Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia

“¿Y conseguiste lo que querías de esta vida, a pesar de todo?

Sí, lo conseguí.

¿Y qué era lo que querías?

Considerarme amado, sentirme amado en la tierra”.

Raymond Carver – Último Fragmento.

     A la salida de la sala del cine fue cuando tuve espacio para recaer sobre la audacia de la propuesta de lo que había visto. Y es eso, precisamente, lo que necesita un creador para desarrollar una idea semejante. Porque más allá de la destreza y la pericia, se necesita de tal virtud para ponerlo todo en juego, y aventurarse a la sorpresa de propios y ajenos. El exponerse al posible rechazo de los admiradores y escarnio de los detractores. Y es esto, lo que puede destacarse en la obra en cuestión. Birdman_Intl_Camp_B_1ShtBirdman, la película dirigida y escrita por el autor mejicano Alejandro González Iñárritu, con la contribución de Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris Jr. y Armando Bo en la redacción del guión, y con una estupenda fotografía a cargo del reconocido director Emanuel Lubezki (colaborador habitual del director Terrence Malick), quienes construyen una obra de enorme calidad. En Birdman, se encaró la dificultosa tarea de rodar la película empleándose planos de larga duración cuidadosamente unificados a partir de un delicado montaje, que permite generar con ello la sensación primera de no tener cortes. Con este vuelo estético, el director mexicano deja entrever la influencia que posee en su obra de autores como Tarkovsky u Öphuls, quienes fueron maestros en el empleo de estas técnicas.
No resulta un dato menor el realizar un rodaje de este tipo, ya que exige un máximo de concentración por parte del equipo de actores, los que, ante el más nimio de los errores pueden acarrear a la necesidad de reiterar una escena completa.
La plantilla cuenta con actores de renombre, tales como Michael Keaton, Edward Norton, Zach Galifianakis, Naomi Watts, Andrea Riseborough, Emma Stone, Amy Ryan, entre otros, quienes cumplen con el difícil rol de interpretar aquello que podría bien ser parte de su día a día o por qué no el de algún amigo o colega, teniendo la compleja tarea de exhibir el costado más vulnerable u oculto de las estrellas del espectáculo. Pese a lo exigente de esta empresa, se puede decir que las performances de los actores resultan de lo más sobresalientes y que han salido más que airosos de tal exigencia.
La música utilizada es de carácter minimalista, y consta casi en la totalidad del filme de percusiones. La elección de tal ejecución muestra una gran perspicacia por parte de los creadores, ya que contribuye de modo decisivo a la atmósfera bifronte (realidad/ficción) que se forja intencionadamente, teniendo en todo momento una intervención activa en el relato mismo y que, como máxima expresión de ello, se nos presenta en más de una escena, al propio músico en persona tocando, contribuyendo con esta forma alegórica al juego de distorsión de los límites de la realidad que detallaré en lo sucesivo.

