Carta de un lector derrotado a otro lector derrotado (Antes de poder nombrarte – Tom Sawyer)

                                                                                                                “Este es mi sitio, y esta es mi espina”

                                                                                                       “Iberia sumergida”Héroes del silencio.

Bahía Blanca, 1 de agosto de 2016

     Amigo y hermano:

     Los límites entre la realidad y la ficción son tema de debate, análisis y contradicciones hace muchos años. En el ámbito académico, al menos en el que respecta a la literatura, es un tema que se “trae a la mesa” constantemente  al punto de  aburrirnos, causarnos odio, asco y, lo peor de todo, volvernos inmunes. Es tan manoseado el asunto de los límites que uno termina por olvidarlo o simplemente ignorarlo. Y no es el único caso, tenemos cientos, ¡miles! El famoso “extrañamiento”, la “literaturidad”, conceptos propuestos por los formalistas, el camino del héroe, la figura del Otro, tenemos el gran aporte del estructuralismo checo, y unas cuantas grandes ideas más que fueron tratando de comprender, abarcar, explicar y exponer distintos aspectos referentes  a la literatura y al arte en general. Hoy, sinceramente y a riesgo de ser sentenciado al exilio literario, amigo mío, quisiera borrar todo eso de mi cabeza. Sí hermano, quisiera olvidarlo. Y no sé si es por el impacto que causan esos análisis o por las repeticiones en boca de todos, por ese eterno retorno que nos lleva a caer en un círculo de teorías hace ya muchos años.

     Antes de todo, antes de la crítica y la teoría literaria, incluso antes, antes de poder nombrarla y llamarla “literatura”, yo entendía todo a la perfección. Me sentaba, en mi trabajo, en la hora del almuerzo, y leía Crimen y Castigo sin saber nada, ni siquiera pronunciar el apellido del ruso que lo había escrito, nada, me sentaba y lo leía. Tenía media hora no más y en esa media hora me volvía loco, recorría las páginas con el corazón en la boca, viviendo el existencialismo sin siquiera saber cómo se llamaba, explorando lo más oscuro del ser humano con mi propia humanidad, asimilando las filosofías de muchos hombres desconocidos, inexistentes para mí, pero que ahí estaban, conmigo, dándome su experiencia y yo, antes de seguir laburando para ganarme la guita que me daba de morfar, en esa media hora, era sin saberlo todos ellos: Dostoievski, Nietzsche,  Jean Paul SartreAlbert CamusHerman Hesse o Franz Kafka. 

     Después, como quien se cruza en un bar con un conocido que no veía hace mucho tiempo, yo me cruzaba esos autores, a esos filósofos, en otros libros, ¡y lo comprendía!, ¡lo identificaba!, exclamaba: “¡Esto es como en aquella novela Crimen y Castigo!”, o “¡Mirá de dónde venía ese concepto!” No necesitaba de nadie para notarlo, sólo de los libros. Los libros eran los puentes, eran los túneles subterráneos que interconectaban ideas, conceptos, experiencias, disciplinas, música, cine, y la red se hace gigante e infinita y al final, desaparece en el aire. Sí, desaparece, porque después, te das cuenta de que todo aquello es lo mismo, que no es una red, que no son túneles interconectando nada, no, es todo lo mismo, es todo una misma cosa que se repite, te das cuenta de que el primer libro que leíste y la última canción que escuchaste, con veinte años de por medio, cuentan la misma historia. Y todo eso tampoco me lo enseñó nadie. Todo eso lo supe antes de los formalistas, de los estructuralistas, antes de volverme un “académico”. Mejor dicho, no lo supe, lo sentí. Porque hasta que uno no lo nombra, sigue siendo un sentimiento real, puro, salvaje. Una vez nombrado, pasa a ser conocimiento. Hoy no puedo sentarme a leer. Estoy frustrado y por eso te mando estas palabras a vos, porque sé que me entendés. Me volví un lector frío, distante, un falso buscador de buena literatura, me volví un montón de fechas, de nombres, de corrientes, de palabras difíciles (si es que existen las fáciles). ¿Qué puedo hacer, amigo, si cuanto más razono soy más animal y cuanto más ignoro soy más dócil?

