Las Crónicas Literarias de Dr. Thomas & Dr. Hume – La Carta de Homero – I

   La Carta de Homero – I


    El Dr. Nicholas Hume y yo nos conocimos siendo estudiantes que aun depositaban sus esperanzas en la literatura, pero no tanto en el título de Profesor de Lengua y Literatura, al que aspirábamos, ya que ninguno de los dos pensaba ejercer la profesión más que por el dinero, que siempre nos hizo falta, sino en razón de lo que los formalistas rusos llaman “Literaturidad”. En aquel hasta entonces, desconocido concepto, es en el que creíamos por sobre todas las cosas. Claro que como todos los conocimientos que fuimos adquiriendo lo pusimos en duda y hasta lo descartamos completamente de nuestro palacio mental, sin embargo, ahí está guardado, en algún cajón de entre los miles que descansan en nuestras humildes memorias, como esta historia que estoy relatando ahora.

   Nos hicimos buenos amigos casi inmediatamente y compartimos un pequeño departamento accesible para nuestros -también pequeños- ingresos mensuales. Pasamos los días estudiando y debatiendo cada absurda situación que ocurría en los alrededores hasta que un día sucedió algo que cambió el rumbo de nuestras expectativas.

   Mientras recorríamos los pasillos de la facultad, de repente, comenzamos a oír gritos que provenían de la zona del baño de damas, de inmediato nos acercamos hacia el lugar para ver que estaba sucediendo, y en ese momento, fue la gran sorpresa. Una alumna de primer año estaba sufriendo una crisis nerviosa, desorientada y desvariando, gritaba: “Tengo que encontrar a Homero, debo encontrar a Homero”. Desde un primer momento uno pensaría que todo era debido a un alto estrés previo al parcial de Historia Social y Cultural de la Literatura I, normalmente se pensaría que esa reacción era una crisis nerviosa aislada, producto de la exposición prolongada a la literatura clásica griega. Pero no fue así, la joven ahora, se había desvanecido, y estaba rodeada por dos amigas que la sostenían. En sus manos ella resguardaba un viejo papel amarillento, era una carta, cuyo destinatario era la muchacha que ahora estaba en el piso, y no van a creer amigos quien era el remitente.

¡Oh bella Kournikova, que llevas la sangre del gran Zeus! En ti vive el esplendor de los poetas aqueos, en ti péndula la gloria de los argivos. Algo salió mal, nuestra gloria en Troya ha sido puesta en peligro, Aquiles, el de los pies ligeros, debe morir. Encontradme en los confines de nuestro divino pueblo. Recibiréis nuevas instrucciones.

Homero.

   Kournikova despertó. Se reincorporó y miro alrededor. Cuando despertó nos miró sorprendida y comenzó a gritar por ayuda.

-¿Te sentís mejor?- le pregunté. Toma un sorbo de agua, te vas a sentir mejor.

-¡Tengo que encontrar a Homero!- gritaba Kournikova nuevamente, sin la menor vergüenza de nuestra presencia-. El destino del pueblo Argivo ha sido puesto en peligro. ¡Deben ayudarme a encontrarlo!

-Nos encantaría ayudarte- respondió Nicholas. Pero existe un pequeño y gran problema, no podemos dar cuenta en forma exacta de la existencia de Homero, y aun siendo posible justificar su existencia, él estaría muerto.

   Al ver que la señorita no podía calmarse a pesar de las exactas palabras de Nicholas, no pude hacer más que ofrecerle nuestra ayuda y decirle que se despreocupe del tema dejándolo en nuestras manos.

-Hume- le dije a mi compañero- creo que es un gran momento para ir a tomar un café y charlar un rato ¿Qué opina?

-Que tiene usted toda la razón.

   Sin más que decir salimos del Instituto llevando con nosotros la carta que la señorita Kournikova nos había dejado amablemente para que iniciáramos la investigación. Recorrimos en silencio las cinco cuadras que nos separaban del café, ambos, pensando interiormente, en una respuesta lógica para todo este asunto. Una vez en el café, elegimos una mesa y nos sentamos, dispuestos a comenzar con nuestro trabajo.

-Creo que estamos frente a un problema literario ¿Verdad?- preguntó Hume rompiendo el silencio.

-Usted lo ha dicho, amigo mío- contesté mientras observaba la carta que aún sostenía en mis manos-.

-¿Que les ofrezco caballeros?- nos preguntó la moza, bellísima por cierto.

-Normalmente pediría un cortado- reflexionó Hume- pero a juzgar por la situación, quisiera un escocés.

-Que sean dos entonces- contesté.

-Enseguida caballeros- dijo la moza, que dirigía ahora la hermosura de sus piernas, mientras su largo cabello acariciaba sus caderas, hacia la barra.

-El hecho de que Homero pueda estar escribiéndole a Kournikova- comenzó a decir Hume- es por donde se lo vea, imposible, es una demencia.

-Coincido amigo mío- dije- no hay razones lógicas, para poder pensar en esa idea. Es sabido, como bien usted le dijo a las señoritas que la existencia real de Homero es un enigma, y en todo caso, de ser cierta su existencia, Homero ha muerto hace años.

-No hay dudas de eso- contestó Hume-, mientras bebía un trago de escocés. Supongo que nuestra tarea será lograr que Kournikova, pueda dar cuenta de esta cuestión.

-Creo que Kournikova está sufriendo un problema de literaturiedad, no está distinguiendo la realidad de la ficción. Ha perdido la referencia propia de la literaturiedad, la cual permite al definir qué es literatura y que no. En estos momentos vive su vida real, pero desde un punto de vista literario, está confundiendo ambos mundos.

-Lo que debemos determinar- reflexionó Hume- es si esa confusión, es una confusión interna o es en realidad externa.

-Con externa, ¿se refiere a una confusión inducida por un factor, o un personaje externo?

-Exacto- dijo Hume-.

Continuará…

By Jack Thomas – Nicholas Hume.

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