     Procuraré luego, de este somero análisis formal, abordar algunos de los variados tópicos plasmados, que hacen al fondo de lo planteado en esta historia. Desde el comienzo, y con el extracto de la obra teatral de Carver (transcripto al encabezar este texto), queda expuesta la noción de una búsqueda, que podría resumirse en la siguiente cuestión: ¿cuál es móvil último de nuestras vidas? Dicha pregunta será la base sobre la que iremos cimentando las diversas nociones que la cinta nos irá aportando.
La siguiente imagen que se nos impondrá es la caída de un cuerpo celeste que desciende lentamente en el cielo. Este plano funcionará como un vaticinio, o por qué no, como una simbología, de lo que más tarde acaecerá en el filme, pero que en un principio poco será lo que nos contribuya en el entendimiento de lo que se narrará.
El relato continuará con un sujeto llamado Riggan (Michael Keaton), quien se encontraba levitando mientras que parecía recibir directrices impartidas por un “otro” que se manifiesta disconforme con un estado o situación actual. Tal álter ego, podría ser parte de un trastorno de la psique del personaje principal, o bien una entidad con existencia física propia, dejándose una u otra posibilidad a criterio del espectador. Lo comentado resultará el meollo de toda la película y es precisamente gracias a la virtud de los creadores que nos veremos inmiscuidos en una atmósfera de “realidad/ficción” donde ambos mundos posibles conviven de forma simbiótica, sin hacerse esfuerzo alguno por parte de los creadores, para que el receptor pueda realmente direccionarse en una de las vías interpretativas sobre las que discurre la presente historia. Es este uno de los grandes méritos de la cinta, ya que pretende espectadores ávidos y activos, sin darle espacios a cuestiones acabadas o concluidas, tal vez, en una clara referencia de lo que es la propia existencia del ser humano, donde las preguntas abundan y las respuestas absolutas escasean.
Riggan se presentará como un actor, que otrora se desempeñaba como el superhéroe Birdman, y que deseaba dejar atrás ese pasado, para iniciarse y destacarse en el teatro, ámbito que como se suele asumir, goza de un mayor reconocimiento de parte de quienes pretenden tener una vocación por lo artístico. Contrario a esto, es lo que ocurre con el cine que hasta ese momento venía haciendo el propio Riggan, el cual, es una expresión que se asocia al entretenimiento y a la comercialidad y que se encamina a las grandes masas que acuden a tal cine en búsqueda de entretenimiento y diversión. Casi la totalidad de la película transcurrirá en el ámbito del teatro y los camarines, y es precisamente allí, donde percibiremos los notables desarrollos de las psicologías de los personajes.
En Birdman, seremos parte de la vida de las estrellas del espectáculo, sobre las cuales se hará una radiografía de lo que ocurre en su día a día, sin escatimar a la hora de mostrar ese lado oculto, marcado por aquellos desequilibrios que tienen estas personalidades, que son ocultados, pero que al igual que el resto de las personas “comunes” se encuentran siempre presentes, pese a ello, por el endiosamiento al que son sometidas, no siempre se las exhibe con este realismo autocrítico que llevan a cabo Iñarritu y su equipo de trabajo, quien dejará plasmado, la injerencia que tiene el arte de la representación y las consecuencias que en estas personas acarrea una práctica como ésta. El mentado desarrollo psicológico será otra de las medallas que puede colgarse el autor de la obra, ya que nos muestra con enorme lucidez un importante número de personajes, perfectamente definidos y con carácteres que hacen gala de lo dificultosa y compleja que es la realidad emocional en los grupos de trabajo.
Para ello se nos mostrará a Sam (Emma Stone), hija de Riggan, quien logra mostrarnos con plena claridad el estereotipo de hija con padre ausente, padre que a pesar de saber cómo cautivar a miles de personas en su rol paternal ha brillado por su ausencia. Birdman 5Se hará presente una ex esposa del actor, Sylvia Thomson (Amy Ryan), con la que mantiene un buen trato, pero que al tiempo de la historia se hallaban divorciados, aunque con un amor no extinguido. Será parte de este embrollo, Andrea Riseborough, una actriz que formaba parte del staff del ex superhéroe, de quien, a su vez se encontraba perdidamente enamorada, y que con el móvil de atraer su atención llegó al extremo de fingir un embarazo. Para que este círculo pueda cerrarse, era necesario que aparezca la amistad. Extrañamente, quien se nos presentó con ese calificativo fue Jake (Zach Galifianakis), un abogado que se hallaba muy preocupado por concretizar negocios relacionados con la actividad de Riggan, aunque no depositaba el mismo esmero en su faceta amistosa, la que aparecía como una materia pendiente para este sujeto.
Riggan se nos presenta como una persona que lleva adelante una vida social, y que mantenía trato con un importante número de personas, pese a ello, no puede fiarse de ninguna de éstas, siendo escasas o nulas sus posibilidades de contacto íntimo con el grupo que lo rodea. Como se tiene posibilidad de ver, Riggan, presenta un poder telequinético, que renueva constantemente en el espectador la duda y la insistente pregunta sobre qué es lo real y qué es lo ficticio, siendo tal cuestionamiento uno de los tópicos principales de la obra. Este aislamiento al que es arrastrado el personaje, será determinante para lograr esta manipulación a la que nos vemos sometidos los espectadores, quienes hemos recaído en el eterno interrogante de saber si realmente el ex superhéroe posee tales poderes o si solo es parte de un mundo interno, ya que no existirá en el entorno del director de teatro, persona alguna que descubra o al menos dé pista sobre la existencia de tales atributos.
De enorme calidad será la participación del personaje de Mike Shiner (Edward Norton), quien representa un baluarte para exponer el halo de superioridad con que, quienes son parte del pretendido mundo del arte, ven a aquellos que llevan su carrera en el ámbito del entretenimiento. Shiner se encargará de incrementar la noción de pérdida de la línea divisoria entre realidad y ficción. Vendría a la mente de cualquier espectador, los diálogos amorosos que mantenía con Sam, en los que la asistente de Riggan muestra su enamoramiento hacia el actor de teatro y que mediante un juego de niños, permitirán a Mike mostrar su cara oculta o mejor dicho, aquella a la que no tienen acceso quienes solo conocen su faz artística. Tales diálogos son una cabal alusión del “vampirismo” al que son sometidos los actores, quienes llegan al punto de perder conciencia de qué es parte de su persona y qué parte de su profesión. Como ejemplo de ello, puede citarse la confesión sobre su imposibilidad de tener una erección en una circunstancia que no sea en medio de una ejecución teatral.
Luego de la presentación que Shiner se encargará de frustrar por segunda vez con su erección e intento de someter sexualmente en escena a una coprotagonista (téngase presente que ya había echado a perder un preestreno, por estar alcoholizado), aprovecharán los creadores, para dejar patentizadas, las rispideces que en ocasiones alcanzan en el trato profesional los directores con sus actores.

