Y el fantasma tuyo, sobre todo (Un cuento de Augusto Morelli)

    -Ya sabe cómo son las cosas doctor ¿Otra vez me lo pregunta?

-Dígamelo usted Morelli, necesito que vuelva a narrarme cómo sucedieron los hechos. Al fin y al cabo, es usted quien necesita contarlos.

-Bueno como usted diga, entonces.

   El sábado por la tarde caminaba, como lo hago habitualmente, desde la biblioteca hasta mi departamento. Decidí esperar a Emanuelle para volver a casa juntos, esa noche cenaríamos y luego iríamos a ver un ciclo de Cine Italiano, así que pensé que sería propicio, beber una copa en el café de Santa Fe y Borges mientras aguardaba por ella.

¿Por ella?- preguntó el doctor.

-Por ella sí, por Emanuelle.

-Disculpe, continúe por favor.

   Me senté en una de las mesas que daban a la calle Borges, pedí una cerveza, una bebida que ayudaría a distenderme, usted sabe. Saque del portafolio un viejo ejemplar de Los arquetipos y lo inconsciente colectivo de Jung, que había encontrado por aquellos días en un viejo anaquel de la biblioteca, pensé que nadie podría extrañarlo, así que me lo lleve para mis momentos de lectura y ocio.

-¿Desde cuándo te interesa el psicoanálisis?

-Usted sabe doctor, como dijo el maestro Borges alguna vez en una conferencia de psicoanálisis en Norteamérica, cuando le preguntaron cómo se sentía siendo el único escritor en la sala dijo algo así como: “¿No es acaso el psicoanálisis una de las tantas ramas de la literatura fantástica? Me siento entre pares”. Bueno, yo creo que Jung fue el mejor de ustedes en entender eso.

-Sin comentarios- dijo Hank suspirando. Te escucho, seguí hablando.

   La tarde del sábado era magnífica, el calor se había anticipado a la primavera, Emanuelle no venía asÍ que tuve que volver a pedir otra cerveza. El sol comenzaba a bajar, confrontándose, batiéndose a duelo con Plaza Italia, pensé que quizás sería una buena idea cruzar a comprar algún libro en los puestos del boulevard, pero no quería desencontrarme con Emanuelle, por otra parte, la lectura de los arquetipos era más que interesante, más aún la cerveza artesanal de ese lugar, te la recomiendo hermano, tenés que probarla. Estaba transitando alrededor de la página 35, cuando de repente la vi.

-Era de esperarse Morelli- si esperabas a Emanuelle, en algún momento iba a llegar- me interrumpió el Hank.

-No fue a Emanuelle a quien vi.

-¿Qué fue lo que viste, entonces?- preguntó Hank.

-Vi un fantasma, un mismísimo fantasma.

-Eso es imposible, Morelli.

-Desde su perspectiva es imposible, no desde la mía. ¿Cuánto tiempo hace que usted es psicoanalista amigo mío?

-Eso no importa, ¿Qué hiciste al momento de ver el fantasma?- preguntó Hank.

   Estaba desconcertado, era un fantasma tan familiar, dejé el libro sobre la mesa, bebí rápidamente un trago, y me dispuse a mirar con atención…

-Iba por la página 35, ¿Verdad?- reflexionó Hank, interrumpiéndolo- ¿Cuántas cervezas llevaba bebidas hasta ese momento?

-Estoy hablando en serio che, y usted me sale con esas tonterías.

-Disculpe amigo mío, continúe.

   Era la quinta cerveza que degustaba esa tarde, no tenía señales de Emanuelle, y en medio de todo eso, como si ya no fuera suficiente, el encuentro con el fantasma. Y no queda ahí, el fantasma iba caminando de la mano de un hombre, para ser un fantasma se lo veía demasiado feliz.

-¿Por qué un fantasma, Morelli?- preguntó Hank-.

-¿Por qué no un fantasma, Doctor?

-¿Por qué un fantasma? Dígamelo usted.

-Si lo supiera, supongo que no estaríamos acá sentados.

-Piense Morelli- dijo Hank. ¿Por qué un fantasma y no otra cosa?

-Porque fue eso lo que se empecinó en visitarme, en plena Avenida Santa Fe, una hermosa tarde de sábado, en lugar de la grata presencia de la bella Emanuelle, que claro era lo que en realidad, esperaba. ¿Qué puedo ante la vida que no envía lo que espero? ¿Qué culpa tengo yo?

-Me refiero… – comenzó a decir Hank pensativo- ¿Qué le representa a usted un fantasma? ¿Qué le significa ese objeto?

