Los 20 escritores más destacados de la historia de la literatura argentina

  e   Letra Y

ea son un clásico en Revista Fervor de Bahía Blanca nuestras listas y rankings sobre literatura, cine y música. En esta ocasión, haciendo honor a dicha cuestión que nos caracteriza y en conmemoración del Bicentenario de nuestra Independencia (hecho que también dio origen a nuestros 200 años de Literatura argentina), hemos decidido confeccionar un listado que nos permita tener una perspectiva aproximada en función a los más destacados escritores argentinos, que a lo largo de la historia y desde siempre, han sabido retratar la esencia de la prosa y la poética de la tradición nacional, si es que existe tal tradición.

     Fieles a nuestro estilo, para confeccionar la lista definitiva hemos recurrido al sufragio popular, para dicha empresa fuimos en busca de amigos, lectores y afectos cercanos a nuestra revista, gente vinculada desde siempre de una u otra manera al mundo de la literatura y que a partir de dicha circunstancia han desarrollado un amplio criterio ya sea por su profesión u afición a la misma: escritores, profesores, licenciados, estudiantes y lectores. Hemos decidido también acompañar a cada autor mencionado con alguna cita, algún poema, o algunas líneas significativas pertenecientes a sus respectivas obras literarias. (Tranquilos que cada uno de estos fragmentos y citas han sido seleccionados de los libros de nuestra biblioteca personal, no podemos ni queremos darnos el gusto, tal y como lo ha hecho el PRO, de contar con el aporte del Archivo de la Nación a fin último de citar mal a nuestros autores nacionales, producto de nunca haberlos leído).

     Jorge Luis Borges en “El escritor argentino y la tradición” se muestra escéptico en torno a la existencia del problema de una tradición nacional sobre la que se sustente la Literatura argentina. Borges denuncia que no hay una tradición a la que el autor deba acogerse y dice: “Los nacionalistas simulan venerar las capacidades de la mente argentina pero quieren limitar el ejercicio poético de esa mente a algunos pobres temas locales, como si los argentinos sólo pudiéramos hablar de orillas y estancias y no del universo”.
De no existir tal tradición, y creemos quizás que así sea, debe existir entonces aunque no demos cuenta de ella: una esencia. Esa esencia estaría dada por la fusión atómica del polvo estelar de cada uno de los autores y autoras que han sido mencionados en esta lista (así como también de aquellos otros igualmente destacados que por una u otra razón han quedado fuera, pero que forman parte de ese cóctel explosivo que nos da una identidad única y un único rostro) y que le han otorgado a nuestra expresión literaria un carácter universal y trascendental que ha ido más allá de nuestros confines. Estos hombres y mujeres de letras configuran ese crisol único y auténtico que nos permite y nos ha permitido sustentar doscientos años de historia, doscientos años de independencia, doscientos años de literatura; a pesar de que tal vez, y en los términos en que alguna vez lo plantearon Sabato o Borges: nuestro destino nacional sea el de la desdicha. La inexistencia de una tradición no es causal de la inexistencia de una esencia común y auténtica que nos define a pesar del peso del tiempo.

    ¡Sí, las famosas listas! Ya sabemos que todo el mundo las odia, las aborrece y desprecia, pero aun así, ¡nunca pasan desapercibidas! Si bien por lo general son injustas, tienen la virtud de revolver aquellos rincones en busca de la memoria dormida y, por qué no, en busca de despertar la tan afable incomodidad, la incomodidad suscitada no sólo en los receptores de la lista, sino también en aquellos encargados de realizarla, tal y como consideraba Nietzsche, “lo que valen son las pequeñas acciones inconformistas”. Incomodidad e inconformismo, son la clave de la acción.

Sin más preámbulos y con ustedes la lista…

 

1) Jorge Luis Borges (1200 pts.)

 

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Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

El hacedor – “Arte poética” – Jorge Luis Borges

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2) Julio Cortázar (625 pts.)

 

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          Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impulso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es un orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en perjuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos.