     Espero con ansias tu más sincera respuesta. Yo, por el momento, me dedico a aprender a amar hoy, lo que alguna vez amé tan intensamente.

     Saludos y abrazos.

     Yo. 

(A quienes hayan disfrutado el leer esta carta, les recomendamos posteriormente lean la respuesta que se se adjunta a continuación).


logo-maquina-fervor-finalizado-circulo

 

Revista Fervor de Bahía Blanca © Todos los derechos reservados.

tom-sawyer-2

 

By Tom Sawyer – (T.G.)

Otras publicaciones del mismo autor:

#TomSawyerTG

 

 


RESPUESTA A LA CARTA DE UN LECTOR DERROTADO A OTRO LECTOR DERROTADO (LA MIRADA DE NUESTROS OTROS – MORELLI)

e

Bahía Blanca, 12 de Agosto de 2016: 22,30 hs.

 

     Amigo, hermano y compañero de desdicha:

 

“Creo que es momento
para otra bomba de humo
y batirme en retirada,  
nuestra sociedad me perjudica (…).

Quizás fue la mañana en que vendados los dos
descubrimos cómo eran las cosas
y sin abrir los ojos nos teletransportamos
adonde desearíamos estar.

Pero también lo siento
que sólo es un momento
que todos deberíamos pasar”.

“Cómo eran las cosas” – Babasónicos.

 

     Sus palabras llegan, como siempre, en el momento oportuno. A veces creo sea usted mi doppelgänger, o mi compañero de desdicha, o una versión de mí que vive adelantada en el tiempo y en el espacio. Me gusta la palabra doppelgänger, escucharla, decirla, nombrarla, acariciarla, seleccionarla y escribirla; ¿te acordás cuando escribir y leer era tan fácil y simple  como eso? La primera vez que escuché usar esa expresión o, mejor dicho, que la leí ser usada (¿es correcto decir o escribir “leí ser usada”? ¡Al diablo, a quién carajo le importa!) fue en una serie de textos de Julio Cortázar; aquellos textos que me iniciaron en la trágica, dolorosa, funesta pero apetecible y deliciosa vida literaria, pero también me llevaron a tomar la cosa muy en serio, llegando al punto de tener en estima a estos tipos y tipas que no hacen más que teorizar sobre los límites de la realidad y la ficción y teorizar (y teorizar y teorizar todo el tiempo) sobre la literatura social y el compromiso y sobre la “forma” de la literatura. Y todo ello surge a partir de que les dio letra ese infeliz suizo estructuralista, y lo peor de todo es que él mismo sabía que estaba tan errado en sus posturas lingüísticas y en sus pseudociencias que ni siquiera tuvo los huevos de publicar sus trabajos en vida y sellarlos con su gancho al pie de la página. ¡Y yo que encima soy tan desgraciado, miserable y vanidoso que me atrevo a decir que el inicio de mis desdichas tiene epicentro en la lectura de unos afables textos de Julio (siendo que claramente él siempre nos previno manifiestamente de esta gente) y no puedo ver que en verdad el origen de esta crisis literaria está vinculada con el suizo… ¡Bueno, para ser justos, con el suizo y el austríaco! ¡¡¡El austríaco!!!… cuántos problemas que tenía ese tipo con lo sexual y con la mamá; le hubiera hecho un favor al arte en general si en su momento hubiese ido al burdel unas cuantas noches más de lo que ya lo frecuentaba, y se hubiese clavado unas líneas de merca más de las que habitualmente se clavaba; cosa que el mundo ¡y la LITERATURA! quedaran liberadas de todo psicoanálisis paupérrimo y de teorías estructuralistas por siempre y para siempre. Para siempre, que palabra que inflige temor. Estructuras… estructuras necesitan ellos, todo el tiempo, ellos a los que no sabemos por qué por estos días nos estamos pareciendo.

