¡Sáquenme de acá! (El eterno retorno) – [Un cuento de Nicolás A. Scarponi]

“Un corazón que está tan lleno como un vertedero.
Un trabajo que lentamente te mata, heridas que no sanarán. 

Te ves tan cansado e infeliz. (…) Ellos no hablan por nosotros.

Llevaré una vida tranquila, un apretón de manos de monóxido de carbono.

Este es mi último espasmo, mi último dolor de estómago.

Sin alarmas y sin sorpresas, por favor…”.

“No Surprises” – Radiohead 

     e

-Otra vez estoy acá. Otra vez acá… otra vez donde nunca elegí estar. ¿O sí? ¿Lo elegí realmente? ¿Elegí estar acá? Ya no lo sé, ya ni lo recuerdo. Pero acá estoy, y ya no soy un pibe. Mi irradiante barba es mi carcelera y ya no me permite disimular mi edad. Ya estoy grande… los segundos me pesan cada vez más; ya se me notaba que de durar la cosa unos minutos más, no sé si hubiese llegado hasta el final exhibiendo la misma intensidad que la del arranque. Pero por suerte llegué corriendo a la última etapa al igual que lo hice desde el mismísimo inicio del universo. Y no van a poder decir nada.

     -Y si no corrés hasta el final ya sabés lo que van a decir. Bueno y si corrés también y si hacés cuatro en una noche, o si simplemente habilitás a un compañero para el gol que vale el campeonato, ya sabés de antemano qué van a decir. ¡Encima hoy tampoco cantaste el himno!

     -¡Sabés que lo hago a propósito, sabés que no lo canto para darles el gusto! Decían que no lo canto y que no siento la camiseta, entonces que sea cierto: no lo canto. Pero eso ya no me preocupa, mi mayor preocupación es que ya estoy grande. Supongo entonces que eso significa que debería ser hoy. HOY TIENE QUE SER.

     -¿Estás seguro que tiene que ser hoy? ¿Y si hoy es como siempre? De hecho esto se está poniendo como siempre, de hecho esto se puso como siempre desde el minuto ’45. ¿Sos tan ingenuo de no haberte dado cuenta?

     -¿Hoy va a ser como siempre? ¿Por qué estoy acá, quién me mandó a estar acá? ¿Por qué me tocó a mí ser quien soy, si lo único que deseé de pequeño fue correr toda mi vida detrás de la pelota, pero sólo por amor al fútbol?

     -¿No te acordás? ¿Realmente no te acordás de la promesa? ¿Realmente no recordás tus deseos? Aquel día en que anhelaste dejar todo a cambio de ser el mejor. Vos querías ser el mejor jugador del mundo: y he aquí contigo y conmigo, tú y yo, el mejor y el peor jugador del mundo a punto de definir un penal; a punto de definir el destino de un equipo, a punto de definir tu destino y el mío. ¿Ahora me vas a venir a decir que nunca quisiste estar acá? Lo peor de todo es que ya sabés cuál fue la promesa. Ya sabés cuál va a ser el resultado de hoy. Es inevitable.

     -¿Pero por qué yo? ¿En qué momento acepté tu oferta?

     -No te preocupes y pateá, es simple, además ya sabés cómo se resolverán las cosas: ya estaba escrito. Y de última, en el peor de los casos, tendrás que decir que “se intentó y que no se pudo”, “que dieron lo mejor”, “que sufrís mucho por esta derrota”. Bueno ya sabemos lo de siempre.

     ¿Pero por qué a mí? O sea, quiero decir… siempre supe cómo se iban a dar las cosas, acepté mi destino de entrada, o no supe ver en aquel entonces qué se escondía detrás de todo lo que estaba aceptando. Pero por qué esta vez nuestro infausto destino va a depender de mí botín, ¿no te parece demasiado?, ¿no te resulta torturante?