-¡Vamos viejo! Te respeto y nos conocemos hace años che. No me vengas con la Lacaniana y la gran inversión de S por S. Al menos no lo hagas conmigo, con cualquiera de tus pacientes, está bien, ¡¿Pero Conmigo?! Tené un poco más de dignidad.

-Es solo una asociación libre, así funciona la terapia, y lo sabés. Indagar en ello, nos permitirá traer a la mesa lo real, lo que está en escondido en tu inconsciente manifestándose en forma de fantasma.

-No lo puedo creer. Realmente estás aplicando el Lacanismo en mí. Estás aplicando el estructuralismo sobre mí, y ya sabés que pienso al respecto. Hace 20 años que nos conocemos, no me vengas con la inversión del significado por el significante, menos a mí, utilízalo con otra persona que no haya conocido a Saussure, quien también ha causado graves problemas por cierto a la hora de restringir con teorías y categorizaciones lo que realmente sucede en el universo.

-Ya sabés como funciona Morelli, te preguntó entonces, qué es lo real, detrás del significado “fantasma”.

-¡Eso es lo real Hank! ¡Un maldito fantasma!, vi un fantasma literal, real, explícitamente. No hay tanta vuelta que darle al asunto.

-¿En qué te hace pensar la palabra fantasma?- preguntó Hank, insistente-.

-No me hace pensar en nada, es sólo una maldita palabra. Basta de querer mirar todo a través de los ojos de la razón.

-Esto es terapia, no hay ojos de la razón.

-Bueno quizás sea una terapia, pero una terapia basada en una escuela creada como expresión contraria al racionalismo, pero que su artífice, un tal Sigmund decidió que se rigiera por los mismos criterios de aquello contra lo que atenta.

-Es una pregunta simple- sentenció Hank- Deberías saber cómo responderla.

-Es una pregunta cargada de hipocresía, amigo mío.

-Vamos Morelli, hace años que viene acá, de alguna forma confía en la terapia, y sabe que los resultados obtenidos en el laboratorio, son convincentes, determinantes.

-Si vengo acá, es porque usted es mi mejor amigo, y confío en usted.

-En esta sala, no soy su amigo, soy el Dr. Hank, si bien no comparto la hipocresía de la ética profesional como para no tratar a un amigo, aquí sigo siendo su Psicoanalista.

-Cuando se pone así, no es muy bueno en lo que hace.

-Es una simple pregunta Morelli, respóndame.

-Miedo, en eso pienso. En el miedo. El significante, lo real, detrás del fantasma, es el miedo. ¿Contento ahora?

-Eso explica muchas cosas- sentenció Hank-.

-No en verdad no explica nada, y no son explicaciones lo que busco. No hay nada por entender. ¿Por qué siempre todo el mundo quiere entender?, el hombre, desde su origen, queriendo entender el universo en su totalidad, eso sí es algo imposible, y no así la cuestión de ver un simple fantasma caminando por la calle.

-¿Por qué pensar en el miedo, no resolvería nada?- preguntó Hank-.

-Porque le estoy diciendo que el fantasma que vi era real. No era una representación, ni un ideal del yo, ni una realidad subjetiva de ver el mundo, ni un significado para un significante, ni un complejo de Edipo, o de Electra o lo que usted más quiera. Era un maldito fantasma, ¡valga la ironía de carne y hueso!

-¿Desde qué perspectiva usted lo llama “real”, Morelli?

-Desde la única realidad que existe. ¿No lo comprende?

-Lo comprendería, si usted fuera más razonable a la hora de narrar los hechos, ahora entiendo por qué tanto interés en leer a Jung.

-Hablo desde la única realidad que existe, como dijo Bioy alguna vez: “Los filósofos al clasificar la realidad, ¿no la empobrecieron?”. Y claro está, que no es la del filósofo mi intención.

-Entonces amigo mío- concluyó Hank- usted ha visto desde una realidad subjetiva, un fantasma, al que podría llamarse real, aunque bien sabemos, que es imposible, porque los fantasmas, no existen. Pero quiero que me narre detalladamente, cómo se dio la situación, no quiero pensar en que usted verdaderamente este enloqueciendo.

-Por fin entiende a donde quiero ir. ¡Ahí vamos!

   Emanuelle, como ya le dije anteriormente, estaba retrasada, yo permanecía inmerso en la página 35 de los arquetipos, bebía ya la quinta cerveza -pero no estaba alcoholizado-, cuando de repente la veo a ella. A su fantasma. Caminaba en la vereda de en frente, como si tal cosa, de la mano de un hombre. No podía creer lo que mis ojos observaban, pensé que quizás algún día sucedería, pero de pronto mis mayores miedos…

-Miedo, Morelli- lo interrumpió Hank- ¡Miedo, usted lo ha dicho!

