“Hay viento en Varsovia”, “Vitiligo” y “La ciudad solitaria” – (3 poemas de “Latinos del sur”: nuevo libro de Víctor Ortega)

Varsovia 1 (Revista) 2

 

HAY VIENTO EN VARSOVIA

Hay viento en Varsovia,

dice la mujer sin rostro,

que me hace reír frente al espejo

cuando lavo mis dientes,

que me hace pensar en la música de las radios polacas

y en el color de una bandera que desconozco.

e

Hay viento en Varsovia

y acá las ventanas están cerradas,

no puedo escuchar el ruido de los animales,

no puedo escuchar el ruido de los tractores,

sólo escucho mensajes de una voz desconocida.

e

La voz de la Magdalena polaca es ronca y fuerte,

la dulzura está escondida en su sonrisa,

la ternura en sus ojos gigantes

y la pasión en sus pronunciados pómulos.

e

La belleza de la Magdalena polaca es rebelde,

no se esfuerza en la ambición de las páginas sociales,

no cree en las muñecas ni en las promociones,

menos en la sensualidad obligada.

e

Si me gusta que haya viento en Varsovia

es porque me gusta su deseo mutilado,

deseo del europeo sufrido y golpeado;

en Europa también hay melodrama.

e

Hay viento en Varsovia y estoy muy distraído,

pensando en una mujer que no conozco,

pensando en su boca y en sus besos invisibles.

La imaginación es una droga barata.

e

Hay viento en Varsovia y en Santiago poco importa,

la gente avanza y retrocede con el sol en la cara,

la gente mira como respirando mi emoción,

una mujer en Varsovia me ha convertido en niño.

e

Al viento de Varsovia sólo le pido un favor,

que la suerte me acompañe con la utopía polaca,

no quiero prender velas por la Magdalena,

aunque como niño que soy no me podré aguantar.

e

El viento de Varsovia mueve su pelo en las fotos,

sopla tan fuerte que ella cierra los ojos

y las letras del apellido se mueven,

la S queda dividida en dos y la N lleva el acento.

…………………………………………………….

Vitiligo (Revista) 2.jpg

 

VITILIGO

Enfermedad de la reconchetumare,

no tení ni un brillo,

cero aporte a los libros,

cero aporte a la historia.

e

Enfermedad de la reconchetumare,

igual aburre tener que explicarte,

porque la gente te mira

y te pregunta con miedo.

e

Ni que fuera cáncer la hueá,

es una enfermedad que no duele,

es lo único bueno que tiene,

y que la tuvo Michael Jackson.

e

Aunque la usó pa blanquearse entero,

yo te apaño, mi gringo favorito,

porque la explicamos contigo

y la gente entiende rapidito.

e

Los doctores venden humo con el vitiligo,

en Vitacura ofrecen un láser mágico,

más falso que el Nobel de la Paz,

más falso que el beso de Judas.

e

Judas también tenía vitiligo,

vendió a Jesús para pagar el láser,

pero no le alcanzó con las 30 monedas,

la cosa subió cuando murió Michael Jackson.

e

Una vez me mintieron con el vitiligo,

me dijeron que las manchas estaban buenas,

que se veían bonitas en la oscuridad,

que tenían onda, que tenían cuento;

puras mentiras de una argentina.

e

Enfermedad de la reconchetumare,

lo único bueno es que nos encontramos:

los chilenos con vitiligo en la calle,

y nos apañamos con la mirada

y nos deseamos el bien.

…………………………………………………….

Santiago de Chile - La Ciudad Solitaria.jpg

e

LA CIUDAD SOLITARIA

Me asusta la ciudad solitaria,

con bancas limpias y basureros vacíos,

las farmacias cerradas; los kioscos sin diarios.

La calle se mueve y nadie se cae:

es domingo.

e

La ciudad en domingo: el triunfo de la infancia.

La ciudad en domingo: el miedo a la vejez.

¿Cómo será la ciudad cuando seamos viejos?

¿Seguirá siendo el domingo un día vacío?

e

Me asusta la ciudad solitaria,

me acuerdo de historias de fantasmas,

y a veces necesito a los fantasmas

para que me recuerden que estoy vivo,

y deba darle cara a la ciudad.

e

La ciudad solitaria no tiene mar,

si lo tuviera todo sería distinto.

El mar atrae a los que se quedan en casa

para ver imágenes en el agua y no en la TV;

los gatos también miran el mar.

e

El domingo en la ciudad no hay perros vagos,

ni bolsas vacías volando por respiraderos.

Hay turistas felices con cámaras de fotos

y niños que juegan en la ciudad solitaria.

e

Camino por la calle que cruza la ciudad,

voy contando las cosas que eran y ya no son:

cines, teatros, cafés, palacios.

Hoy todo es asco de modernidad.

La ciudad era solitaria antes y ahora,

no sé mañana.

Envidio la soledad de otras ciudades,

me entrego al lamento de la mía.

e

La ciudad solitaria me da miedo.

La ciudad solitaria me da pena.

Estas calles son contradicción.

Amo la ciudad, pero me está matando.

…………………………………………………….

Letra e

e

stos tres poemas inéditos, cedidos de forma exclusiva para Fervor de Bahía Blanca, son un adelanto del libro Latinos del sur, primer poemario del escritor chileno Víctor Hugo Ortega, tras la publicación de cuatro libros en prosa y de cuentos.

     Los versos de Víctor Ortega están impregnados de esa voz narrativa propia de aquellos escritores latinoamericanos que (a pesar de que en el mundo ya todo se ha dicho y escrito) aún tienen algo más por decir; no estamos de cara frente al típico poeta arquetípico que esconde tras la irrisoria pretensión estética y formal las falencias propias de un discurso vacío.  Los poetas son poetas porque viven y porque sangran de experiencias, y no por esa cliché aptitud, aparentemente innata, de ser capaces de encontrar las palabras más estrafalarias y combinarlas en versos límpidos. Ortega no tiene problemas y no le tiembla el pulso, en el instante preciso en que deja aflorar sus raíces y les permite hablar por sí mismas, en el mismísimo registro de lenguaje con que podemos encontrar a un hermano chileno filosofando en un bar o un café, en medio de una ronda de amigos y en plena ciudad de Santiago; esta faceta del autor es plenamente observable en poemas como “Vitiligo”. Por otra parte, y esto se evidencia en “Hay viento en Varsovia” o “La ciudad solitaria”, a Ortega se le da muy bien el pasaje de ese mundo propio del escritor latinoamericano, al mundo universal del impecable escritor impregnado con estética de la literatura del siglo XX (quizás la más auténtica de todas). Como Sinclair, el eterno personaje de la sublime novela de Hermann Hesse, Ortega posee casi una cintura de número diez para convivir y converger dentro de los DOS MUNDOS tratándose aún de un mismo poeta, de un solo hombre.


Algunas palabras sobre el autor:

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Víctor Hugo Ortega es periodista y escritor chileno, autor de los libros «Al Pacino estuvo en Malloco» (2012), «Elogio del Maracanazo» (2013) «Relatos Huachos» (2015) y «Las canciones que mi madre me enseñó» (2016). Es profesor de temas relacionados con cine, literatura y medios en la Universidad de Chile, la Universidad Mayor y la Universidad Santo Tomás.


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