Polvo de Estrellas

    “Y así, Dios creo al mundo en siete días”. Tenía entre siete y ocho años cuando recibí esta información. Me acuerdo como si fuera ayer, lo dijo el abuelo mientras estaba sentado en la vereda “tomando fresco” y viendo pasar a los vecinos. Me lo repitieron al poco tiempo en catecismo. ¿Quién puede dudar? Es como actualmente la gente dice: “lo dijo la tele” y sólo por eso se transforma en una verdad absoluta. Lo dijo mi abuelo. Siete u ocho años. ¿Qué puede pensar un chico que recibe semejante información a esa edad? ¿Es capaz de procesar ese mensaje? ¿Es capaz de discriminar cuan verdadera es esa premisa? ¿Reciben alguna otra posible teoría sobre la existencia? Creo que no, al menos no a esa edad.

    Los años pasan y uno empieza o a desconfiar un poco o a aferrarse más al sentimiento de fe. Particularmente la vida me empujó hacia el lado de la ciencia donde descubrí una gran cantidad de peleas, conjeturas y fricciones entre ésta y la religión. Y tuve una revelación que haría poner mi fe del lado científico. Es una historia áspera y engorrosa pero comprensible.

    El Sol es una de las tantas estrellas del universo. Y dentro de todo es una estrella joven. ¿Y antes del Sol? Ya había otras estrellas. ¿Y antes de esas estrellas? Había otras tantas más de diversos colores y tamaños. Hagamos un viaje al pasado, al principio de los días. Vamos a descubrir cómo funciona una estrella.

    Las estrellas originales estaban constituidas por hidrógeno primordial (basta con mirar una tabla periódica para darse cuenta que es el elemento más simple de todos) y helio. Una estrella de tipo medio como el Sol, pasa miles de millones de años quemando la mayor parte de su hidrógeno para formar helio y luego agotarse. ¿Qué quiere decir quemando? Por acción de la gravedad en su núcleo, las partículas impactan unas contra otras elevando la temperatura hasta fundirse. Sucede que las cosas se ponen más complejas cuando las estrellas son más grandes. La gravedad, comprime los núcleos, produciendo fricción entre las moléculas de hidrógeno y helio, y por lo tanto provoca que se desarrollen temperaturas extremas en donde el helio puede encenderse y dar carbono y oxígeno. A su vez, el carbono puede quemarse y formar neón, sodio y magnesio. Imagínense todo ese proceso dentro de una estrella a grandes temperaturas. ¿Y si la estrella tiene más masa? El neón y el oxígeno se pueden quemar y así continuar con un proceso que recorre la tabla periódica de los elementos hasta el hierro (elemento estable) y se desarrolla cada etapa sucesiva de combustión en un periodo más breve de tiempo. La estrella forma capas de silicio, níquel, oxígeno, azufre, neón, dispuestas como en una cebolla. Cuando finalmente el núcleo se agota, y ya no puede alcanzar la temperatura suficiente como para encender la siguiente ronda de fusiones, se hunde sobre sí mismo, por acción de la gravedad, y una onda de choque rebota y proyecta las capas exteriores de la estrella al espacio. Existen explosiones de estrellas aún más extremas llamadas supernovas. En este caso, hace erupción a través de la estrella una energía equivalente a la de toda una galaxia, desencadenando un frenesí de reacciones termonucleares que fabrican elementos raros y pesados.

    Las cenizas de estas varias explosiones, ricas en elementos pesados, van por el espacio a la deriva y se mezclan con las nubes de gas y polvo que se aglomeran en los brazos de la Vía Láctea y a partir de las cuales se condensan continuamente nuevas estrellas. ¿Cómo? A grandes rasgos, por acción de la gravedad, las partículas se atraen entre sí y chocan aumentando la temperatura hasta fundirse en una masa que aumenta más y más. Siempre el mismo proceso.

    Entonces, el proceso se vuelve a repetir y cada generación de estrellas contiene una proporción mayor de elementos pesados o de metales. Recordemos que esto ocurre en el transcurso de muchos años.

    En esta historia, las estrellas y las galaxias son el medio que utiliza el hidrógeno para incorporarse a sí mismo y formar oxígeno, hierro, nitrógeno y carbono, los componentes de la vida. La evolución química de la galaxia avanza entre fricciones y explosiones.

    Todavía no lo dije, no mencione cual es la revelación, no conecte lo recién mencionado con la introducción del relato. No dije nada para que el lector pueda tomarse unos segundos, digerir toda la información, imaginar cómo es que de las primeras estrellas llegaron, las que hoy vemos en el cielo. No dije nada para que sienta, cómo de cada explosión nacieron nuevas estrellas o cascarones que jamás llegaron a generar temperaturas extremas como para encenderse, al igual que sucedió con los planetas.

    Lo que más me asombró de todo esto, al menos a mí, es que cada uno de ustedes y yo, cada uno de nuestros elementos químicos, en algún momento estuvo dentro de una estrella. Somos hermanos, somos polvo de estrellas.

By Guillermo Ceñal

Imagen: Constelación de Orión, Gran Nebulosa de Orión

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