La poesía nace del demonio y no de festivales académicos (Un relato de Augusto Morelli) – [Aguasucia bahiense]

     Día 2

     Caminaba a mi casa, durante el día 3 del Festival de Poesía en la puta ciudad sin FERVOR DE BAHÍA BLANCA, y pensaba… ¿festival de poesía? ¡Qué mierda puede advertir un “festival universitario” de poesía, sobre las direcciones en las que ésta se mueve y se materializa! La poesía (ya lo ha dicho Don Ernesto Sabato, y tantos otros poetas desesperados románticos que vinieron detrás de él) es del infierno, de Rimbaud, de Baudelaire, y le quedaba tan chica a escritores como Hemingway, Kafka, Orwell o Arlt, que mucho no quisieron indagar en el género; o mejor dicho quizás, cuando uno tiene vidas poéticas, no necesita recurrir a eso que llaman “POESÍA”. ¿Qué mierda sabrán éstos de poesía?, me pregunté nuevamente mientras caminaba alcoholizado a mi casa, tras haber dejado atrás, uno de esos sitios “infernales” (infernales a partir de la consideración de que son minoritarios de cara a lo que le gusta a la sociedad). Pero diabólico en verdad, no era ese bar que había abandonado hacía unos instantes, sino la conjunción y las reuniones que se hacían tiempo atrás en un verdadero BAR, que tristemente ya no existe más. En ese BAR BAT, sucedían lo que prefiero llamar “experiencias poéticas”, y creo que es un género (literario, musical y artístico en general) mucho más amplio y abarcativo, que esa pequeña restricción denominada “POESÍA”. Las experiencias poéticas, involucran a la vida, y no hay nada más poético en la vida, que estas experiencias, que involucran todo tipo de fusión, de yuxtaposición, de comunión de disciplinas, de expresión, de abstracciones y de lenguajes. Pensaba entonces que las personas que no tenían experiencias poéticas en sus vidas, debían recurrir a eso que les dicen que es la POESÍA; les dicen dónde está, cómo se manifiesta, cuáles son los gustos de ésta por la mañana.

     Me preguntaba entonces, sobre la poesía y la academia, caminando alcoholizado, y escuchando un audio reproducido en el puto teléfono móvil, el cual había sido grabado en simiesco coro con mis amigos unos cuantos meses atrás (tiempos en que todavía existía nuestro Bar); en dicha grabación “cantábamos” ese himno nacional pero extranjero, llamado “Hey Jude”. Entonces recordé lo que minutos antes había hablado con una de esas pocas personas que permiten que mi existencia aún se sustente, y cavilábamos al respecto: “que la poesía, por sí misma, ya no existe; la poesía sólo vive hoy en la música: y no en cualquier variación de dicha expresión sino sólo en ciertos territorios de la misma”. Y “Hey Jude” era poesía viva, poesía que a través del acostumbramiento a las palabras había olvidado; entonces lo escuché, escuché a Paul y recordé: “Hey Jude el movimiento que necesitas está en tu hombro, ¿acaso no sabes que sólo se trata de ti, hey Jude, lo estás logrando”. Y de repente me vi inmerso, nuevamente, en la puta ciudad sin Fervor de Bahía Blanca, en ese pozo metafísico que absorbe nuestras existencias, y me di cuenta que la reunión con uno de mis mejores amigos, había sido como siempre poética; que el alcohol me dejaba sacar a la luz ese Hyde que todos llevamos dentro, ese hombre inclinado hacia el mal, desde una perspectiva de fondo, pero de manera poética en cuanto a las formas. Ese Hyde poético iba cantando y siguiendo a tiempo el audio grabado hacía aproximadamente seis meses con sus amigos; lo hacía casi a los gritos, en plena vía pública desértica, y  pensando en que quizás en unos quince minutos, tal y como hacía seis meses atrás, quizás podía volver a estar en ese Bar Bat, en ese bar NO BURGUÉS, que a precios socialistas o radicales yrigoyenistas, expedían a un hombre una cerveza digna de su funesta causa.