Rayuela – Julio Cortázar

     Y naturalmente no podían ver los agujeros, y estaban muy seguros de sí mismos, convencidísimos de sus jeringas, sus recetas, su maldito psicoanálisis, sus no fume y sus no beba…

     (…) -Lo que pasa es que se creen sabios- dice de golpe-. Se creen sabios porque han juntado un montón de libros y se los han comido. Me da risa, porque en realidad son buenos muchachos y viven convencidos de que lo que estudian y lo que hacen son cosas muy difíciles y profundas. En el circo es igual, Bruno, y entre nosotros es igual. La gente se figura que algunas cosas son el colmo de la dificultad, y por eso aplauden a los trapecistas o a mí. Yo no sé qué imaginan, que uno se está haciendo pedazos para tocar bien, o que el trapecista se rompe los tendones cada vez que da un salto. En realidad las cosas verdaderamente difíciles son otras tan distintas, todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento. Mirar, por ejemplo, o comprender a un perro o a un gato. Ésas son las dificultades, las grandes dificultades. Anoche se me ocurrió mirarme en este espejito, y te aseguro que era tan terriblemente difícil que casi me tiro de la cama. Imagínate que te estás viendo a vos mismo; eso tan sólo basta para quedarse frío durante media hora.

Las armas secretas – “El perseguidor” – Julio Cortázar

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3) Roberto Arlt (625 pts.)

 

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     No le pide nada a usted el cuerpo, querido lector. Pero ¿en dónde vive? ¿Cree usted acaso, por un minuto, que los libros le enseñarán a formarse “un concepto claro y amplio de la existencia”? Está equivocado, amigo; equivocado hasta decir basta. Lo que hacen los libros es desgraciarlo al hombre, créalo. No conozco un solo hombre feliz que lea. Y tengo amigos de todas las edades. Todos los individuos de existencia más o menos complicada que he conocido habían leído. Leído, desgraciadamente, mucho. Si hubiera un libro que enseñara, fíjese bien, si hubiera un libro que enseñara a formarse un concepto claro y amplio de la existencia, ese libro estaría en todas las manos, en todas las escuelas, en todas las universidades, no habría hogar que, en estante de honor, no tuviera ese libro que usted pide. ¿Se da cuenta?

     No se ha dado usted cuenta todavía de que si la gente lee, es porque espera encontrar la verdad en los libros. Y lo más que puede encontrarse en un libro es la verdad del autor, no la verdad de todos los hombres. Y esa verdad es relativa… esa verdad es tan chiquita… que es necesario leer muchos libros para aprender a despreciarlos.

Aguafuertes porteñas – “La inutilidad de los libros”/No le pide nada el cuerpo…

     Si usted quiere formarse “un concepto claro” de la existencia, viva. Piense. Obre. Sea sincero. No se engañe a sí mismo. Analice. Estúdiese. El día que se conozca a usted mismo perfectamente, acuérdese de lo que le digo: en ningún libro va a encontrar nada que lo sorprenda. Todo será viejo para usted. Usted leerá por curiosidad libros y libros y siempre llegará a esta fatal palabra terminal: “Pero si esto lo había pensado yo ya”. Y ningún libro podrá enseñarle nada.

     Salvo lo que se han escrito sobre esta última guerra. Esos documentos trágicos valen la pena conocerlos. El resto es papel…

Aguafuertes porteñas – “La inutilidad de los libros”/Concepto claro

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4) Adolfo Bioy Casares (196 pts.)

 

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     La cocinera dijo que no se casó porque no tuvo tiempo. Cuando era joven trabajaba con una familia que le permitía salir dos horas cada quince días. Esas dos horas las empleaba para ir en el tranvía 38, hasta la casa de unos parientes, a ver si habían llegado cartas de España, y volver en el tranvía 38.

“Una vida” – Adolfo Bioy Casares

     “La gente fuerte se abre camino sola. De joven yo no me sentía solidario con los jóvenes; la juventud no era una categoría que me interesara (sí la inteligencia, la iniciativa, la belleza). Los otros días vi en el cine a una chica rubia y linda que besaba cariñosamente a un viejo y pensé: “Qué simpática (ojalá yo tuviera una así).” Lo que pasa es que ahora hago causa común con los viejos. Los débiles necesitan agremiarse”.

Historias desaforadas – Adolfo Bioy Casares

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5) Ernesto Sabato (178 pts.)

 

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     “Mientras volvía a mi casa profundamente deprimido, trataba de pensar con claridad. Mi cerebro es un hervidero, pero cuando me pongo nervioso las ideas se me suceden como en un vertiginoso ballet; a pesar de lo cual, o quizá por eso mismo, he ido acostumbrándome a gobernarlas y ordenarlas rigurosamente; de otro modo creo que no tardaría en volverme loco”.

