Instinto de muerte (Un suicida en la jaula de los leones en la ciudad de La Plata)

Un hombre quiere quitarse la vida y piensa en leones y en la muerte,

entonces vuelve a pensar en leones. Odia profundamente a estos animales,

los odia por el rugir en libertad, por el reinar en la sabana y en la selva,

por no condenar el matriarcado, por su dimorfismo sexual; los odia porque ellos saben cómo sobrevivir en despiadado mundo. Los aborrece porque en el fondo quisiera ser león;

quizás siendo león abandone su cobardía, quizás ella caiga y permanezca

reposada en dorada estepa abrigando y abrazando a su conciencia de muerte:

¡pero sobre todo a su conciencia! Y no es que el león de conciencia carezca,

sino que la fiera guía la danza de su andar sumergida en la seguridad

del instinto. E instinto es pinchar, estimular, punzar; ¿quién fue el infeliz

que aseguró que el hombre sustituyó instinto por pulsión, si quien quiere

morir quiere abrazar la oscura luz y el dolor en razón a esa colorada

sensación que lo pincha y lo instiga interiormente? ¿Acaso no es ese rojo

dolor el grito y el llamado del instinto? Usted señor Freud sabe lo que el

instinto es, usted lo sabe desde aquella noche en que quiso embelesarse del

piadoso beso de tres inyecciones de morfina. No hay tal pulsión de muerte.

Un hombre quería quitarse la vida y se dirigió al zoológico de La Plata.

Eligió la jaula de los leones, se desnudó y se arrojó a la fosa, se arrojó

hacia su mayor expresión de odio.

Los psicoanalistas dirán que fue pulsión de muerte, el nostos hacia un

nirvana o un estado de no existencia, ¡cómo si la muerte fuese un no existir;

nada en la vida es más real, verdadero y auténtico que la muerte!

Los budistas dirán que en otra vida luchó en las arenas del coliseo

romano y murió en manos del frío acero de sangrientas y fieras garras.

Sus amigos dirán que fue por ella.

Sus rivales dirán que no soportó caer por 7 a 0 frente al león.

Yo que lo conozco o al menos conozco la esencia humana, puedo decir que fue el instinto.

El hombre cae a la fosa, un león lo ataca, lo desgarra y quiere despedazarlo.

Las autoridades del zoológico fueron notificadas, un cuidador toma el fusil

y mueren cuatro “bestias” acusadas de querer matar a un suicida.

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Eso es el mundo, un lugar en que el suicida no quiere vivir y sobrevive y vive desmembrado, un lugar en que los leones quieren vivir y viven encerrados y mueren en manos de imbéciles que los matan para darle vida a un imbécil y cobarde suicida.

No fue por ella, no fue por pulsión de muerte,

No fue por el pincha o el león rojo.

Fue por instinto…

fue sólo por intento…

Por intento de muerte:

Por instinto de muerte.

***

     Pido disculpas a los lectores, porque escribí de la forma en que odio y detesto leer. Pero algo en este texto reclamaba el no poder escribirse desde las leyes de otra suerte. Sin darme cuenta y sin saberlo edifiqué un texto modernista; lo escribí antes de saber qué era el modernismo como estructura. Era más feliz y más libre cuando lo desconocía, cuando desconocía qué diablos estaba escribiendo. Era más feliz y más “libre” cuando una voz me dictaba una idea y simplemente yo obedecía.


Revista Fervor de Bahía Blanca © Todos los derechos reservados.

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By Augusto Morelli– (F.M.)

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