El juego de la vida (¿Quién es el protagonista?) – [Un relato de Fabián Grandinetti]

Letra L

e

a vida es un juego. El ser humano sobrevalúa su existencia creyéndose superior a todo lo que lo rodea sin darse cuenta que su vida es tan fugaz como un relámpago entre dos eternidades. Digo la vida es un juego y no descarto que puede ser dura de jugar. Tiene un principio y fin, objetivos y obstáculos. Lo que pasa detrás del escenario que nos rodea puede no existir y nosotros no saberlo. Las personas que pasan frente a nuestros ojos pueden ser planas y estar vacías. ¿Qué importa si tan solo son extras en nuestra cotidianeidad? Como todo juego, hay un protagonista que busca cumplir su objetivo. Su obstáculo más grande será ese antagonista que hará la tarea más compleja para que no sea todo sencillo a la hora de divertirnos y, a su vez, no muy difícil para que las mentes perezosas no abandonen la jugada. Ahora bien, me gustaría preguntarle al lector si tiene una idea de quién es ese protagonista. Puede haber pretendido que se trataba de usted mismo, con todas sus idas y vueltas, sus metas logradas en la vida y sus deseos perdidos en la falta de oportunidad. Créame si le digo que usted, querido lector, es el antagonista. Usted es el ordenador, usted es la máquina. El protagonista lucha por derrotarlo, por cumplir su objetivo pero usted permanece. Al igual que en cualquier otro juego, el protagonista no se da por vencido y utiliza otro de sus créditos. Usted vuelve a vencer y continúa con su rutina de computadora que reproduce la vida de una manera autómata. La muerte, nuestra protagonista, juega otra ficha porque ya sabe dónde encontrarlo, cómo, con quién va estar, conoce cuáles son sus trucos. Al final de cuentas caminamos sobre nuestros pasos, nuestros días son una danza que se repite, un loop que no es eterno, pero si tan enfermizo que nos hace perder la noción del tiempo hasta que llega el momento decisivo. La vida es un juego y, como juego, tiene una partida final. El último desafío. La muerte pone la que quizás sea su última ficha, anda el camino que ya trazó tantas veces hacia nosotros, nos enfrenta y al final nos gana. Señor/a lector/a, somos el malo final y como tal, cuando perdemos lo hacemos de forma definitiva. Ya nadie quiere jugar con nosotros. Después de tanto, solo nos queda sentarnos a ver pasar los créditos.

By Fabián Grandinetti


     Algunas palabras en torno a “La vida es un juego”

 

     “¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”.

     La famosa reflexión de Segismundo que cierra la segunda jornada de La vida es sueño nos es, aún hoy, un cuestionamiento cotidiano. Tal vez no para todos, tal vez no todos los días, pero existen esos pequeños momentos que desconocen el fluir del reloj y nos asaltan en un instante imperceptible. Incluso, en muchos casos, hasta intentamos no sostenerlos, los dejamos pasar, como si se fueran momentos que se equivocan de momento, abrimos las ventanas y los invitamos a retirarse esperando que la luz de algún foquito amarillo llame su atención.

     En su relato breve “El juego de la vida” (¿Quién es el protagonista?), Fabián Grandinetti aporta una hoja más al LIBRO UNIVERSAL y le responde directamente (algunas horas más tarde) a Segismundo. Le dice: “La vida es un juego”. Y agrega: “La cuestión no es esa, la cuestión es saber si somos el héroe o el villano, el protagonista o el antagonista”. O tal vez: “¿hay cuestión?”.

     Lejos del barroquismo (más lejos que el tiempo y el espacio), Fabián desarrolla su idea con un lenguaje claro, respetuoso (si es que ésto existe) y propio de la era audiovisual y multiversal que nos proponen los nuevos medios de comunicación. El automatismo nos transforma en personajes de ficción inertes, estáticos, siempre esperando a que alguien ponga una ficha en la maquinola y decida enfrentarnos. La lucha es desigual: nosotros vencemos ¿cómo? tal vez mediante algún trabajo creador (material o espiritual) que nos da acceso a un nivel de autorrealización, una “libertad” entre comillas y entre dientes, algo que dura, sólo, hasta que nuestro oponente ponga otra ficha en la ranura.

     Fabián habla con la voz de miles que ya hablaron y de miles que hablarán. Nos da otra perspectiva, nos pide que abramos los ojos, la boca y los oídos y nos invita a viajar directo hacia la luz de un foquito amarillo con la esperanza de que aguante encendido un poco más.

By Tom Sawyer (T.G.)


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