El túnel – Ernesto Sabato

     “En cualquier caso, el que leyere puede tener la certeza de que no está frente a gratuitas o ingeniosas ideas o doctrinas, sino frente a cavilaciones de un escritor que encontró su vocación duramente, a través de ásperas dificultades y peligrosas tentaciones, debiendo elegir su camino entre otros que se le ofrecían en una encrucijada, tal como en ciertos relatos infantiles, sabiendo que uno y sólo uno conducía a la princesa encantada. Leerá, en fin, las cavilaciones de un escritor latinoamericano, y por lo tanto las dudas y afirmaciones de un ser doblemente atormentado. Porque si en cualquier lugar del mundo es duro sufrir el destino del artista, aquí es doblemente duro, porque además sufrimos el angustioso destino de hombre latinoamericano”.

Prólogo a El escritor y sus fantasmas – Ernesto Sabato

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6) Macedonio Fernández (66 pts.)

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Con rosas apartaré de tu camino

La hora pálida. A Muerte

Daréle a morder de sus pétalos mortales un día y otro.

Quizás logre que así

Ella olvide tener hambre de tus mejillas.

Dura visión: en boca de la Muerte mordidas rosas

Pero será así que su mirada

Lejos de ti pondrá.

Adriana Buenos Aires – “II. Mujeres entre flores”/Por que no mueras

Amor se fue; mientras duró
de todo hizo placer.

Cuando se fue
Nada dejó que no doliera.

Adriana Buenos Aires – “I. Adriana Buenos Aires”/Amor se fue

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7) Oliverio Girondo (58 pts.)

 

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Las notas del pistón describen trayectorias de cohete, vacilan en el aire, se apagan antes de darse contra el suelo.

Salen unos ojos pantanosos, con mal olor, unos dientes podridos por el dulzor de las romanzas, unas piernas que hacen humear el escenario.

La mirada del público tiene más densidad y más calorías que cualquier otra, es una mirada corrosiva que atraviesa las mallas y apergamina la piel de las artistas.

Hay un grupo de marineros encandilados ante el faro que un maquereau tiene en el dedo meñique, una reunión de prostitutas con un relente a puerto, un inglés que fabrica niebla con sus pupilas y su pipa.

La camarera me trae, en una bandeja lunar, sus senos semi-desnudos… unos senos que me llevaría para calentarme los pies cuando me acueste.

El telón, al cerrarse, simula un telón entreabierto.

20 poemas para ser leídos en el tranvía – “Café concierto” – Oliverio Girondo

e

8) Silvina Ocampo (57 pts.)

 

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Nube que miras en lo alto del cielo
mi condición humana y modificas
las formas de tu cuerpo y de tus caras:
si alguna vez he visto deshacerse
tu cuerpo de caballo o de sirena,
tus ojos y tu pelo cruel de Erinia,
tus vírgenes perdidas con un ángel
entre las sombra de una playa inmensa,
el velero que se hunde en la tormenta
o un frágil ciervo entre las rosas de oro
de un antiguo poniente indescifrable;
si alguna vez he visto desmembrarse
un reino donde no gobierna nadie,
un templo en que quedaron misa rodillas
prosternadas al pie de un muro blanco,
tan blanco que hasta el sol pierde su faz,
sabrás que sos mi lecho cuando duermo,
que tus lecciones de metamorfosis
he querido seguir hasta la muerte
entregándote toda mi esperanza.

“Lecciones sobre la metamorfosis” – Silvina Ocampo

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9) Ricardo Piglia (39 pts.)

 

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“(…) Los muertos y los amigos (vos entre ellos) se me aparecen en los sueños. Así son las cosas en esta época: para encontrarse con la gente que uno quiere hay que dormir”.

“(…) PS. A veces (no es joda) pienso que somos la generación del ’37. Perdidos en la diáspora. ¿Quién de nosotros escribirá el Facundo?”.

Respiración artificial – Ricardo Piglia

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10) Abelardo Castillo (34 pts.)

 

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Antes que yo, dos hombres han sentido

el sagrado pavor de los espejos.
No soy yo, es mi miedo lo que mido
con esos dos, tan altos y tan lejos.

Poe y Borges supieron de esta rara
maldición de la luz: la que duplica
el horror paulatino de mi cara
que en vejez, tiempo y muerte se disipa.

Dios debiera velarnos a estos jueces
de la ruina del alma y de sus grietas.
Ya es pecado morir, por qué mil veces
matarse entre cristales y aguas quietas.

