por tanto tiempo ha sido ansiado, quizás el lugar al que el propio Rimbaud quiso escapar antes de sucumbir según Vidal ante la maldad de los ciegos y emigrar al África, quizás ese lugar de la utopía sea el mismo al que nos invita Lennon llamándolo simbólicamente Strawberry Fields: Déjame llevarte allá porque estoy yendo hacia Strawberry Fields, nada es real, y no hay nada de qué preocuparse, campos de frutillas para siempre”, la contracara de la secta de los ciegos, el lugar al que en el fondo Sabato espera que alguna vez la humanidad pueda llegar. Quizás simplemente ese lugar sean el sueño o la muerte, quizás exista en nuestro mundo tal y como es. O finalmente ¿quién sabe? exista una “Secta” antitética a la de los ciegos, una secta de “santos” artistas y humanistas que pertenecen a la casta secreta que tiende a conducir a la humanidad hacia la utopía: de existir dicha logia, indudablemente Don Ernesto Sabato ha sido uno de sus millares de miembros.

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Lugares que inspiran: puertas del orfanato Strawberry Fields, lugar que dio vida a la canción

[1] Sabato, Ernesto; “La novela total” en El escritor y sus fantasmas, Ed. La Nación, Buenos Aires, 2006.

[2] Sabato, Ernesto; “El Surrealismo” en El escritor y sus fantasmas, Ed. La Nación, Buenos Aires, 2006.

[3] Sabato, Ernesto; “La condición más preciosa del creador” en El escritor y sus fantasmas, Ed. La Nación, Buenos Aires, 2006.

[4] Mendizábal, Juan Carlos; “Capítulo II. Enfrentamiento con la realidad: Informe sobre ciegos” en Luces y sombras. El ciego en la literatura hispánica, Ed. Escuela Libre, Madrid, 1995.

[5] Sabato, Ernesto en A fondo – 1995.

[6] Sabato, Ernesto; “Informe sobre ciegos” en Sobre héroes y tumbas, Ed. La Nación, Buenos Aires, 2011.

[7] Mendizábal, Juan Carlos; “Capítulo II. Enfrentamiento con la realidad: Informe sobre ciegos” en Luces y sombras. El ciego en la literatura hispánica, Ed. Escuela Libre, Madrid, 1995.

[8] Sabato, Ernesto; “Informe sobre ciegos” en Sobre héroes y tumbas, Ed. La Nación, Buenos Aires, 2011.

[9] Bayon Pereda, Miguel. 9 de abril de 1922 (Madrid). “Ernesto Sabato se califica de ‘anarcocristiano’ en El País, soporte virtual.

[10] Sabato, Ernesto; “Informe sobre ciegos” en Sobre héroes y tumbas, Ed. La Nación, Buenos Aires, 2011.

[11] Araya, Fernando. 23 de diciembre de 2017. “El anarquismo existencialista de Sabato” en La Nación, soporte virtual.

[12] Mendizábal, Juan Carlos; “Capítulo II. Enfrentamiento con la realidad: Informe sobre ciegos” en Luces y sombras. El ciego en la literatura hispánica, Ed. Escuela Libre, Madrid, 1995.

[13] Sabato, Ernesto; “Filosofía existencial y poesía” en El escritor y sus fantasmas, Ed. La Nación, Buenos Aires, 2006.

[14] Sabato, Ernesto; “Informe sobre ciegos” en Sobre héroes y tumbas, Ed. La Nación, Buenos Aires, 2011.

[15] Sabato, Ernesto; “Existencialismo y Marxismo” en El escritor y sus fantasmas, Ed. La Nación, Buenos Aires, 2006.

[16] Mendizábal, Juan Carlos; “Capítulo II. Enfrentamiento con la realidad: Informe sobre ciegos” en Luces y sombras. El ciego en la literatura hispánica, Ed. Escuela Libre, Madrid, 1995.

[17] Sabato, Ernesto; Antes del fin, Ed. La Nación, Buenos Aires, 2011.


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By Augusto Morelli– (F.M.)

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