La revolución de los actores (Crónica ficcional) – [Aguasucias bahienses]


La Revolución de los Actores

E

“El mar se mueve en el fondo, no parábamos de reír”

               Más que un deseo. Las Pelotas.

Aguas 3

     Uno va sabiendo que existen cosas maravillosas como el mar, la luna, el tiempo, cosas lejanas que fingimos comprender para lograr cierta tranquilidad necesaria y poder caminar un sábado a la noche por Bahía Blanca. Podríamos decir que fue una leve llovizna lo que nos guió hasta nuestro destino, pero si miramos un poco más atrás también pudo haber sido una decisión que tomamos a lo largo del día, como dice Richard Dawkins a quien detesto por completo, “la lotería se inicia antes de que seamos concebidos”, y es justamente entre el destino y la lotería que aparecemos nosotros buscando algo que inmortalizar. Las noches de Bahía suelen flotar en la corriente de un tiempo imposible de recuperar, simplemente se van. Sin embargo, justo en el minuto cero, justo cuando no estábamos en ningún mes (ni en ningún día) preciso, las cosas tomaron un intenso color desconocido por este lado del mundo. Llegamos a la apresurada conclusión en la redacción de que todas las conclusiones son apresuradas, pero al no tener una segunda oportunidad, decidimos arriesgarnos en esta vida y decir que aquel espacio indefinido en el que todo es cero, nada, ni sábado ni domingo, ni Mayo ni Junio, es el lugar exacto para que nuestra misión como cazadores tenga buenos resultados. Todo pasó como una película, con un soundtrack que rebotaba entre The Beatles y Whitest Boy Alive, los actores iniciaron una revolución y tomaron las riendas de la obra ignorando el guion y construyendo una meta-película, un cortometraje dentro de un largometraje en el que fueron libres por un breve tiempo dentro de otro breve tiempo. Inmediatamente que percibimos lo que estaba sucediendo comenzamos a borronear en nuestras libretas una posible crónica sobre cómo la masa indefinida en la que los ciudadanos de esta ciudad nos habíamos transformado, comenzaba a disparar pequeños rayos de luz que demostraban que algo hay en nuestro interior. Esa noche, a la que llamamos “Noche cero”, fuimos seres particulares y profundamente unidos por algo que muchos teóricos no han podido definir aun pero que nosotros vimos con nuestros propios ojos. Bahía Blanca era una estación intergaláctica donde la gente atestaba los bares y discutía sobre filosofía, literatura, amores perdidos, amores encontrados, viajes a Europa, Buenos Aires, y todo al tempo ingobernable de la música. No nos atrevimos a llamar a esa extraña sensación que nos quedó “esperanza”, pero creo que todos en la casa que hace de oficina de la revista, lo pensamos vergonzosamente. Tampoco pedimos que se repita porque sería devastador que no pase, pero sí, como es nuestro deber, lo vivimos a pleno inmortalizándolo en nosotros, rescatando a Bahía Blanca aunque sea por un instante sin tiempo del río que se lleva las cosas hacia la nada, porque como escritores ese es nuestro mayor logro, vivir a pleno un instante único e irrepetible y no olvidarlo jamás. Uno va sabiendo que existen cosas maravillosas como el mar, la luna, el tiempo y de pronto se encuentra una noche con amigos, con la música y un par de ojos que saben verte más allá de tu miseria. Eso es a lo que en esta revista llamamos “literatura”.


By Tom Sawyer

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