Por eso no hay espejos en mi casa.
En la pared, un gran dibujo intenta
fijar mi antigua cara. El tiempo pasa
y me asesina sin que yo lo sienta.

“Espejos” – Abelardo Castillo

e

11) Manuel Puig (33 pts.)

Manuel Puig

«-“¿Maldición eterna a quién? ¿al policía que descubriese y leyese estas páginas?

-…

-¿Maldición eterna a cualquiera que las lea con malos ojos, con ojos de policía?

-La policía ayuda a la gente. Detiene el tráfico cuando pasa mi silla de ruedas”.»

“Maldición eterna a quien lea estas páginas” – Manuel Puig

e

12) Alejandra Pizarnik (32 pts.)

Alejandra Pizarnik

Dice que no sabe del miedo de la muerte del amor

dice que tiene miedo de la muerte del amor

dice que el amor es muerte es miedo

dice que la muerte es miedo es amor

dice que no sabe

“20” Árbol de Diana.

Son mis voces cantando

para que no canten ellos,

los amordazados grismente en el alba

los vestidos de pájaro desolado en la lluvia

(…) Y cuando es de noche, siempre

una tribu de palabras mutiladas

busca asilo en mi garganta,

para que no canten ellos,

los funestos, los dueños del silencio.

“Anillos de ceniza”.

e

13) Juan José Saer (30 pts.)

Juan José Saer

     “Visto desde fuera, es un anciano apacible y limpio, vestido con sencillez y que, como tantos otros habitantes de la ciudad, toma su desayuno en un café de Buenos Aires. Por dentro, sin embargo, cada mañana, durante unos pocos minutos, a causa de esa asociación inconsciente a cuya repetición puntual ya se ha resignado después de tantos años, se dan cita, en la zona clara de su mente, todas las masacres del siglo”.

“Con el desayuno” – Juan José Saer

e

14) José Hernández (28 pts.)

José Hernández

“(..) Que no se trabe mi lengua

ni me falte la palabra-

el cantar mi gloria labra,

y poniéndome a cantar,

cantando me han de encontrar

aunque la tierra se abra.

(… ) Me siento en el plan de un bajo

a cantar un argumento-

como si soplara un viento

hago tiritar los pastos-

con oros, copas y bastos

juega allí mi pensamiento”.

Martín Fierro – “La ida” – José Hernández

e

15) Esteban Echeverría (27 pts.)

Esteban Echeverría

“A pesar de que la mía es historia, no la empezaré por el arca de Noé y la genealogía de sus ascendientes como acostumbraban hacerlo los antiguos historiadores españoles de América, que deben ser nuestros prototipos. Tengo muchas razones para no seguir ese ejemplo, las que callo por no ser difuso. Diré solamente que los sucesos de mi narración pasaban por los años de Cristo de 183… Estábamos, a más, en cuaresma, época en que escasea la carne en Buenos Aires, porque la Iglesia, adoptando el precepto de Epicteto, sustine, abstine (sufre, abstente), ordena vigilia y abstinencia a los estómagos de los fieles a causa de que la carne es pecaminosa (…) “.

El matadero – Esteban Echeverría

e

16) Leopoldo Lugones (25 pts.)

Leopoldo Lugones

“Al promediar la tarde de aquel día,

Cuando iba mi habitual adiós a darte,

Fue una vaga congoja de dejarte

Lo que me hizo saber que te quería.

(…) Que nuestros labios suspiraron quedos…

Y tu alma estremecíase en tus dedos

Como si se estuviera deshojando”.

“Alma Venturosa” – Leopoldo Lugones

e

17) Marco Denevi (23 pts.)

Marco Denevi

“(…) Todos sus instintos despiertan bruscamente. Se abalanza sobre las plantas y empieza a talar, a cortar y a comer. Se da un atracón. Después, relamiéndose, decide volver al Gran Hormiguero con la noticia. Busca a sus hermanas, trata de explicarles lo que ha visto, grita: “Arriba… luz… jardín… hojas… verde… flores…” Las demás hormigas no comprenden una sola palabra de aquel lenguaje delirante, creen que la hormiga ha enloquecido y la matan”.

Falsificaciones – “La hormiga” – Marco Denevi

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18) Alfonsina Storni (22 pts.)

Alfonsina Storni

Hombre pequeñito, hombre pequeñito,

suelta tu canario que quiere volar…

yo soy el canario, hombre pequeñito,

déjame saltar.

Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,

hombre pequeñito que jaula me das.