     Pero volví a pensar en los poetas y en el festival; y en ¿a quién carajo podía parecerle, un infeliz encapuchado de negro y cantando desafinadamente a los gritos “Hey Jude”, poesía? Y entonces volví a pensar en mi amigo, y en mis amigos (los cuales habían quedado retratados en el audio) y en Paul: “acaso no sabes que sólo eres tú, el movimiento que necesitas, está en tu hombro”. Y el movimiento del hombro, es también movimiento de manos y de dedos, es el movimiento propicio para golpear en el siglo XX una bellísima máquina de escribir, o para agredir a un puto y frívolo teclado inalámbrico a pilas AAA en el siglo XXI. La poesía está en las calles, y no en festivales berretas, que dejan de ser berretas por ser organizados por el claustro universitario de una puta ciudad blanca y con bahía y sin el más remoto fervor mas que ese agujero metafísico que absorbe nuestras almas. El único fervor que tiene esta ciudad de mala muerte, se hace presente en bares que no reciben la gracia del público, en acordes de músicos que pasan al olvido, en la boca de algún poeta que camina por las calles de esta ciudad maldita, cual demonio sabateano, y que debe vender su propia poesía, la poesía construida a partir de la sangre que derrama de sus venas y que deja en cada verso y en cada palabra. Lo auténticamente poético está en los bares (que en esta ciudad funesta han cerrado), las experiencias poéticas están en la música que hoy ya no es escuchada, y que no es privilegiada por la gente que quiere bailar las primitivas danzas. La “POESÍA” es una quimera, un invento de las personas que necesitan sentirse bien a raíz de la autoayuda, y el no asumir que sus vidas que deberían ser poéticas, sean una mierda, pero aún así es más fácil seguir alienado a las leyes de este mundo, y salir cada tanto a buscar un respiro en eso que han llamado “POESÍA”. NADA de lo que ellos denominen “POESÍA”, será verdaderamente tal cosa, y nada que involucre a tal cosa, será relevante para nosotros, más que para ocupar la categoría de aquellas cosas que nos CHUPAN ABSOLUTAMENTE UN HUEVO. Sí, que nos chupan un huevo, un huevo de gallina, un huevo de pascua y de chocolate, o un huevo de nuestros testículos inflados de esta sociedad hipócrita que cierra bares poéticos, por su boicot asistencial, pero que aplaude o emite chasquidos a palabras y versos poéticos completos mediocres y de  mierda; versos tales como “TU OJO, LA ETERNIDAD, TU OJO” y a eso le sigue el silencio, y la reflexión y aprobación con la cabeza de algún erudito intelectual. Y después somos nosotros, los que hemos sido denominados secta, los que encabezamos esta generación que hemos decidido llamar SUCIA,  los incapaces de crear nada nuevo, los no leídos, los prejuzgados, los que escriben, los que viven, los que sufren, los de los demonios e infiernos poéticos, que no han alcanzado el título de “Licenciado en poética literaria”.

     Día 3

     Ayer escribí a partir de las máximas de escritura hemingwayeanas: “Escribe alcoholizado y corrige sobrio”. Hoy corrijo en función también a esas máximas, pero traicionando a Ernest, también escribo sobrio. Quedó en mi cabeza aquello que hablamos ayer con Sawyer: “que la poesía, por sí misma, ya no existe; la poesía sólo vive hoy en la música: y no en cualquier variación de dicha expresión sino sólo en ciertos territorios de la misma”. Y creo que eso me da vueltas en la cabeza, porque acabo de tener una de esas experiencias poéticas, estuve en contacto con una de esas realidades que fusionan la poesía con la música en una morfología inescindible. Me pasa desde hace un tiempo que cada vez que voy a un recital de rock, estoy atento a esa teatralización que sucede en escena, y que no sucede en ninguna de las otras formas clásicas, de esta manifestación. Últimamente siento una energía teatral, poética o escénica, un halo o aura que irradia una banda en vivo, y que son capaces de trasmitirlo a su público. No tiene gran sentido desarrollar esta idea hoy, porque aún ni yo mismo he comenzado a pensarlo a fondo, pero es sólo una idea que desde hace un tiempo comienza a caminar por mi mente, de manera recurrente. Pero sí estoy en condiciones de afirmar lo siguiente: si la poesía y el fervor existen (no podemos dar garantía de ello), este fin de semana en la ciudad sin FERVOR de Bahía Blanca, la poesía y el fervor no estuvieron en las manos de ningún festival latinoamericano de poesía, sino en manos de dos mujeres: Lula Bertoldi y Brenda Martin; si se hicieron presente Fervor y Poesía, en la ciudad de Bahía Blanca (y se hicieron presente) fue gracias a la belleza poética de Eruca Sativa. Ninguna poesía puede contra esa lírica propia e innata de la música, no se equivocaban aquellos filósofos románticos, entre ellos Nietzsche y Schopenhauer, cuando consideraban que la música expresa, más que cualquier otro arte, la realidad.

     Día 8 (4 días después de haber concluído el festival)

     Me encuentro trabajando en uno de esos lugares que se dedican a reproducir o a destruir lo poético de cada uno de los jóvenes de nuestras tierras, la escuela; y recibo el mensaje de otra de esas pocas personas que sustentan mi existencia (se trata de una mujer y de las más especiales que aún existen entre ellas): “Bob Dylan Premio Nobel de Literatura”. Ocho años consecutivos debieron pasar, para que finalmente le den al poeta americano el merecido reconocimiento. Pero esta vez, a pesar de que seguramente no refleje el verdadero deseo de la academia, este premio de alguna manera refleja una realidad, la literatura y la poesía han ido hace años más allá de meros novelistas y “literatos”, y si la literatura está en crisis, es justamente por esta gente. Dylan representa una contracara, una posición opuesta frente a todas estas cuestiones. Ese presentimiento que nos había abordado el día sábado, cinco días después se estaba cumpliendo, y de la manera más inesperada (harto sabíamos de las anteriores nominaciones de Dylan al premio, pero nunca pensamos que se concretaría) se materializaba. Y es que la literatura, si es verdad que nació con Homero, nació bajo el look de la palabra poética para ser musicalizada, en aquel entonces, en cualquier rincón de eso que hoy llamamos Grecia.


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By Augusto Morelli– (F.M.)

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