     Nada es demasiado para el máximo goleador de la selección, nada es demasiado para el mejor jugador del mundo, nada es demasiado para quien lleva 882 goles en 976 partidos. Dale pateá. Hacelo rápido y es más fácil, es lo que te toca, cumplí con tu parte del trato. O en todo caso hacé algo para torcer tu destino. ¿Por qué no fuiste a gritar al vestuario? ¿Por qué no te calentás loco? ¿Por qué no rompes todo? ¡Sos el capitán! ¿Por qué no fuiste en el entretiempo y le dijiste a tu apañado Martino que otra vez estaban haciendo lo mismo? Tenés que ser más irreverente, más irrespetuoso. ¿Qué te importa a vos que ese tipo haya sacado campeón a Newell’s? Eso quedó en la historia, eso es tiempo pasado. La realidad hoy es que él ni siquiera pudo sacar campeón al mejor equipo del mundo (y esto vos lo sabes mejor que yo) y con los mejores jugadores en cancha de todo el planeta. Si él no pudo con el Barcelona, menos va a poder con este equipo condenado a la desdicha. Y bueno tenemos que sumar a toda la tragedia griega, nuestro problema, ¿verdad? Además qué querés hacer vos con Funes Mori en el fondo, ese tipo tiene que estar jugando en Banfield, qué querés vos también con el hielo de Kranevitter, vos viste cómo le temblaban las patas a ese pibe cuando entró. Martino está cagado, sabe la que se le viene, sabe que lo que venía a continuación era la remake de la anterior final. Y no hizo nada para truncar ese destino, se quedó observando y contemplando, tiritando de frío como un ñiñito abandonado en medio de la noche helada. Se quedó mirando la película como un actor de reparto, como el narrador que le falta a este cuento. Esos tipos son incapaces de agarrar su historia y hacerla propia, loco, vos sos el encargado de construir la historia, vos tenés que ser el autor de este triste cuento, tenés que ser el narrador protagonista, que dejen los demás de hablar por vos, empezá a calentarte, poné el grito en el cielo, dejá de susurrar y empezá a gritar, así vas a truncar tu destino, y sino resignate al nuestro.

     -¡No puedo, ya sabés cómo soy! ¡Sabés que no me sale ser así! Sabés que todo sería más fácil si fuera un sorete engreído como Maradona o como Cristiano Ronaldo que piensa que es Aquiles o algún semidios de la mitología griega. Encima Maradona dijo: “Que no vuelvan”. ¿Y él cómo carajo hizo para volver después del 4-0 con los alemanes? Después de todo al menos Martino entendió que Otamendi jugaba de central y no de lateral por derecha.

     -Sí es cierto, pero pensá que tu entrenador está haciendo lo mismo que hizo Maradona, con ese jugador que llevó a comprar alfajores y souvenirs en Sudáfrica a partir del sueño místico que tuvo, convocando a ciertos jugadores que sólo están acá en Estados Unidos para hacer compras en el free shop.

-¡Sáquenme de acá! No quiero vivir esto de nuevo, no voy a soportar ninguna más de estas encrucijadas.

     -Vos ya sabés cuál fue el trato, vos ibas a ser Lionel Messi, el mejor jugador del mundo, estadísticamente mejor que el mismísimo Diego Armando Maradona, un artista del fútbol, vos ibas a ser el máximo jugador dentro del fútbol europeo, vos sos pura forma, pero él es fondo puro. A cambio de todo eso, y tal como las leyes de la alquimia lo demandan a partir del intercambio equitativo, ibas a darme a mí el alimento de tu fracaso en un lugar determinado: nada más ni nada menos que el lugar en donde más te hubiese gustado triunfar. Ser el mejor jugador de todos los tiempos tiene un precio muy alto. Implica ser el mejor de todos los tiempos en el tiempo, espacio y lugar en que en verdad no te importa serlo. Ser el mejor jugador de todos los tiempos implica un fracaso absoluto en ese ámbito o término en que más añorás triunfar y destacarte, y ese es mi alimento, TU FRACASO, y es a la vez el alimento del que se nutre el otro Messi o sea vos, el Messi que sólo conoce la perfección y la victoria.

     -Yo nunca hice ese trato, nunca decidí resignar una parte fundamental de mí sólo por alcanzar una pequeña meta.

     -Y yo tampoco nunca quise ser el Messi de las victorias, el Messi que se alimenta de los fracasos de aquel Messi de las derrotas. Dale… pateá el penal. Patealo con bronca, desquitate con la pelota. Mirá con qué miedo te observa ese arquero de verde, ¡pobre infeliz! No sabe ni tiene la más remota idea de que el penal lo vas a patear vos y no yo.

***

     -Finalmente, ya lo hice…

     …En verdad justamente no lo hice. ¿Y ahora qué hago?… no me puede estar pasando esto otra vez: no puedo estar nuevamente definiendo una final por penales, no puedo ser yo quien haya malversado el primer tiro, el tiro fundamental. ¿Qué mierda voy a hacer ahora? ¡¡¿Qué mierda voy a hacer con vos?!!

