Presentación de Aguasucias bahienses: “La esencia, precede a la existencia”

     En esta casa, redacción, oficina, refugio o frontera indómita, es en donde todo se hace posible. Quizás, porque como dijo Du Boss, la vida le debe más a la literatura que la literatura a la vida o, quizás, porque nos volvimos definitivamente LOCOS. El asunto es que desde Fervor de Bahía Blanca decidimos inaugurar una nueva sección a la que llamamos: Aguasucias bahienses; con el propósito de, como dice en esta primera entrega, contarles simplemente lo que vivimos en las calles de esta ciudad. Aprendimos, junto al paso indiscutible de algo que llamamos tiempo, que existen fragmentos de literatura en los bares, en las plazas, en los rostros, en las miradas, en todos esos momentos en los que dos o más almas se encuentran, y toda esa literatura viva que flota frente a nosotros y se sostiene invisible a los ojos, es mucho, pero mucho más, que lenguaje. ¿Lo descubrimos tarde? Puede ser, pero tuvimos la suerte de un día vivirlo intensamente y esa suerte, esa de la que la mayoría de las veces sólo oímos hablar, se transformó en una misión completamente necesaria para nosotros.

     Con estas palabras no queremos decir que somos una especie de “elegidos” ni mucho menos, insisto, tuvimos suerte, la suerte de los que andan con los ojos abiertos de par en par, la suerte que muchas veces trae soledad e incomodidad, una suerte que cualquiera puede encontrar en una esquina y, entre cervezas, enamorarse hasta las tripas, hasta no poder más de una clarísima incomprensión. ¿Es esa suerte positiva o negativa? Simplemente ES, es lo que nos hace esclavos a la escritura, es lo que no nos deja dormir tranquilos hasta no haber captado e inmortalizado un momento de la realidad que consideramos poético, la literatura nos somete, y somos dominados por las palabras, por esos elementos de desilusión en términos de la ilusión Nietzscheana, que tanto le gusta al hombre, las palabras, pequeños fragmentos atómicos que nos permiten eternalizar y atemporalizar los momentos, hacer de cualquier tema nimio, una gran cuestión de fondo.

      Una vez que comprendimos que estábamos frente a una de estas situaciones indescriptibles -existió un momento preciso, un momento de desvelo y de revelaciones, el cual podemos señalar acusadoramente con el dedo- decidimos cometer el crimen de friccionarla, de filtrarla por la única herramienta que tenemos capaz de representar, de mimetizar, de acercarse de la forma más fiel posible, nuevamente y para siempre, a dicho acontecimiento; y esa herramienta, no es otra más sino el lenguaje. Es probable que al lector le llegue a penas una brisa de lo que en cada una de estas entregas tratamos de describir, ya sea por el carácter ficcional del lenguaje o por nuestra incapacidad de manejarlo, pero lo importante es que esa brisa se haga notar, se sienta y se pueda apreciar de cualquier modo. Quizás a fin de cuentas, la ESENCIA, precede a la EXISTENCIA. Sin más vueltas (ya fueron suficientes), les dejamos “La revolución de los actores”, la primera de nuestras Aguasucias bahienses, la primera de lo que quizás en algún momento llegue a ser un libro abrazando innumerables historias.

By Tomás Grandinetti y Facundo Maidana

Revista Fervor de Bahía Blanca Fervor de Bahía Blanca © Todos los derechos reservados.


La Revolución de los Actores

E

“El mar se mueve en el fondo, no parábamos de reír”

              Más que un deseo – Las Pelotas.

     Uno va sabiendo que existen cosas maravillosas como el mar, la luna, el tiempo, cosas lejanas que fingimos comprender para lograr cierta tranquilidad necesaria y poder caminar un sábado a la noche por Bahía Blanca. Podríamos decir que fue una leve llovizna lo que nos guió hasta nuestro destino, pero si miramos un poco más atrás también pudo haber sido una decisión que tomamos a lo largo del día, como dice Richard Dawkins a quien detesto por completo, “la lotería se inicia antes de que seamos concebidos”, y es justamente entre el destino y la lotería que aparecemos nosotros buscando algo que inmortalizar. Las noches de Bahía suelen flotar en la corriente de un tiempo imposible de recuperar, simplemente se van. Sin embargo, justo en el minuto cero, justo cuando no estábamos en ningún mes (ni en ningún día) preciso, las cosas tomaron un intenso color desconocido por este lado del mundo. Llegamos a la apresurada conclusión en la redacción de que todas las conclusiones son apresuradas, pero al no tener una segunda oportunidad, decidimos arriesgarnos en esta vida y decir que aquel espacio indefinido en el que todo es cero, nada, ni sábado ni domingo, ni Mayo ni Junio, es el lugar exacto para que nuestra misión como cazadores tenga buenos resultados. Todo pasó como una película, con un soundtrack que rebotaba entre The Beatles y Whitest Boy Alive, los actores iniciaron una revolución y tomaron las riendas de la obra ignorando el guión y construyendo una meta-película, un cortometraje dentro de un largometraje en el que fueron libres por un breve tiempo dentro de otro breve tiempo. Inmediatamente que percibimos lo que estaba sucediendo comenzamos a borronear en nuestras libretas una posible crónica sobre cómo la masa indefinida en la que los ciudadanos de esta ciudad nos habíamos transformado, comenzaba a disparar pequeños rayos de luz que demostraban que algo hay en nuestro interior. Esa noche, a la que llamamos “Noche cero”, fuimos seres particulares y profundamente unidos por algo que muchos teóricos no han podido definir aun pero que nosotros vimos con nuestros propios ojos. Bahía Blanca era una estación intergaláctica donde la gente atestaba los bares y discutía sobre filosofía, literatura, amores perdidos, amores encontrados, viajes a Europa, Buenos Aires, y todo al tempo ingobernable de la música. No nos atrevimos a llamar a esa extraña sensación que nos quedó “esperanza”, pero creo que todos en la casa que hace de oficina de la revista, lo pensamos vergonzosamente. Tampoco pedimos que se repita porque sería devastador que no pase, pero sí, como es nuestro deber, lo vivimos a pleno inmortalizándolo en nosotros, rescatando a Bahía Blanca aunque sea por un instante sin tiempo del río que se lleva las cosas hacia la nada, porque como escritores ese es nuestro mayor logro, vivir a pleno un instante único e irrepetible y no olvidarlo jamás. Uno va sabiendo que existen cosas maravillosas como el mar, la luna, el tiempo y de pronto se encuentra una noche con amigos, con la música y un par de ojos que saben verte más allá de tu miseria. Eso es a lo que en esta revista llamamos “literatura”.

By Tom Sawyer

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Un pensamiento en “Presentación de Aguasucias bahienses: “La esencia, precede a la existencia”

  1. Y sí. En medio de tanta locura real o inventada… (¿importa?), es necesario ver cómo el río se lleva todo y revolcarse un poco en la nada para “ser capaces de descubrir” ese par de ojos que ve más allá de nuestras miserias.
    Llega… Llega la brisa de las Aguasucias. ¡Y después de la brisa, se anuncia el temporal!

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