     Pero no todo está perdido, no todo es cuesta abajo. Pienso en lo que me cuenta, en esos episodios de auténtica lectura que usted vivenciaba en los tiempos de descanso que le quedaban libres en esos trabajos en los que vendía su cuerpo y su alma a cambio de monedas, y no puedo evitar pensar en Roberto Artl; pero no en el Roberto Arlt que nos quieren vender ellos, un Roberto Arlt que aparentemente ahora escribe bien y que tiene una estética grandiosa (¡y claro, qué van a decir si no les queda otra!, si el italogermano “analfabeto” ese les selló el culo a todos con el corcho del vino más barato de todo Flores). Perdone mi vocabulario, pero escribo en caliente, escribo de manera auténtica, como hace tiempo no lo hago; sin revisiones, sin correcciones, fiel a la prosa hemingwayeana, kerouackiana, prosa que por supuesto ellas y ellos no nos han enseñado; porque son literatura auténtica, literatura de la vida y no hay nada que hacer con ellos, nada que teorizar, nada que estandarizar, estructuralizar y banalizar. Sólo un hombre y sus desdichas y su máquina de escribir. Y eso es Roberto Arlt, ese descendiente de alemán “analfabeto” que tenía que vender su fuerza de trabajo escribiendo noticias intrascendentes y amarillistas para que luego esos mismos textos le permitan escribir su literatura. Como si de alguna manera Arlt tuviese que comprar o pagar el lujo de uno de sus textos literarios con miles de noticias de diario con los que las viejas se limpian el culo un domingo antes de ir a misa y no hay papel higiénico. Y pienso en ese Roberto, y lo veo a usted, una versión de Roberto que en vez de Flores se pasea por Morón o por Ciudadela o por sus odiosos trabajos mal pagos pero para los que hay que vestirse de etiqueta en el barrio de Palermo.