Es por demás evocadora, la lucha con golpes de puño entre Riggan y Shiner (a más de uno podría traerle a la mente algún relato sobre las famosas escaramuzas entre Herzog y Kinsky), en la que el primero se detiene en la mitad del combate y comienza actuar, valiendo nuevamente, para mostrar la ya mentada dicotomía que considero central en el filme.
Con enorme agudeza, se deja un espacio para exponer la volubilidad _AF_6405.CR2de los ánimos de los actores, resultando expresión de tal idea, la escena en que las actrices ante la situación de frustración, llegan al punto de desearse (sexualmente hablando) entre sí, por el solo hecho de concederse algunos halagos recíprocos, dejando entrever lo mudable y lo confuso que se vuelve para el actor, en ocasiones, la definición de su propio yo. La siguiente presentación se verá afectada por innumerables imprevistos: una salida fuera del edificio, una bata que se atasca con una puerta que nunca abrirá y un famoso superhéroe venido a menos, que sale a las calles semidesnudo y que es acosado por sus viejos seguidores que se asombran de lo tienen frente a sí. Nuevamente estamos en presencia de otra escena que exhibe la cantidad de recursos de que disponen los creadores. Mediante una salida cómica, se logra asestar una crítica al fenómeno que representan las redes sociales y la descomunal difusión en tiempo real que reciben determinados eventos, los que son publicados en más de una ocasión, sin que se sepa de ellos sus causales o se sopese realmente si resulta imprescindible o necesaria su exposición.
Luego de otra presentación frustrada, Riggan se recluirá en el camarín agobiado por su situación, y emprenderá un diálogo con su hija en el que sin cortapisas reconocerá el fracaso de su obra, de lo que puede colegirse que si considera a ésta un fracaso, considerará del mismo modo a su vida. Esta escena nos expone el determinismo en que se cae a la hora de concebir las derrotas en la vida diaria de un importante número de personas, para quienes el trabajo o profesión termina por ocupar el lugar central o la totalidad del fundamento de sus días de existencia, concepción muy presente en el momento histórico actual, expuesto de forma magnífica por los creadores. Frente al planteo de Riggan, Sam con una madurez de la que hasta el momento de la cinta no parecía estar dotada, hará gala de un conmovedor razonamiento sobre la existencia, empleando para tal cometido, un rollo de servilleta de papel, el que, según su descripción, representa lo efímera que es la existencia humana en el universo y con ella, lo minúsculo que resulta el ego del artista en la eternidad.
Pese a la sensibilidad que contenía y requería un planteo semejante, Riggan, un pretendido artista (siendo que de ellos es de quienes se espera una mayor sensibilidad), con una enorme liviandad toma un trozo de aquella “verdad” representada por el papel, y con la fragilidad que posee la existencia humana, la usa para limpiarse la boca, dando muestras una vez más de una concepción de la existencia del humano como algo nimio frente a la enormidad del universo.