-No me interrumpa. Como le decía…

… de repente mis mayores miedos se habían vuelto realidad.

-¡Realidad Morelli!- insistió Hank. Le dije, se trata de una cuestión de subjetividad suya.

-¡Por el amor de dios Hank, déjeme terminar de hablar, che! Le dije que no es una cuestión de palabras.

…de repente mis mayores miedos se habían vuelto realidad, cruce la calle corriendo, su figura de a poco iba perdiéndose doblando en la esquina.

-¿Se esfumaba verdad?- preguntó Hank.

-Deje de mofarse, y escuche.

   Cruzo la calle, doblo en la esquina con gran ímpetu, y ella, (su fantasma) había frenado a recoger la chalina que hacía unos instantes había caído al piso, cuando se reincorpora de repente la tengo de frente. El hombre que la acompañaba había frenado y la observaba unos metros adelante, ella ahora le daba la espalda a ese hombre. La mire sorprendido, entre maravillado y estupefacto, entre fascinado y asombrado. Puede sentir en mi espalda, el amor que siempre tuve por ella.

-¿En tu espalda no?- preguntó Hank- amor en tu espalda.

-¿No es acaso la espalda, la que mantiene la totalidad del cuerpo de pie?

   Ella me miraba ahora, con ojos tristes, pudo sentir nuestra conexión, estaba intacta como siempre, ella sabía, y yo siempre se lo hice saber, que nuestra conexión era de alguna forma especial, era única. Mientras me miraba –ya se le había borrado la cara de felicidad, que llevaba de un primer momento caminando con el sujeto-, sólo me dijo: “Llegás tarde”, y antes de irse, en razón de que ese horrible hombre la llamaba para que se apure, me sujetó la mano y me dijo: “No sabes cuánto lo lamento, estaré siempre arrepentida”. Fue tan real, que aún no puedo creer que haya sido su fantasma. Podía contemplarla delante de mí, sentía su mano, sentía como temblaba de nervios al tocarme, podría haberla abrazado, podría haberla besado, podría haber dicho tan solo una palabra, a pesar de ser ella un fantasma, pero me quedé inmóvil, quedé mudo, sin palabras, no pude hacer nada, ella me soltó la mano acariciándola suavemente y se marchó junto a ese sujeto despreciable.

-Miedo, inmóvil, mudo, sin palabras- líneas que se conectan- dijo Hank pensativo. ¿Quién era el fantasma?

-Ya sabés Hank, quien era el fantasma.

-¿Por qué el Barrio de Palermo?

-Porque es el barrio en que vivo, viejo, ¿Qué mejor que tomar una cerveza en mi barrio, mientras espero a Emanuelle?

-Me refiero a, ¿Por qué Palermo?, por qué te mudaste a Palermo, sabías que era el barrio que eligió para vivir ella (y no me refiero a Emanuelle) tras los desafortunados acontecimientos.

-¿Cuándo hablas de ella, te refieres al fantasma?

-Sí así prefieres llamarla- replicó Hank fastidiado.

-Sentía la necesidad de estar cerca de ella, al menos desde una perspectiva espiritual. Por eso me mude a Palermo.

-¿Quién era el fantasma, Morelli?

-Ya sabés che. No preguntes.

-Necesito que lo digas.

-El fantasma… el fantasma, ¡era el de Ana!

-¡Ahora sí hermano, no hay con que darle, estás loco de remate! -gritó Hank- no solo me inventas una historia de un fantasma que realmente has visto, sino que además, ese supuesto fantasma es el de Ana, de tu aquella vieja novia del tiempo de la facultad. ¡Eso es imposible!

-No es imposible, te digo que vi su fantasma el sábado, y no lo querés entender.

-Eso es imposible, en primer lugar porque Ana está más viva que vos y yo juntos, y en todo caso   -bien lo sabemos- los fantasmas no existen, aún menos en lo real.

-Ay, ay, ay… Hank, usted siempre con su racionalismo, usted siempre con las razones de las luces y sus clasificaciones psicológicas o filosóficas, (las últimas claro, solo cuando le es conveniente) de lo que sucede en lo real. Usted siempre queriendo entender amigo mío, siempre queriendo comprender, queriendo llegar al conocimiento a partir de la iluminación intelectual. Es tan triste.

-Usted siempre tan neurótico Morelli, no cambia más.

-Le explicaré amigo mío, así comprende y esta noche puede dormir tranquilo. ¿Alguna vez escucho hablar del budismo zen?

-Si por supuesto, conozco las nociones generales, e intuyo que a través de ello busca usted ahora un camino.

