Delia

    Mientras nos internamos en la maleza ella todavía resplandece. Parece muerta, la cabeza colgando, los ojos abiertos y perdidos, si alguien nos ve aseguraría que llevo un cadáver en los brazos. Cuando uno la toca, se da cuenta que la temperatura de su carne es impactante, no me quema, pero debería. Es un catalizador para todo lo vivo a nuestro alrededor. Sus pies rozan los juncos y, a través de su cuerpo, puedo sentir la sabia moviéndose. Está cada vez más viva. Sé que tengo que apurarme, no va a estar así de mansa por mucho tiempo. Quisiera poder mirarla un rato más, hoy le queda tan bien el vestido, sus ojos son más grandes que nunca, está liviana, no pesa casi nada. Ella siempre es distinta, cambia su forma, su nombre; pero huele a lo mismo y tiene el mismo sabor.

    Manipular la bosta no es el problema, el problema es juntarla, andar recolectando mierda de caballo por todo el pueblo. La gente en los pueblos chicos es así, si no tenés donde dormir te invita a su casa y te da de comer sin hacer preguntas pero si te pones a juntar soretes ajenos se pone inquisidora. Después, lo demás, es fácil, ella me provee de lo que necesito para traerla y yo hago lo que me pide por un rato.

    Lo primero es el fuego. Hacer uno grande que se vea desde el río, lo hago acá adentro para que esta ruina vieja se convierta en un faro, para indicarle el camino. Saco todas sus cosas de la valija y las acomodo prolijas en el suelo. El vestido colgado -que no se manche ni se rompa en lo posible-, me gusta blanco e inmaculado. Todo listo y a mano. Me corto el brazo izquierdo. Al costado del corte anterior y sobre la cicatriz del anterior a ese, pero en dirección contraria. La sangre brota y llena el cuenco de metal. El sol comenzó a desangrarse sobre el río, yo le sigo la corriente. Eso se guarda para más tarde, cuando ella llegue, esa será mi ofrenda. Es importante que el pescado esté fresco, todavía coleteado si es posible. Se hace un solo tajo -profundo pero no muy largo-, para que no se desarme el bicho. Adentro primero va el pelo, mucha cantidad y bien acomodada que no quede nada afuera. Luego va el papel -no de cualquier forma-, es importante que ésto se haga a la perfección: se dobla al medio y con el nombre para adentro. Una vez doblado ya no puedo volver a ver lo que está escrito así que lo leo por última vez para que no se me borre de la cabeza mientras la espero, hoy ella será Circe. Después se envuelve el papel en algunas hojas de árbol todavía verdes, se mete prolijamente y se sutura la herida. Con eso, ya está lo más importante, ése es el capullo. Ahora el pescado va adentro de un recipiente grande. Yo uso mi valija fiel -la que siempre me acompaño-, aquella donde siempre pongo las cosas importantes. También van los huesos -algunos no muchos-, unas raíces, que estén entreveradas, para que lo sostengan y para que se cocine la mezcla, el estiércol. Hay que taparlo todo, este barro es el que va a unificarlo todo. Sobre todo eso el vestido, una rosa para los cerdos, es blanco como una estrella y ahora brilla como la primera de la noche, que allá en el cielo, indica que llegó el momento. Se cierra bien, tratando de que quede todo compactado, una masa uniforme. En este momento se siente un vacío, yo necesito un instante para observarlo todo, encerrar esa prenda hermosa y alejarla de mi es lo que más me cuesta, sé que comienza una espera angustiosa.

    La noche está gris como siempre que la espero, esta luz etérea es la que da la atmósfera adecuada para recibirla. El ojo de la luna está abierto de par en par y yo entro en el río con la valija alzada sobre mi cabeza, le muestro la ofrenda a ella y la dejo sobre el agua. Mientras vuelvo a la costa ella se hunde, no la veo pero la siento. Es una noche apacible y de buen clima pero no como para que el agua se entibie así de rápido. No puedo disimular la emoción, empiezo a correr aunque sé que todavía falta un largo rato para que madure, igual quiero tener todo listo. Tengo que adornar los bombones. Hay que inyectarlos de a uno y en varias dosis, con cierto espacio de tiempo para que se intensifique el efecto.