     La película hace mención de cada componente del mundo que forma parte del cine o teatro como expresiones de arte o del negocio de masas, y como no podía ser de otro modo, tenía que haber espacio para los críticos, miembros insoslayables de estos ámbitos. No menos que agresiva fue la categórica definición que da Riggan a la afamada crítica de teatro Tabitha Dickinson (Lindsay Duncan), quien con marcada soberbia le advierte que se encargará de difamar su obra, aun, reconociendo que nunca la había presenciado. La argumentación del director de teatro rehúye a todo tipo de eufemismos. Cualquiera al escuchar estas líneas, podría especular sobre un sin retorno de los creadores para con el sector de la crítica. Este manifiesto deja un marcado distanciamiento entre los roles del artista y el crítico, siendo ambas representaciones, de lo difícil y arriesgado de la construcción y de lo voraz de la destrucción. La primera es costosa y a veces inalcanzable. La segunda está al alcance de cualquiera. Si bien esta ficción se plantea en el ámbito de un grupo de teatro, no cabe duda que puede hacerse con este contenido una analogía de lo que ocurre en la vida cotidiana, en el mundo día a día.
Terminada la discusión, Riggan se irá del café para anegar su ira con whisky para así terminar dormitando. Será la voz de su álter ego Birdman, quien aparecerá en este momento de fragilidad para despertarlo de aquel sueño e intentar persuadirlo de que retomen la antigua senda del éxito que significó el papel del superhéroe. Nuevamente, veremos discurrir unas jugosísimas líneas, en las que se plasma con una descripción de lo más virulenta al cine industrial. Para ello, González Iñarritu y compañía se valdrán de un sobrevuelo a la ciudad de Riggan y Birdman, ámbito propicio para que el álter ego, intente consumar su anhelo de ser “uno”. Este diálogo, dejará al pasar una sagaz crítica a los realizadores de cine industrial, a los que caracteriza como un grupo de especuladores que apuntan a hacer millones a partir de saber qué es lo que las masas buscan sin generar en ellos, la intención de nuevas búsquedas a partir de sus obras. Resulta necesario hacer hincapié en esta escena, ya que nos da la pauta de que detrás de determinados títulos, existen enormes presupuestos para ejecutar ideas que no tienen la más mínima intención de generar un cambio y solo se valen de “viejas recetas” o estadísticas sobre consumo. Por medio de este planteo, se vislumbra al pasar, una crítica a la escasa exigencia de los espectadores ya que de no ser por ellos, estos productos basados en la reiteración de fórmulas no tendrían el lugar de privilegio que poseen en el mundo actual.