     -Nada podés hacer conmigo, porque soy tu DESTINO. Tu inevitable DESTINO.

     -Voy a encerrarte y vas a morir de hambre imbécil. Voy a dejar de jugar en la selección y ya no te vas a poder alimentar más de mis frustraciones. ¡Y voy a renunciar a todo lo que me diste! ¡Voy a abandonar el rol del mejor jugador del mundo! ¡Voy a renunciar a los triunfos en las mejores ligas de clubes del mundo! Y una vez que estés encerrado y muerto, entonces voy a volver a la celeste y blanca, y una vez que estés muerto (y solamente entonces) sólo quedaré yo, y mi alimento será tu fracaso. Yo me voy a alimentar de tu fracaso. ¡Voy a triunfar entonces en el único lugar en que verdaderamente toda mi vida me importó hacerlo! Será por única vez y entonces voy a alzar con tus manos la copa del mundo, voy a correr detrás de ella como un perro, como he corrido hasta el día de hoy. Será entonces el ocaso de los ídolos. Entonces estaré unido a la celeste y blanca por el amor, porque hoy por hoy no nos une el amor sino el espanto, y será por eso que la quiero tanto.

     -Dale, quisiera verte hacer todo eso, pero no creo que lo logres… ¡Si sos un cagón! ¡Un amargo! ¡Un pecho frío! Tienen razón ellos cuando dicen todo lo que dicen…

     …¡NO, pará! ¡No llorés, que se van a dar cuenta! ¡No digas que vas a dar un paso al costado de la selección! ¡Callate que nos vas a arruinar a los dos! ¡Vas a tirar todo por la borda, por un puto deseo de mierda! ¡Por un sueño miserable! ¡¿Vas a entregar todo por salir campeón alguna vez con la camiseta de esa selección inmunda, perteneciente a un país que te desprecia?! ¡¿Por la selección de la tierra que te envió al exilio a los 14 años?!

     “Sí…”

     “…voy a dejar todo por un solo instante de victoria con esa selección. Y lo voy a hacer así me cueste sangre, sudor y lágrimas… ¡Sudor ya me ha costado, y lágrimas también, sólo queda la sangre! ¿Qué pasa Messi, estás asustado? ¡¿Estás espantado?! ¡¡Entonces nos une el espanto!!… Y si a nosotros dos nos une el espanto entonces a mí y a ella (a la blanquiceleste) nos une el amor. Será por eso que la quiero tanto; por el destino de tragedia que nos une, por el destino de tragedia que desde que el mundo es mundo le corresponde vivir a un país latinoamericano, por el destino de tragedia que le toca vivir a un jugador de fútbol latinoamericano que tiene que luchar todos los días contra sí mismo y contra cuarenta y cuatro millones de habitantes que juegan en teoría para su mismo equipo”.

     Exactamente ésas, y no otras, fueron mis últimas palabras en el marco de esta reciente historia que acabo de contarles, y que a pesar de  la ausencia de narrador, es la historia de mi vida: y acaba de sucederme. Una suerte de eterno retorno Nietzscheano. No se preocupen, para consuelo de todos aquellos que no me juzgan y que conocen el destino de desdicha del ser argentino, sepan que eso de que voy a renunciar y dejar la selección lo dije en caliente, y lo dije para matarlo a él y dejarlo atrás y encarcelado para siempre dentro mío. Eso es lo que quieren ellos. Pero ya les di el gusto con el himno, y no voy a cometer el mismo error dos veces. En adelante no pienso afeitarme y mi barba será en el próximo torneo el mismísimo y auténtico reflejo de mi sabiduría y mi talento y de esta nueva versión de mí. Esta nueva versión de mí en que no habla él, en que no hablan quienes no me conocen, en que no hablan ellos; un relato en que sólo hablo yo: Lionel Messi, el mejor y el peor jugador de fútbol de todos los tiempos. ¿Cuál es la distancia entre estas dos aristas dicotómicas? Simplemente, doce pasos, y un tiro malogrado.


 By Nicolás Alejandro Scarponi – (F.M.)

Otras publicaciones del mismo autor: #NicolásAlejandroScarponiFM

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Un pensamiento en “¡Sáquenme de acá! (El eterno retorno) – [Un cuento de Nicolás A. Scarponi]

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