Digo pequeñito porque no me entiendes,

ni me entenderás.

Tampoco te entiendo, pero mientras tanto

ábreme la jaula que quiero escapar;

hombre pequeñito, te amé media hora,

no me pidas más.

“Hombre pequeñito” – Alfonsina Storni

e

19) Domingo Faustino Sarmiento (21 pts.)Domingo Faustino Sarmiento

     “El primer acto administrativo de Rosas fue quitar a las escuelas de hombres y mujeres de Buenos Aires, las rentas con que las halló dotadas por el Estado; haciendo otro tanto con los profesores de la Universidad, no teniendo pudor de consignar en los mensajes el hecho de que aquellos ciudadanos beneméritos continuaban enseñando por patriotismo y sin remuneración alguna. Los estragos hechos en la República Argentina por aquel estúpido malvado, no se subsanarán en medio siglo; pues no sólo degolló o forzó a expatriarse a hombres de luces que contaba el país, sino que cerró las puertas de las casas de educación, porque tiene el olfato fino y sabe que las luces no son el apoyo más seguro de los tiranos”.

Recuerdo de Provincia – Domingo Faustino Sarmiento

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20) Rodolfo Walsh (20 pts.)

Rodolfo Walsh

     “(…) Estaba viendo el 32 descargado sobre el escritorio, para que Luzati lo manoteara a último momento y hasta apretara el gatillo cuando el viejo le apuntó. Y lo fácil que fue después abrir el tambor y volver a cargarlo, sin sacarlo de las manos del muerto, que era donde debía estar.
Estaba viendo todo, pero si pasaba un rato más ya no iba a ver nada, porque no quería ver nada. Aunque al fin me paré y le dije:
– No sé lo que va a hacer usted, doctor, pero he estado pensando en lo difícil que es ser un comisario y lo difícil que es ser un juez. Usted dice que este hombre quiso asaltarlo y que usted lo madrugó. Todo el mundo le va a creer y, yo mismo, si mañana lo leo en el diario, es capaz que lo creo. Al fin y al cabo, es mejor que ande suelto un asesino, y no una ruedita de la compasión”.

“En defensa propia” – Rodolfo Walsh

e

Otros escritores mencionados:

21) César Aira (19 pts.)

22) Manuel Mujica Láinez (17 pts.)

23) Leónidas Lamborghini (15 pts.)

24) Leopoldo Marechal (13 pts.)

25) Juan Gelman (11 pts)

26) Antonio Di Benedetto (10 pts.)

27) Tomás Eloy Martínez (9 pts.)

28) José Bianco (7 pts.)

29) Roberto Fontanarrosa (6 pts.)

30) Roberto Juarroz (5 pts.)

31) Rodolfo Fogwill (4 pts.)

32) Mempo Giardinelli (4 pts.)

33) Haroldo Conti (3 pts.)
34) Héctor Germán Oesterheld (3 pts.)
35) María Elena Walsh (2 pts.)
36) Griselda Gambaro (2 pts.)
37) Beatriz Sarlo (1 pts.)
38) Liliana Heker (1 pts.)
39) Esther Díaz (1 pts.)
40) Guillermo Martínez (1 pts.)

 


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7 pensamientos en “Los 20 escritores más destacados de la historia de la literatura argentina

  1. De los veinte, no conocía a Castillo ni a Saer, y después de los veinte, a ocho o diez. Gran sorpresa ver a Fontanarrosa; acá en México yo lo seguía semanalmente en la tira cómica que publicaba la revista Proceso: “Boogie el Aceitoso”, fabulosa. Luego busqué en librerías a “Inodoro Pereira”, también excelente. La lista me sirvió y estoy seguro que le interesara a mi sobrino y sus amigos, admiradores de la música (García, Páez etc.) y la literatura argentina. Como yo. Un saludo.

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  2. Esteban, muchas gracias por tu comentario y tu análisis. Es una lista que, más allá de no tener la verdad absoluta, sirve como referencia para comprender un poco la historia de la literatura argentina. Nos enorgullece saber que desde México admiran nuestra cultura, y nos gustaría que quizás ustedes desde allá nos puedan ofrecer alguna lista en torno a los escritores de su tierra. Qué mejor valoración que la de un compatriota. En lo personal admiramos muchísimo a Carlos Fuentes, quizás el equivalente mexicano en la literatura fantástica, de Julio Cortázar.
    Gran Abrazo desde Argentina.

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