Yo voté a Santa Claus (Un cuento de Jaime Jarret)

    Creo que ahora es fácil decir lo que se dice… Es muy fácil con el diario del lunes… Con esas mil y una veces repetidas imágenes del tipo subiéndose al trineo con su enorme saco verdoso, atiborrado de cartas que él se encargó de convertir en títulos de deuda a partir de una ley, cuyo proyecto impulsó y que terminó por volvernos esclavos de un papel por buena parte de nuestros días.
Ahora sí es fácil hablar… Sin embargo… ¿Qué culpa me cabe a mí? Yo solo soy un vulnerable elector.

    El cuarto oscuro es como una especie de góndola de supermercado en la que las boletas son diferentes marcas de productos, que hasta en sus consecuencias, unas y otras se asemejan: si elegís mal, en ambos la terminás pagando caro. Me han hablado de conciencia política… De mi parte hago lo que dicen. Consumo los noticieros y busco en los diarios las propuestas de cada partido.
De todos modos, no es cuestión de engañar a nadie… La política no es la disciplina que más placer me genere. Yo escucho a los candidatos y todos son convincentes, cortados a medida, como si fueran hechos por un molde. Sin embargo, es como pelear con molinos de viento. Los tipos tienen un arsenal de asesores e intereses detrás. ¿Cómo compito yo desde mi sillón con todo eso? Se puede decir que verdaderamente, mi decisión a la hora de elegir, no está basada en más que en un conjunto de prejuicios y una esperanza de que el abuso de poder algún día termine. Siendo sincero, tengo el secundario completo y cuando pretendo cerciorarme con personas de confianza, solo me topo con gente que dice no tener fé en la política. Lo llamativo de las elecciones es la bajísima proporción de electores que reconocen cuando se equivocan en este tipo de cosas. Increíblemente solemos superar el cincuenta por ciento del país cuando votamos a un candidato, pero en los pocos casos en que se mira hacia atrás, parece que de ese cincuenta, solo hubiera votado un tres o cuatro por ciento al tipo que arrasó con todo.

    Más allá de todo lo que se pueda analizar, hay que reconocer que este caso fue algo especial… Fue diferente a todos, sin lugar a dudas… Esto parecía un cambio. Pero un cambio real, no el que prometen con una sonrisa en la publicidad de un tiempo antes de las elecciones. Acá el que se presentó a elecciones fue Santa Claus. Sí ya sé… Solo un infeliz volvería a creer en los Reyes Magos o en Santa Claus. Bueno, tengo que reconocerlo… Yo fui uno de esos infelices. Pero, ¿quién podría juzgarme? Era algo soñado… Dejar en manos de un tipo todos los problemas, sabiendo o creyendo que él no te va a estafar nunca, es algo que todo ser humano alguna vez en su vida desea. A pesar de todo lo malo de hoy, qué lindos momentos que fueron aquellos. Recuerdo patentemente cómo ardían los medios. Esas pautas publicitarias que parecían hipnotizarte con el tipo que se reía con esa voz grave. Te lo mostraban no como alguien mágico, sino que lo veías como alguien normal. Recorrías los noticieros y no podías evitar emocionarte y creer en un futuro mejor. Los periodistas que más sabían de las cuestiones políticas te advertían las virtudes de Santa como gobernante. Los de izquierda reconocían en él un tipo que iba tras la igualdad de las clases y se cubrían con rojas banderas que te hacían acordar a la ropa que llevaba el viejito gordinflón. Los de derecha veían un tipo emprendedor que traería diversos capitales a hacer inversiones. Si bien no son demasiados los momentos en que Santa Claus tuvo que mostrar sus dotes como orador, poco nos importó a los electores, todos teníamos lo que queríamos oír. Recuerdo que nunca antes me había involucrado de esa manera con un partido político. De solo pensarlo, me vuelve un poco de nostalgia. Es algo masoquista ser consciente de lo que pasó y aún guardar un buen recuerdo de aquello. Llegué a ser parte de los “Vanguardistas Navideños” y concurrí a todas las reuniones del líder carismático.
Recuerdo que las elecciones llegaron y todo parecía un trámite. Era un secreto a voces que Santa Claus ocuparía el Poder Ejecutivo. El Poder Legislativo sería poblado por los enanos que fabricaban los juguetes, los cuales eran las caras visibles de las listas para ocupar los escaños y fueron determinantes para facilitar la aprobación automática de todo proyecto que Santa lanzara. Al Supremo Tribunal de Justicia accedió el famoso “Carbonilla”, aquel que se encargaba de visitar a los niños que se habían portado mal. Éste ejerció el puesto de Presidente del Tribunal y con él se facilitaron las violaciones a las leyes y las aplicaciones de las innumerables reformas. Los tres poderes fueron solo uno a los efectos de los olvidados conceptos de equilibrio y contrapeso en la división de funciones. Las normas penales se volvieron cada vez más agresivas y persecutorias. Santa Claus delegó el famoso telescopio (aquel con el que observaba a los niños para saber si eran merecedores de juguetes o no) en una secretaría de inteligencia y por vía de un proceso desprovisto de garantías aparecían súbitamente en nuestras casas con el solo argumento de sospechas sobre nuestra lealtad al partido navideño. Más allá de esas cosas, todo parecía hermoso. Los canales se llenaron de noticias que nos mostraban la vida color de rosa. Los adornos de navidad cubrían la mayoría de las casas durante todo el año, haciendo honra de los emblemas del partido.

    Viéndolo en retrospectiva, todos vivimos ese dulce engaño. Para cuando nos quisimos acordar la situación se transformó en lo que es hoy… Un verdadero caos. Nosotros, los ciudadanos comunes solo queríamos seguridad y estabilidad económica. Con eso nos bastaba… Sin embargo, por sobrevalorar esos estándares hemos padecido uno de los peores atropellos a nuestros derechos. Sé que los seres humanos solemos tropezar con la misma piedra. Pero tengo cifradas esperanzas en que de los errores (al menos yo) algo se aprende. Todos estos dolorosos años han generado en mí, un cambio. Lo hecho, hecho está. Hay que mirar para adelante.

    (Mira por la ventana y nota que unos hombres fijan unos carteles en una pared que preconizan el lanzamiento de un nuevo movimiento político).

    ¿Cómo? ¿Qué es eso? ¡No lo puedo creer! ¿Superman se presenta? ¡Jajaja! ¿Será la opción que necesitamos para salir de este desastre?


By  Jaime Jarret – (M.R.)

Otras publicaciones del mismo autor: #‎JaimeJarretMR‬

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