     Pero no se resigne, no son tiempos en que nos podamos dar el lujo propio de las resignaciones. Y no niego su desdicha, y a la vez la siento propia, propia porque es de usted, y porque también es mía, es propia y es nuestra, porque es la desdicha que nos hacen sentir a diario ellos. Pero no olvide que esa tortura debió y debe ser necesaria, porque todos esos conceptos que ellos le metieron en la cabeza y que hoy no puede olvidar, deben seguir ahí, seguir ahí para recordarle que la verdad, lo auténtico y ese “amor” que usted describe va por otro lado, ese “amor” visita otras casas, frecuenta otros bares, y le gustan las películas que proyectan en otros cines. Y no sólo los problemas son esos conceptos y ellos, ahora también el problema somos nosotros teniendo que “enseñar literatura”; el oficio más absurdo y la empresa más vanidosa en la historia del mundo. Si todo lo que hemos dicho pone en jaque nuestra pasión, ¿qué queda con este nuevo rol que nos toca cumplir? Pero como le dije, no se resigne (le digo que no se resigne, y no paro de bombardear pálidas, pero usted conoce) hay cuestiones por las que vale la pena seguir en las tierras literaturnias, y eso lo veo en la mirada de los otros, y no en ese “otro literario” ese “otro” boludo, insulso y vacío que nos repiten en la carrera de letras; sino ese otro verdadero, ese “otro” que está del otro lado (valga la redundancia) escuchando, y que no es otro sino un par. Y ellos, he comenzado a observar, en la masa fundida, parecen ser pocos pero en verdad son muchos y quizás los multiplicamos sin darnos cuenta. Entre ellos pienso en un joven tal vez algo neonazista, sumamente inteligente, que finalmente logra conmoverse e interesarse con la historia de vida de Orwell, con su actuación en la Guerra Civil Española y por los ideales del socialismo democrático; ese joven ahora distinto se muestra sorprendido por esa catarata de lecciones de humanidad expresada en Rebelión en la granja. Él ha abierto los ojos. También puedo nombrarle una muchacha que desde siempre ha estado abierta al arte, pero que quizás no tenga aún las cosas del todo muy bien dimensionadas (como si eso importara) pero que de repente tras la lectura de alguna Aguafuerte de Arlt, en sus ojos no puede contener las lágrimas… y no puede hacerlo porque ha visto algo y se ha dado cuenta de ello; ha visto eso que quizás hemos visto nosotros, usted y yo, y nos causa inmensa desdicha y gracia a la vez. También puedo contarle del alumno con la etiqueta de “más problemático del curso” que finalmente resulta ser el único que toma la voz frente al primer capítulo lento, descriptivo, denso, parsimonioso, del Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde y realiza una lectura quizás a un nivel mayor de quien le escribe estas líneas. Puedo contarle también el caso de otra adolescente, que para su edad, está peor que nosotros dos juntos y que el otro día me contaba sobre sus preocupaciones y afanes; y entre ellos mencionó el hecho de tener muchos escritos empezados y pocos terminados, o lo mismo que también le sucedía con la música que quería crear. ¿Te das cuenta? Ella tiene 15 años y está preocupada por crear música y escribir historias. Creo que es ahí, donde está la verdadera literatura, ahí está la vida, ahí está aquello que justifica el seguir transitando por este camino de desdicha y sabores amargos. Lo importante, lo esencial, vive en esos pequeños hechos, en estas líneas sin importancia, en este espacio, en ese sitio que creamos para volcar nuestras almas y al que están invitados todos aquellos que se sientan como nosotros, como vos y yo en este momento. Y no te inquietes por ellos, por esos conceptos que nos implantaron y nos gritan de noche robándose nuestro sueño, recuerda que son un trámite, un trámite que nos propusimos realizar para usarlos, a ellos, a fin de que quizás algún día las cosas cambien. Somos como Arlt vendiendo sus palabras para que sirvan de papel higiénico.

     De momento me encuentro escribiendo, como no escribí nunca en mi puta vida, una vez más eso se lo debo a usted. Y fíjese si no es reconciliante y reconfortante la literatura que desde que me senté a escribir (de corrido como hace meses no sucede) he olvidado el infernal e incesante dolor de muela que me atormenta desde este mediodía. Usted sabe, por experiencia, que un diente podría ser arrancado de raíz a la suerte de un puñal, al igual que podríamos extirparnos esos conceptos implantados de raíz; pero la literatura no puede arrancarse del alma ni del corazón. Espero mi respuesta le sirva de algo. Y sino, sabe usted que lo visitaré en el exilio, también sabe que tampoco debe insistir demasiado, porque quizás lo acompañe en el exilio. Pero supongo que debemos quedarnos en esta tierra, porque hay una batalla que dar, y si bien soldado que huye sirve para otra guerra, los soldados de la literatura en realidad sirven para aplacar una guerra. Pero acá no hay nada que aplacar, ya no son horas para firmar ninguna negociación diplomática, son horas de ir a la batalla, a la batalla contra ellos, contra quienes no paran con la espada de la lógica de matar a los poetas, a la literatura, al pensamiento, a la filosofía, a su prójimo y al mundo en general.            

     Como siempre disculpe la extensión, pero esta vez es culpa suya, es culpa suya por haberme dado letra.

     Saludos y gritos de batalla.

     Tu otro yo.


logo-maquina-fervor-finalizado-circulo

 

Revista Fervor de Bahía Blanca © Todos los derechos reservados.

foto-fervor-3

 

 

By Augusto Morelli– (F.M.)

Otras publicaciones del mismo autor

#‎AugustoMorelliFM‬

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s