Birdman 4
El vuelo culminará con Riggan volviendo al teatro y con otra magistral escena, en la que un taxista ingresa tras él en busca de cobrar un viaje impago, sin embargo, y en miras de incrementar esa situación de indefinición el taxista recibe la contraprestación, pero no de manos del propio Riggan. De ello, surge el interrogante: ¿era otro el deudor del taxista? ¿O algún empleado del teatro, salió a cubrir a un director, que hallándose perturbado, no se preocupó por cubrir con su obligación? El misterio no se revela y en ello estriba el encanto de la obra. El show debe continuar y así ocurrirá. Riggan aparecerá perturbado como nunca en lo que va de la cinta, y se presentará para la última actuación de la que tendremos noticia. Su performance será por demás auténtica, al punto que portará un arma real con la que terminará la obra destrozándose la nariz. Hasta el momento, hemos hecho un racconto del mundo del cine/teatro, pero aún no se abordó enteramente, ya que como no pudo ser de otra manera, había que cerrar el círculo artista-negocio-crítica, y como la obra reclamaba, tuvieron su momento los espectadores. Bastó un plano en el que el público aparecerá brindando un frondoso aplauso, siendo que ante sí, había ocurrido un hecho terrible, como es, que un actor haya muerto en plena escena luego del impacto de un disparo de fuego en su rostro. Los creadores exponen la ávidez de morbo que en ocasiones caracteriza al público, mostrando en éste, el increíble encanto por los impulsos más bajos y sádicos hasta el punto tal de abandonar todo tipo de valoración por la dignidad o la vida del prójimo, en pos de lograr satisfacer el deseo de entretenimiento.
No menor fue la vuelta de tuerca que los autores dieron a la crítica, a la que asestaron otra duro golpe al asimilarla al público en su falta de humanidad. Con una simple lectura de una crítica en un diario, basta para dejar expuesto por vía indirecta que los críticos no analizan o interpretan la obra, sino que se “dejan” embelesar por sucesos, mostrando nuevamente, la distinción de los mundos de los artistas y los críticos, según la concepción que se plasma en la obra.
Por primera vez, se cortará de modo ostensible el plano secuencia único (o mejor dicho, falso plano secuencia) y el ex superhéroe, despertará con su hija en un hospital y su amigo Jake, a quien se lo nota desencajado ante el fenómeno que se estaba generando con la obra teatral y su estrepitosa culminación. Nótese aquí, nuevamente como los creadores construyen la figura de quienes se encargan del negociado del arte.
A Sam se la verá con una postura diferente a la que hasta el momento tuvo hacia su padre. Seguramente, ello se deba al impacto que le generó el extremo al que su padre llegó luego de la última presentación, llevándola a replantearse muchas cosas sobre su relación.Por un leve instante, Riggan queda solo en la habitación, se levanta de la cama, dirigiéndose al en el espejo del baño, teniendo a su lado a su álter ego. Se quita las vendas de su cara, como si se sacara la máscara con la que actuaba de superhéroe, y luego de la despedida de Birdman que estaba a su lado, se dirige a la ventana de la habitación, se embelesa con unos pájaros y se arroja al vacío. Llega su hija, que no lo encuentra hasta mirar por la ventana abierta primero hacia abajo y luego hacia arriba, lugar en el que fija su mirada y esboza una extraña sonrisa. El motivo por el cual describí detalladamente la escena, es para no mutilar la literalidad de lo que los realizadores pretendieron, que no es, ni más ni menos que buscar nuestra conclusión o interpretación de los hechos.
De la escena final, podría entenderse que Riggan poseía realmente esos poderes sobrenaturales, teniendo su hija la posibilidad de verlo volar como un ave o un superhéroe, o tal vez, que realmente Riggan se haya quitado la vida, resultando esta acción un “salirse con la suya”, un triunfo contra su otro yo arrojándose por eso al suicidio. De la mirada de Sam, podríamos deducir que plausiblemente haya tenido noticia de esta lucha interna, y vio en el fin de los días de su padre la posibilidad de que éste pueda dejar de padecer sus eternas dicotomías, pudiendo con ese acto final llegar a ser él mismo, aunque ello conlleve dejar de ser.
Esta exégesis puede cerrarse claramente en una visión del filme como una totalidad a partir de aquel enunciado de Carver con el que arranca la película, en el que se plantea que la búsqueda está en irse de esta Tierra amado, algo que Riggan terminó logrando (por su hija y por sus viejos y nuevos admiradores). Una tercera línea de interpretación más “simbólica” podría darse en que este arrojo sea una continuación de la valoración que debe hacerse sobre esta efímera existencia que tenemos en el mundo, ese pequeño espacio que representamos en el rollo de servilleta, y que lo que debemos hacer, es arrojarnos a lo que deseamos (tal y como termina haciendo Riggan), llevando una vida signada por nuestros fines, valiéndonos para alcanzarlos de nuestras herramientas, dejando de lado lo que espere el otro de nosotros, superando temores (representados en Riggan, hasta la decisión que toma finalmente), evadiéndonos de la necesidad de conseguir la aprobación de los demás (simbolizados los demás, por el público inhumano o los críticos), o evitando anegar nuestros sueños en la comodidad (como propone el papel de su álter ego en esta historia).

     A modo de corolario, la película resulta invaluable en cuanto a las temáticas abordadas. Intenta llevarnos por el camino de las preguntas a partir de las escenas que discurren colmadas de contenido minuto a minuto, sin caer en determinismos o facilismos.
Las nociones de vida, amor, obra, miedos, realidad/ficción, existencia humana, sentimientos, naturaleza humana, los artistas, el arte y la masividad, entre otras que podrían citarse, son planteadas con una claridad no demasiadas veces alcanzada, partiendo desde un enfoque totalizador, donde se dicen verdades sin eufemismos, mostrando que en la vida no abundan (o tal vez no existen) los blancos y negros. Birdman nos pone frente a una premisa que podría resumirse desde su título cuando se refiere la inesperada virtud de la ignorancia.
Es evidente que como seres humanos, no tenemos más que teorías sobre cuál es nuestro origen, o cuales son las fuerzas que son el motivo de nuestro compartimiento en este tiempo y espacio. Frente a lo efímero de la existencia y la finitud a la que estamos condenados, tal vez el propósito de nuestro paso radique en plantearnos la posibilidad de alcanzar el objetivo que se estampa en el extracto de Carver que da inicio a la película. Tal vez lo importante, es irse de acá siendo amados por quienes nos rodean. La condición de ignorantes de cuestiones semejantes, nos vuelve humanos y como humanos, podemos dar y recibir amor y esa es la virtud a la que apunta esta obra.


By Jaime Jarret

Imagen: Birdman – Alejandro González Iñarritu

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