    Ya abrió los ojos. El momento no puede ser más específico, el mundo es uno y en ese segundo se convierte en otro, será así de ahora en más hasta que llegue a mí. Cuando la tormenta rompe el cielo en pedazos yo sé que se acabó la espera y no puedo mantenerme sentado. Tiro lo que estoy fumando al fuego y acerco el recipiente con mi sangre a las brasas. El olor tiene que ser fuerte, irresistible. Sube la bruma y el río muestra toda su furia, el viento lo empuja con violencia, el se deja empujar, es ella, ahora todo es ella. Apenas su primer pelo sale del agua el aire cambia su composición, se pone más espeso. Llega a la costa arrastrando la valija y ahí la abandona. Su llanto de recién nacido ilumina el cielo y estremece la tierra. No tarda nada en percibirme, desde donde estoy la veo ladear la cabeza y saborear el aire, no necesita respirar, lo hace por el placer de sentir mi olor. Empieza a caminar hacia acá y, aunque nos separa bastante distancia, ya la siento alrededor mío. Conforme ella avanza hacia mi, puedo sentir a todos los animales de kilómetros a la redonda moviéndose en la noche. Escucho a las plantas, a los insectos, a la tierra misma agitándose con su presencia, están acá, conmigo. Caigo de rodillas inevitablemente, uso mis últimas fuerzas para tomar un trago de vino y vaciar el resto en el cuenco en donde crepita mi sangre caliente. Con esa mezcla en una mano me arrastro hasta la caja de bombones. La tomo y cuando vuelvo la mirada hacia el río ella ya está frente a mí. Le digo suplicante –Delia-, y será la única vez que use su nombre, para generarle un instante de duda. Me apuro a ofrecerle mi sangre antes de que la tome sin permiso y a la fuerza. Bebe un trago, y se da tiempo para disfrutar el gusto a mí, y toma otro algo más profundo. Es ahí que conoce la sed, cuando logra saciarla y con ese conocimiento llega otro, es momento de saciar el hambre. Ése es el momento que yo debo aprovechar, si no le ofrezco ahora los bombones no habrá oportunidad para mí. Lo hago, abro la caja frente a su rostro pálido y éste se transforma. Percibe mi olor y vuelve a paladear los restos de mi sangre en su boca, puede sentirme dentro de esas miniaturas de formas bellas, a ella no le importan las formas, pero como a cualquier bestia salvaje la curiosidad la condena. Busca la esencia de su creador para consumirla y estas pequeñas cosas la concentran perceptiblemente. Es de esperar que no se conforme con uno, luego de engullirlo de dos mordiscos toma otro y se lo lleva a la boca pero no llega a terminarlo. Mi simiente ya está en su cuerpo y el efecto es inmediato, lo conseguí, su influencia sobre mi empieza a revertirse. Se desploma frente a mí, la abrazo para que el trance ocurra sin problemas, después de todo quiero que se dañe lo menos posible. Ocurre el vómito, de su interior sale la naturaleza misma, la aprieto contra mi pecho volteada hacia un lado. De su boca emerge el río mismo, puedo sentir en mi mano un ajetreo como de animales huyendo en su interior. En algún punto de la trasformación su piel toma un color un poco más humano, cuando se detiene el temblor ella se entrega. A partir de ahora y por un tiempo no muy largo puedo hacer de ella lo que me plazca.

    Le pido que levante los brazos, ella obedece a lo que le digo. Muestra un absoluto abandono de su voluntad, es una buena señal que no tenga que obligarla, perdura mi influencia sobre ella; pero el efecto no es permanente. Le saco el vestido y lo cuelgo de una rama, no quiero tener que remendarlo para la próxima vez. La acuesto en la tierra boca arriba, ella respira un poco más agitada, parece que tampoco tengo tanto tiempo. Hago un solo tajo, profundo pero no muy largo para que no se desarme. De su interior sale la luz gris blanquecina de la luna. Saco de adentro una bola de hojas secas, empapadas, en el medio está el papel doblado al medio. Ya sé su próximo nombre: Delia. Lo que queda de ella será mi alimento hasta la próxima vez que venga.

By Facundo Piris

Imagen: Cortometraje “Viaje” (https://revistafervordebahiablanca.wordpress.com/2014/12/09/viaje/)

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