-No son tan desacertadas sus palabras. Le voy a contar entonces como es que un fantasma pudo haber aparecido en el plano de lo real.

   El budismo zen persigue la iluminación y el conocimiento del hombre, apartándose de lo intelectual, del pensamiento racional, del conocimiento teórico. El zen propone alcanzar la iluminación, la sabiduría y el conocimiento, a partir de la experiencia individual. ¿Se preguntará que tiene que ver esto, con el fantasma? A usted, que le fascina la asociación libre, le va a interesar. Le explicaré entonces, porque vi un fantasma dejando de lado la racionalidad y el conocimiento intelectual.

   La sensación de terminar una relación, con la persona que más amaste en tu vida, equivale a la muerte de la misma, sólo que esta especie de muerte, es quizás más dolorosa. Sabés a donde buscar a esa persona, sabés donde podés encontrarla, donde vive, cuál es su número de teléfono y como se vestirá por la mañana. Sabés que aún te ama, pero es cobarde, sabés que aún es tiempo de solucionar las cosas, pero esa persona, está en un proceso de negación. Sabés que podrás mirarla, hablarle, sentirla, tocarla e incluso besarla, pero en el fondo sabés, que es inútil, que es irreversible, que ya no hay vuelta atrás.

   Asumir finalmente que el amor de tu vida llegó a su fin, es como la muerte misma, uno está muerto por dentro, y debe proceder de la misma forma, en que se procede ante la muerte de un ser querido, debe olvidar y debe enterrar. Siempre estarán los recuerdos del pasado, pero ya no hay forma de regresar. Uno debe saber, que la cruzará por la calle, pero que aun así, es un fantasma, porque en realidad ella está muerta, en nuestra realidad subjetiva, lo que se ve entonces, es un fantasma, y quien ve fantasmas y habla con ellos, a la larga puede enloquecer.

   Es un fantasma, porque en apariencia, es la misma persona a la que conociste, con la que pasaste largos años de tu vida, es una reproducción idéntica, pero es un reflejo. En esencia -y quienes llegan a la iluminación, ven la esencia de las cosas-, ella ya no es la misma persona.

Esa es la explicación a la existencia de los fantasmas, son el recuerdo, de algo que ya no volverá. ¿Se preguntará finalmente que tiene que ver todo esto con Emanuelle? Y esta Doctor, es la parte que más va a gustarle, porque en verdad, el fantasma real, que se esconde tras Ana, es Emanuelle, porque otra vez, estoy cometiendo el mismo error, porque otra vez, voy camino a lo mismo, a una nueva encrucijada. Al fin de cuentas, el fantasma soy yo, muerto en vida, transparente, vacío por dentro, un mar de nadas.

   ¡Y alégrese doctor y amigo mío! Porque tiene paciente y amigo, para rato, este desdichado ser, aún no logra aprender de una de las más simples y nobles (formas de sabiduría) virtudes… La experiencia. ¡Y cuando hablo de ella, no piense ni por un segundo ensuciarla y relacionarla con empirismo científico!

Final 1

 -Es increíble Morelli, usted está cada día más loco, empero no deja de ser mi paciente favorito. Hemos terminado la sesión, y ahora sí puedo aconsejarlo como su mejor amigo que soy con palabras del gran Nietzsche: “Siempre es consolador pensar en el suicidio: de este modo se puede sobrellevar más de una mala noche”.

-Usted sabe, en mis ratos de ocio como usted lee psicología, yo leo filosofía- concluyó Hank-.

 Final 2

-Es increíble Morelli- dijo Hank- usted está cada día más loco, empero no deja de ser mi paciente favorito. Hemos terminado la sesión, y ahora sí puedo decirlo. Quizás usted verdaderamente haya sido iluminado, quizás usted es un fantasma, al igual que Ana, y quizás yo también lo sea. Le explicaré donde se encuentra citando palabras del gran Arthur Schopenhauer:

“El individuo es un vaso harto frágil para contener la aspiración infinita de la voluntad de la especie, concentrada sobre un objeto determinado. Desde entonces no tiene más salida que el suicidio, a veces el doble suicidio de los dos amantes, a menos de que la Naturaleza, por salvar la existencia, no deje sobrevenir la locura que cubre con su velo la conciencia de un estado desesperado”.

-Usted sabe, en mis ratos de ocio como usted lee psicología, yo leo filosofía- concluyó Hank-.


By Augusto Morelli – (F.M.)

Otras publicaciones del mismo autor: #‎AugustoMorelliFM‬

Fotografía – Julie Delpy en Three Colors: White (1994) del Director Krzysztof Kieślowski

Revista Fervor de Bahía Blanca © Todos los derechos reservados.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s